Mercaderes del espacio — FREDERIK POHL y CYRIL M. KORNBLUTH

mercaderes del espacio Minotauro

FREDERIK POHL y CYRIL M. KORNBLUTH

Mercaderes del espacio

Ediciones Minotauro. Barcelona. 2008

Expresión Uno: voluntad, inteligencia, eficacia.

Según se mire, esta novela se podrá calificar de distopía o de utopía. Lo que sí está claro es que es inquietantemente profética. Se publicó por primera vez por entregas en una revista de ciencia ficción, Galaxy Science Fiction en 1952. No hacía una década que se habían creado el Banco Mundial y el FMI, y la ideología neoliberal que asola el mundo en beneficio de una minoría ―actualmente con legitimidad democrática y todo― estaba aun en pañales.

Galaxy

Últimamente, en los países democráticos en los que se eligen a los gobernantes mediante del sufragio universal, los votantes reciben con frecuencia prevenciones y consejos para que elijan bien y no se equivoquen al votar, no vayan a molestar a los mercados. El once de agosto pasado en Argentina se celebraron elecciones primarias para presidente y parece que el resultado no gustó mucho a ese monstruo fantasmal y acéfalo que llaman “los mercados”. Hasta el mismo presiente, M. Macri, criticó a sus paisanos por haber cometido tamaño error en la elección. Los mercados no tardaron ni veinticuatro horas en castigar la equivocación y pusieron en marcha su infernal maquinaria con las penas acostumbradas: fuerte caída del peso frente al dólar, importantes bajadas de las bolsas, pérdida de valor de los activos argentinos en el mundo y subida de la prima de riesgo. Castigos pagaderos siempre de abajo hacia arriba. A ver qué pasa ahora desde que el pasado 27 de octubre en el que los argentinos ratificaron su “error”.

Ya está tardando algún ideólogo a sueldo en venir a decirnos que la solución pasa por prescindir de ese peligroso mecanismo utilizado para elegir a los gobernantes. En China, por ejemplo, no tienen ese problema, y así les va, sus dirigentes medran a toda vela haciéndose con valiosos recursos a lo largo y ancho del globo ―infraestructuras, recursos mineros, agua, deuda…―. Los chinos no se equivocan al elegir a sus dirigentes. Lo mismito lo mismito que hace por su lado el FMI aunque este no sea una entidad territorial y presuma de barniz de legitimidad democrática, bastante indirecta, pero es igual.

En el mundo de Mercaderes del espacio ya no hay lugar para que electores ignorantes del universo económico se equivoquen al elegir a sus gestores. Aquí manda, por fin, quien tiene que mandar: las corporaciones. Ya no queda nada por privatizar, se cumplió el sueño del FMI −incluyendo a Felipe González, José Mª Aznar, Sebastián Piñera, Lenín Moreno y otros muchos fervientes adoradores del Consenso de Washington−. Todo está regido por la famosa Mano invisible. Agua, justicia, policía, sanidad, educación, transportes, recursos naturales, vivienda, investigación… Esto es lo que proponen muchos partidos políticos en la actualidad que, sorprendentemente, son votados por ciudadanos a los que no les van a venir nada bien tales propuestas. Aunque luego, cuando se implantan las desastrosas medidas de ajustes económicos y recortes en los servicios públicos, a las gentes tampoco le gusta y se echan a la calle a protestar, como está pasando ahora en Chile, entre otros sitios. La manifestación decisiva, en una democracia, es el día de las elecciones, aunque lo que se vote no guste a los mercados. Bueno, no me quiero meter en política. Ojalá todo se solucione en beneficio de los que más lo necesitan.

Yo pensaba que el liberalismo económico más radical, el que promueve una nula intervención pública en la regulación de los mercados, conduce necesariamente al monopolio, puesto que, en cada jugada de la partida, el que más tiene siempre sale con ventaja, y la acumulación cada vez mayor es inevitable, salvo accidente, en una partida liberal no intervenida. Aunque el monopolio tampoco gusta a los liberales, que proclaman la libre competencia como valor sacrosanto de su evangelio económico. Ya en 1889 en Canadá y al año siguiente en EEUU los respectivos estados intervinieron en el mercado promulgando leyes antitrust precisamente para defender a los mercados de su propia voracidad.

Sin embargo quizá el monopolio definitivo tampoco sea posible pues entre los dos últimos que aspiraran al dominio absoluto se desataría una guerra que no tendría más fin que la destrucción del planeta.

***

PERSONAJES PRINCIPALES:

Los personajes no tienen una particular profundidad psicológica. Su papel se reduce a servir de agentes de la trama y de las ideas de las que son representantes. Y no es una crítica. La novela es estupenda y se presenta como un relato de aventuras, con sus intrigas, espionajes, huídas, encerronas, malentendidos, persecuciones, crímenes. Todo, personajes y situaciones, tendrían bastante de tópicos si no fuera por el marco en el que se desarrollan, el mundo en el que se ha hecho realidad la filosofía neoliberal más pura.

proyecto venus

  • MITCHEL COURTENAY (en algunos episodios GEORGE GROBY). Protagonista y narrador en primera persona.
  • KATHY, Doctora NEVIN. Esposa de Mitchel Courtenay. Lleva una doble vida que Mitchel desconoce. Y los lectores también hasta muy avanzada la novela.
  • FOWLER SHOCKEN. Dueño de la corporación que lleva su nombre.
  • TAUTON. Dueño de la empresa rival.
  • JACK O’SHEA. Piloto de naves espaciales. Apuesto pero de muy baja estatura, por eso es piloto de naves.
  • MATHEWS RUSTEAD. Director del departamento de investigación de mercado en la empresa Fowler-Shocken. Tiene una especial relación ―¿personal?, ¿ideológica?― con la doctora Nevin, aunque esto tampoco se sabe hasta muy adelante. Sus motivaciones son confusas, en un principio parecen una cosa y luego son otra bien distinta.
  • HESTER. Asistente, secretaria de Mitchel.
  • MULLANE. Encargado de turnos en la empresa Clorela. Al margen de su trabajo desarrolla una importante actividad clandestina.
  • CONSISTAS. Nombre por el que se conoce vulgarmente al grupo antisistema ASOCIACIÓN CONSERVACIONISTA MUNDIAL.

***

En la novela lo más importante es el mundo económico en el que se ambienta ―sus repercusiones sociales, laborales y ecológicas― más que el propio argumento que no es sino una escusa para hacer el retrato, bastante siniestro, de una sociedad globalizada y dirigida por corporaciones, principalmente por dos. Las estructuras económicas se basan en algo tan sencillo como la producción y el consumo en una carrera incesante que ya tiene arruinados los recursos del planeta. El agua es un lujo que casi ni los más ricos de entre los ricos pueden pagar. Está controlada por la multinacional Compañía Neoyorquina de Suministro de Agua S.A. No sé cómo en los años cincuenta alguien podía imaginarse estas cosas. La privatización del agua es una de las batallas más dramáticas y de más graves repercusiones que se está librando ahora mismo en todo el mundo, y parece que la van ganando los menos en perjuicio de los más.

mercaderes del espacio1

Y si nos parece que los autores exageran en sus profecías, y de lo que puede ser capaz una ideología neoliberal llevada al extremo, recordemos que en el año 2000, en Bolivia, y conforme a la política desarrollada por un presidente democráticamente elegido, Hugo Banzer, −que ya otra vez había estado en el poder aunque entonces sin legitimidad democrática− se llegó a privatizar ¡el agua de lluvia! En Cochabamba se había privatizado el servicio de agua potable entregándola a un empresa multinacional americana, Bechtel, y claro, si la gente se proveía de agua recogiendo la que caía del cielo y a la que no se podía poner un contador, pues perjudicaban los intereses de la pobre empresa, así que al que se le ocurriera poner un cubo para recoger el agua que, según el evangelio cae para todos, justos e injustos, se exponía a una buena multa. Después de aquello cualquier cosa es posible.

https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_agua_(Bolivia)

***

Y vuelvo al universo fantástico de la novela. El crecimiento demográfico, estimulado desde los mercados para que haya más y más consumidores, ha llevado a la masificación de los espacios de tal manera que lo que ahora nos parece un zulo es en este mundo un palacio episcopal. El RCA Building ―desde 2015 Comcast Building― y el Empire State no son sino viejas y agrietadas casas de vecindad. Solo los inmensamente ricos saben lo que es la soledad.

El aire es irrespirable a causa de la polución y los más privilegiados utilizan mascarillas y tapones anti hollín para los oídos durante los momentos que pasan al aire libre, que serán los menos posibles. La policía y la justicia están al servicio de quien las paga, o sea, las corporaciones. Otra digresión sobre la actualidad: La privatización de la justicia es algo que se está haciendo ya en todos los tratados internacionales de comercio que se están celebrando en este mundo de mercaderes terráqueos, al amparo de los cuales las corporaciones pelean denodadamente contra los estados para arrancarles cotas de poder y acumular riqueza.

Vuelvo a los mercaderes del espacio, que me enciendo.

Las clases sociales se pueden reducir a dos: los dirigentes y los consumidores-productores, que son los mismos. En la élite están los gerentes y administradores de las dos grandes empresas, la de Fowler Shocken y la de Tauton que, prácticamente, se reparten el mundo. Es curioso que parezca confundirse administradores con propietarios, pues no se habla de dueños o inversores ociosos que no tienen más trabajo que mirar las cotizaciones de la bolsa. Aquí hasta los ricos trabajan.

Para que unos pocos dominen, controlen y dirijan a las masas se utiliza la mejor herramienta, que ha demostrado ser tremendamente eficaz para manipular gustos, ideas, deseos o intereses: la propaganda. Desde que el sobrino de Freud allá por los años veinte, Edward I. Bernays, escribiera su famoso libro Propaganda, esta herramienta se ha convertido en todo un arte y dirige la toma de decisiones de los ciudadanos desde la compra de unos zapatos o un coche, hasta el voto en unas elecciones. A través de la propaganda los medios de comunicación modelan a la opinión pública como les viene en gana, como si fuera plastilina. Y no me refiero ―otra vez― a la ficción.

El arte de un propagandista es convencer a la gente sin que esta se dé cuenta de que la están convenciendo.

Courtenay es un alto directivo de la empresa Fowler Shocken, encargado de la publicidad. Ama su trabajo al que se dedica en cuerpo y alma. No parece ser consciente de las implicaciones morales de su actividad que consiste en vender lo que se proponga o le manden, sin considerar lo necesario o perjudicial que pudiera ser para los consumidores. Él no conoce el mundo de los consumidores, pero lo conocerá, aunque, por supuesto, él sea también consumidor, pero de otra clase, con glamour. Su trabajo le reporta los suficientes beneficios para poder disfrutar de un apartamento para él solo e incluso algo de agua dulce de vez en cuando. Vive en su mundo de propaganda y se lo cree. Un revés en su vida lo llevará a descender a los abismos de las clases bajas y a trabajar en una enorme fábrica de proteínas sintéticas o carne artificial en Costa Rica, en la empresa Clorela. Otra profecía cumplida o cerca de cumplirse, aunque ahora el asunto de la carne cultivada no sea tan siniestro como el que los autores describen en la novela donde se extrae de un ser –¿vivo?− al que llaman “la gallina”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Carne_cultivada

Cuando Courtenay conozca las condiciones en las que viven y trabajan los obreros se dará de bruces contra el lema que él mismo había pergeñado desde sus rutilantes y lejanos despachos.

«Desde las soleadas plantaciones de Costa Rica, recolectadas por las diestras manos de los orgullosos granjeros independientes, vienen las jugosas y maduras proteínas de Clorela», sí, yo era el autor de esa frase.

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***

Antes de que esto suceda su jefe le va a proponer que se ocupe de un importante negocio. Puesto que en la Tierra hay ya poco que vender, ofrecerán al público el sueño de Venus. No, no es nada erótico. Igual que en otros tiempos se vendió el sueño del Oeste, ahora ofrecerán una vida dichosa y próspera en el planeta Venus.

Las condiciones de vida allí, por las pocas expediciones que se han realizado, son tremendamente duras, pero eso da igual, lo importante es convencer a consumidores que estén dispuestos a gastarse su dinero para lanzarse a la aventura. Y para eso están la publicidad y los publicistas.

Para Courtenay es el proyecto de su vida que lo catapultará a las capas más altas de la sociedad. Pero las cosas no son siempre sencillas. Por una parte tendrá la enemistad de la competencia, y los paniaguados de Tauton no se andan con bromas. Por otro está su novia o esposa.

El derecho matrimonial tiene una peculiaridad en esta sociedad. Es curioso de por sí que siga existiendo esta institución monogámica y excluyente. Pero así es. Hasta en los futuros más delirantemente imaginativos allí está, plena de fuerza y vigor. El caso es que la constitución del matrimonio tiene dos fases. La primera parte del contrato es provisional. Ambos cónyuges deberán ratificar la unión, por separado, en el término de un año desde la primera firma. Si no se ratifica, el matrimonio no se constituye –o se perfecciona, como se dice en la jerga del derecho−. Mientras tanto será como una especie de matrimonio a prueba. Curtenay y Kathy se han comprometido ya en la primera fase. Él está dispuesto a ratificar su compromiso, pero ella duda.

***

Naturalmente que la ideología que gobierna el mundo, por poderosa que sea, tiene siempre su oposición. En este mundo, real o inventado, siempre hay quien va a hacer frente a una ideología o un gobierno que consideren injustos. Siempre hay valientes o temerarios.

mercaderes del espacio

En el mundo de Los mercaderes del espacio la oposición es ejercida por la Asociación Conservacionista Mundial, ACM, llamados consistas o conservacionistas. Por supuesto es un grupo al margen de la ley y sus miembros brutal y sistemáticamente perseguidos.

La ACM considera que la explotación desmedida de los recursos naturales ha dado origen, sin necesidad, a la pobreza y la miseria. La ACM considera que la explotación ilimitada de esos recursos significará el fin de la humanidad. Considera, asimismo, que este fin puede ser evitado si los pueblos exigen que se limite el crecimiento de la población, que se realicen programas de reforestación, de conservación del suelo, de descentralización de núcleos urbanos y que se ponga fin a la inútil producción de artefactos y alimentos sin valor, para los que no existe demanda natural.

Estas propuestas serían firmadas por muchos proyectos políticos en la actualidad, desde la Argentina hasta la China pasando por Perú, Brasil, Honduras, España… Y esto se escribió hace ya más de medio siglo cuando los ríos todavía bajaban limpios y los mares estaban libres de plásticos y otras basuras.

Aparte de la acción directa de búsqueda, identificación y prisión de miembros del grupo, la sociedad dirigente utilizaba para neutralizar la oposición dos estrategias también muy populares: la propaganda, que para eso eran expertos en el tema, desprestigiando todo lo posible en los medios de comunicación la ideología rival ―tampoco en nuestro mundo real resulta esto tan extraño― y las operaciones más elaboradas de falsa bandera, que también persiguen el descrédito de los conservacionistas ante la opinión pública. Se organizaban atentados terroristas que se les atribuía falsamente. Sin descontar que había conservacionistas que sí que creían que mediante la violencia iban a cambiar las cosas. También suena todo esto a actualidad.

Usted ha oído probablemente que los conservacionistas son asesinos, psicópatas e incompetentes, y que no vacilan ante el asesinato y la destrucción, empujados por la envidia u otros móviles irracionales. Nada de esto es cierto. Los miembros de la ACM son seres humanos equilibrados, y muchos de ellos ocupan importante posiciones en el mundo. Las historias que divulgan lo contrario son obra de personas que tratan de obtener los mayores beneficios de la explotación que pretendemos corregir. Algunas personas tratan de satisfacer sus tendencias criminales cometiendo toda clase de atropellos en nombre dl conservacionismo. La ACM no tienen relación alguna con esta clase de gente y condena sus actividades.

***

El caso es que, en plena euforia por las nuevas responsabilidades y los éxitos presagiaban, Courtenay es víctima de una encerrona y termina con sus huesos en la fábrica Clorela. Los organizadores de la pesada broma han cambiado su identidad y ahora no es más que un obrero de la más baja estofa, George Groby. Solo al final conoceremos a los autores y las verdaderas razones del complot.

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Lo que allí se encontró el alto ejecutivo ni se imaginaba que existía, tan absorto y miope andaba por sus mundos de Jauja que ignoraba completamente lo que allí pasaba. Para empezar, el primer día de su trabajo, al que había sido llevado en condiciones muy parecidas a los transportes de esclavos desde África a América en otros tiempos, contrajo innumerables deudas, pues todo había que pagarlo por adelantado, hasta subir en el ascensor, y de entrada, hasta que no cobrara su primer salario, no tenía nada. El leonino contrato que lo ataba a la empresa y las deudas lo convertían más en un esclavo que en un trabajador.

Su tabla de salvación fue entrar en contacto con la clandestina organización consista en la que se fue ganando la confianza de sus miembros y gracias a ello, después de no pocas calamidades, logró salir de allí.

De vez en cuando se organizaban unas vacaciones para los trabajadores a los que llevaban a las grandes ciudades para que consumieran todo lo que pudieran. Bien controlados para que no tuvieran la tentación de escaparse y pudieran volver a continuar con su productivo trabajo de fabricar proteínas.

Cortenay logró llegar a Nueva York, pero no le fue fácil ponerse en contacto con los responsables de su empresa pues su identidad había sido alterada cambiando los números de identificación que cada ciudadano llevaba tatuados en el brazo. Ahora no era más que un miserable consumidor del más bajo estamento social para el que el acceso a cargos directivos de la sociedad estaba vetado.

Las peripecias que va a protagonizar intentando contactar con alguien que lo reconociera, que lo llevarán hasta la Luna, y el conocimiento de primera mano que ahora tiene de los dos mundos que conviven, el de los privilegiados y el de los demás, va a hacer que el protagonista se cuestione seriamente sus valores. Y más cuando descubra a los autores de sus desdichas y la razón que los había motivado a sabotear y poner patas arriba la vida y los valores de un feliz y eficiente ejecutivo.

Que no se me olvide la dimensión ecológica que también tiene la novela. Los recursos naturales están agotados. Las joyas ya no se hacen de piedras o metales preciosos, sino de madera, que es un recurso mucho más escaso. El agua dulce es todo un lujo. Los residuos lo inundan todo, el aire es irrespirable, y las aguas de los ríos cloacas. Las selvas tropicales y amazónicas están esquilmadas. La alimentación se basa en productos sintéticos y solo los muy ricos pueden comer, muy de vez en cuando, alguna verdura fresca o carne de verdad.

***

contraportada

Los valores literarios de la novela quizá no sean de los mejores −lo que no quiere decir, en absoluto, que sean malos−, pero su idea distópica de la deriva en la que les pareció que se encontraba el mundo que les tocó vivir a sus autores y las visionarias perspectivas del futuro que imaginaron, la colocan en la onda de otras joyas como 1984 o Un mundo feliz.

2 comentarios sobre “Mercaderes del espacio — FREDERIK POHL y CYRIL M. KORNBLUTH

  1. Me ha encantado la reseña. Se trata de una visión tan actual que esta tarde mismo me he pedido por Internet la novela. Seguro que si te hubieran conocido los gerentes de las grandes corporaciones te habrían contratado para dirigir la sección de propaganda literaria jajaja. Una maravilla sin duda.

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