A la sombra del granado — TARIQ ALI

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TARIQ ALI

A la sombra del granado

Alianza Editorial. Madrid. 2017

 

 

Parece mentira que unos hechos de hace más de quinientos años puedan estar de actualidad, pero así es en nuestra España de hoy en día. Ahí estamos, estancados en tópicos y en conceptos como “amor a la patria”, con tanto poder connotativo como escaso, nulo o ignoto valor denotativo. Si digo que Francisco Pizarro fue un cruel y despiadado bandolero,  que a Hernán Cortés no lo movía sino su desmesurada ambición personal, que el Cid no fue sino un mercenario, o Felipe II un despilfarrador megalómano, es posible que venga alguien a acusarme de “no amar a España” o de “fomentar la leyenda negra de nuestro país”. Me pondrán como ejemplo el chovinismo de franceses o ingleses que no se ensañan criticando “su” pasado ni “su” historia y que, por ejemplo, no se entretienen en criticar al genocida Jeffrey Amherst. Como si cada uno tuviéramos nuestra propia historia, como si hubiera una historia mía y una historia de otros. Como si Pizarro fuera más “mío” que Atahualpa, o Cortés que Moctezuma, o Fernando VII que Napoleón . Todos ellos han fraguado el mundo en el que vivo y, por tanto mi mundo es heredero, para bien y para mal, de todos ellos. Yo creo que no hay más que una historia que debería poner a cada cual en su sitio, sin leyendas negras ni blancas, y sin partidismos que obliguen a nadie a un posicionamiento a priori condicionado por el dato que figura en la casilla “nacionalidad” de los pasaportes.

El Cardenal Cisneros es un personaje muy respetado en España. Montones de calles llevan su nombre ―en Madrid en el castizo barrio de Chamberí―. Institutos, colegios, centros culturales, bibliotecas −¡sí, bibliotecas!−. En Alcalá de Henares es casi un mito. No en balde fundó la universidad Complutense. Y en los ámbitos de la cultura y las letras se le venera como toda una institución que promocionó y dirigió la impresión de la primera biblia en castellano. Un auténtico adalid de las letras y de la cultura, como suele decirse. Y digo yo, ¿de qué letras?, ¿de qué cultura?

cardenal cisneros

***

UN POCO DE HISTORIA

No conozco ningún caso en la historia de una operación militar continua, con una planificación homogénea y coherente que haya durado ochocientos años. Ninguna sin contar ese episodio de la historia de la Península Ibérica que llaman La Reconquista. Sin intentar abarcar demasiado y ciñéndome al escenario de la novela, diré que cada vez oigo hablar más de “la conquista de Granada” que de la “reconquista de Granada”. Esto último sería atribuir a los reyes católicos una legitimidad histórica que le vendría de la injusta ocupación de aquel territorio por los musulmanes ochocientos años atrás. Sin embargo la única legitimación en una conquista es  la fuerza.

La fuerza dio a los romanos la posesión de Numancia, o de Palestina. Jerusalén ha pasado de unas manos a otras por la fuerza constantemente ―bizantinos, persas, cruzados, Saladino…―. Por la fuerza se hicieron los visigodos con el control de la Península Ibérica. Por la fuerza se la arrebataron los árabes ―González Ferrín tiene unas tesis muy interesantes sobre esto último: “Historia general de al-Ándalus”. Ed. Almuzara. Córdoba 2006―. Siempre por la fuerza unos gobiernos han sucedido a otros. Son conquistas, que no tienen otra legitimidad que la que se deriva de la guerra. Los Reyes Católicos conquistaron Granada sin ningún título de legitimidad que les diera cobertura, como antes había pasado con romanos, suevos, alanos, vándalos, visigodos o árabes. Así era la historia antes. Mucho hablar de la propiedad privada pero cuando era un ejército organizado el que la usurpaba parece que estaba justificado. Si un pequeño grupo de hombres armados asaltaba una propiedad, mataba sus ocupantes y se hacía con ella, eran tachados de filibusteros, ladrones y asesinos, pero si se trataba de un ejército organizado al mando de un rey u otro noble, entonces ya no se ve igual, son conquistadores y héroes. A todo esto, la gente del pueblo soportando las arremetidas de unos y de otros que les imponían un señor distinto cada vez cuando lo que ellos hubieran querido es que los dejaran en paz.

http://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=2993&edi=1

Los Reyes Católicos no reconquistaron nada. Conquistaron Granada, entre otros territorios y los incorporaron por la fuerza a sus dominios. Granada se rindió y firmó con los soberanos cristianos un tratado de paz, las Capitulaciones de 1491. En ellas los gobernantes granadinos reconocían la autoridad de los Reyes Católicos sobre todo lo que quedaba del antiguo reino de Granada. En contrapartida, los Reyes Católicos se comprometieron a respetar la vida y propiedades de sus ciudadanos, además de su cultura y su religión.

Se puso por escrito y en presencia de testigos que no se perseguiría a los musulmanes de Gharnata ni se les prohibiría practicar su religión, hablar y enseñar árabe o celebrar sus fiestas. […] ¿Cómo pudimos creernos sus buenas palabras y promesas?

https://es.wikisource.org/wiki/Tratado_de_Granada

Y así, en paz, se produjo el traspaso de poderes y se vivieron los primeros años. Los musulmanes de Granada practicaban su religión y sus tradiciones, en el comer, en el vestir, en sus sistemas familiares. Las autoridades cristianas no importunaban a nadie en razón de su fe o sus costumbres. Tanto el nombrado arzobispo de Granada, Hernando de Talavera (1493-1507), como el alcalde y  Capitán General, Íñigo López de Mendoza ―miembro de una importante familia, sobrino del poderoso cardenal Pedro González de Mendoza y nieto del marqués de Santillana entre otros importantes parentescos― mantuvieron unas buenas, cordiales y pacíficas relaciones con los nativos granadinos. Ambos se esforzaron por confraternizar. El arzobispo aprendió árabe para poder predicar el evangelio a los musulmanes en su propia lengua. El gobernador gustaba de vestir ropas árabes y rodearse, en su vida doméstica, de estética oriental.

Hernando de Talavera Granada
El arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, recibiendo un ejemplar del Vocabulista arabigo de su autor fray Pedro de Alcalá. Grabado xilográfico al verso de la portada del Vocabulista aravigo en letra castellana, Granada, 1505 (Biblioteca Nacional de España, R/2158).

Tantos melindres y tanta blandura no gustaron nada al fanático cardenal Cisneros que quería ver convertidos cuanto antes a todos los infieles a la verdadera fe. Y si no querían por las buenas, lo haría por las malas. La presión que ejerció sobre la población granadina llegó a su culmen cuando el paladín de la cultura, a finales de 1499, ordenó la quema de todos los libros árabes que había en la ciudad. Parece que algunos de medicina se salvaron, pero ardieron muchos y muy importantes manuscritos, algunos preciosamente encuadernados. No me parece a mí que una persona que quema libros sea muy amante  de la cultura. Digo aquí de la cultura lo mismo que dije de la historia. No hay muchas culturas, sino una sola, producto del genio humano, aunque se manifieste de formas muy variadas, lo que la hace enormemente rica.

Escrutinio biblioteca don Quijote
—No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores: mejor será arrojallos por las ventanas al patio y hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y, si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo. (D.Q. I, 6)

Por eso he mostrado antes con una interjección mi extrañeza ante el hecho de que a una biblioteca se le ponga el nombre de un personaje que ordenó la quema y destrucción de libros.

[Umar]: Los hombres que prenden fuego a libros, torturan a sus adversarios y queman herejes en la hoguera no podrán construir una casa de cimientos sólidos. La maldición de la Iglesia será la condena de este país.

https://es.wikipedia.org/wiki/Quema_de_los_manuscritos_granadinos

https://www.efe.com/efe/andalucia/granada/arde-la-memoria-recuerda-quema-de-libros-cisneros-y-los-homenajea-a-juan-loxa/50001126-3592480#

Nunca me ha interesado especialmente esta etapa de la historia y no he podido contrastar opiniones de historiadores serios, pero por lo que leo por ahí, parece que sobre la represión de Cisneros y las revueltas del Albaicín o de las Alpujarras hay divergencias en cuanto a sus relaciones causales, si fue antes el huevo o la gallina, si la represión de Cisneros se debió a los movimientos insurgentes que se levantaron sin razón pues por parte de los cristianos las Capitulaciones se estaban respetando escrupulosamente, o si, por el contrario, las revueltas se produjeron porque los ocupantes cristianos empezaron a forzar la conversión de los musulmanes y a molestarlos con exigencias que iban más allá de lo estipulado en el tratado de rendición.

https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras_(1499-1501)#CITAREFHarvey2005

Tariq Alí, en la novela, toma claro partido por esta última hipótesis, presentando a las autoridades cristianas como las primeras en traicionar los pactos, haciendo especial responsable de ello al cardenal Cisneros.

[Íñigo López]: ―Yo también voy a ser franco con vos, arzobispo. Nunca tuvimos problemas serios en este reino hasta que vos llegasteis.

En la novela las revueltas serán provocadas por las medidas de represión del Cardenal Cisneros que se establecieron vulnerando flagrantemente los acuerdos firmados. No iba para él aquello de pacta sunt servanda. El autor recrea una carta del cardenal a la reina en la que hace una lista de las medidas a tomar:

Hemos de ordenar a los moriscos que dejen de hablar árabe. […] No se les permitirá vestir túnicas moras. En su lugar, deberá hacérseles adoptar la vestimenta y el comportamiento al modo castellano. […] Sus baños deben ser destruidos. Se proscribirán sus fiestas públicas y bodas, canciones licenciosas y música. […] Podrá parecer que estas medidas contradicen los términos que aceptamos de la capitulación, pero es la única solución duradera para la enfermedad que lleva tanto tiempo corroyendo nuestras almas. […] Sugeriría que la Santa Inquisición abra una sede en Granada lo antes posible […].  Dos autos de fe, o tres a lo sumo, harán que esta gente entienda que no pueden seguir jugando por más tiempo con el poder que ha sido voluntad de Dios que los gobierne.

***

PERSONAJES PRINCIPALES:

Familia nuclear protagonista:

  • UMAR IBN ABDALLAH. En el momento del desarrollo de los acontecimientos principales, 1499-1500, era el jefe del clan de los al-Hudayl, descendiente de Hassan al-Hudayl que, procedente de Damasco, se había instalado en el pueblo que lleva su nombre allá por el año 937 de nuestro Señor (237 d.H.). Propietario de un gran latifundio que durante más de medio milenio perteneció a su familia, a unos treinta kilómetros de Granada, quizá hacia el sur, hacia las Alpujarras.
  • ZUBAYDA, su esposa.
  • ZUHAYR, su hijo mayor. En 1499 tendría unos 22 años.
  • KULTHUM, otra hija, tres años menor que Zuhayr.
  • HIND, otra hija, dos años más joven que Kulthum
  • YAZID, el hijo menor, nacido en 1490

Ascendientes y colaterales:

  • IBN FARID. Abuelo de Umar
  • NAJMA. Primera esposa de ibn Farid, madre de Abdallah, abuela de Umar.
  • ZAHRA. Segunda de entre los hijos  de Ibn Farid y de Najma, tía de Umar.
  • MARYAM. Segunda esposa de ibn Farid, con la que se casó después de fallecer Najma.
  • ASMA. Tercera esposa de ibn Farid. Matrimonio simultaneo al anterior. Antes del matrimonio se llamaba Beatriz, y era hija de una cocinera cristiana en casa de un hacendado de Qurtuba (Córdoba). Murió en extrañas circunstancias en 1463 a los treinta y cuatro años. El terrible secreto que se la llevó a la tumba será desvelado a lo largo de la narración.
  • MIGUEL (Meekal). Primer hijo de Asma y tercero de ibn Farid. Tío de Umar. Cuando su madre murió tenía unos diecisiete años. A raíz del suceso de la muerte de su madre y como consecuencia de unas complicadas experiencias vitales  abandonó a su familia y se convirtió al cristianismo. Llegó a ser obispo de Córdoba.
  • IBN HISHAM. Según el árbol genealógico que figura en las primeras páginas del libro, sería hijo de una tía abuela de Umar, Salma. La familia Umar lo trata como tío. Nació en 1435, por lo que en 1499 tendría unos sesenta y cuatro años. Tras una dolorosa y trascendental decisión pasaría a llamarse PEDRO DE GRANADA.

Otros personajes:

  • MOHAMED IBN ZAYDUN, también llamado WAJID AL-ZINDIQ. Hijo de una criada de la casa que fue colocada al servicio personal de Asma cuando esta se incorporó a la familia como esposa de ibn Fahrid.
  • AMA (AMIRA). Nodriza de Umar. Lleva toda la vida en la familia y, aunque criada, se la considera como un miembro más.
  • UBAYDALLAH. Administrador de los al-Hudayl. Un sinvergüenza y un ladrón, que llevaba décadas robando tierra, comida y dinero de la finca y que, con lo que sacaba d eso, su hijo había abierto tres tiendas, dos en Qurtuba y una en Gharnata.
  • FRANCISCO JIMÉNEZ DE CISNEROS. Entre otras muchas cosas confesor de la reina Isabel y arzobispo de Toledo. En la novela se sugiere que, con el extremado celo que mostraba por la causa cristiana, se proponía, en parte, para alejar los rumores sobre su posible ascendencia judía.
  • ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, conde de Tendilla. Alcalde y capitán general de Granada por entonces. De ilustre familia, entre cuyos miembros se encontraban su abuelo, el marqués de Santillana y su tío, el cardenal Mendoza, arzobispo de Toledo y confesor de la reina anterior a Cisneros.
  • ABU ZAID AL-MA’ARI. Jefe de una peculiar banda de forajidos. Estilo Curro Jiménez. Viven de robar a los ricos, ya sean musulmanes, cristianos o judíos, en eso no discriminan en cuanto a la religión. Aman la libertad, la poesía y el vino y se declaran fervientes admiradores del poeta Abú Alá Al-Ma’ari, del que todos llevan el nombre.
  • HERNANDO DE TALAVERA. Arzobispo de Granada entre 1493 y 1507. No protagoniza ninguna escena de la novela, pero su figura y la política integradora y respetuosa que desarrolló se presentan como claro contraste con la de Cisneros.

***

Aunque tantos personajes puedan hacer temer que el relato sea una descomunal saga llena de infinitos y desconcertantes parentescos, no lo es en absoluto. Los protagonistas principales son Umar, su esposa y sus hijos. Las referencias a otros parientes están claramente diferenciadas en sus respectivas historias que se van intercalando entre la narración principal sin que se genere la más mínima confusión.

***

vega de Granada

La historia cuenta la repercusión que la ocupación y la política invasiva del cardenal Cisneros tuvo sobre una familia que ocupaba pacíficamente unas tierras de aquella región desde hacía cientos de años. Y de forma más general las consecuencias que tuvo que afrontar toda la comunidad musulmana de Granada frente a la conquista y al incumplimiento por parte cristiana del tratado de rendición.

Para mostrar un marcado contraste entre el fanático invasor y la población sometida, Tariq Ali va a elegir, como protagonista de su novela, a una familia de principios, honesta e íntegra, alejada de los fanatismos.

Umar, el padre, su hijo  Zuhayr y su hija Kulthum, son fieles musulmanes. Umar dirige su casa y sus propiedades, habitantes y trabajadores de sus tierras, con bondad y justicia. Es querido y estimado por todos. La madre Zubayda y la hija menor, Hind, son menos religiosas, más escépticas y también críticas con un sistema social que hace a la mujer inferior al hombre y con un papel social predeterminado por su sexo.

Zubayda, que de por sí se había criado de forma poco convencional gracias a tener un padre librepensador, estaba resuelta a que la pequeña de sus dos hijas no tuviera que someterse a las limitaciones de la superstición, ni se comportase de acuerdo con un papel férreamente definido de antemano dentro del hogar.

Me recuerda un poco a la familia de Fatema Mernissi que describe en Sueños en el umbral. La intrahistoria de la familia se llevará buena parte de la novela al margen del asunto principal, la represión de los conquistadores cristianos.

En los quinientos años que el clan de Hassan al-Hudayl ocupaba esas tierras habían pasado muchas cosas, buenas y malas, felices y tristes, como es natural.

Capileira

Hasta el umbral del siglo XVI llegaba la leyenda de su antepasado Farid al-Hudayl, que murió doscientos años antes. Será su hijo Ibn Farid y su tercera esposa, Asma, llamada antes Beatriz, los primeros que tendrán un papel relevante en la novela. La historia más antigua tendrá por protagonistas a Zahra,  Ibn Zaydun, hijo de una criada al servicio personal de Asma, y Ama, también criada de la familia. Al filo del año 1500 los tres eran ya ancianos y habían enterrado sus rencores. Unas desdichadas pasiones amorosas los habían marcado para el resto de sus vidas. Zahra y Ama se habían enamorado del apuesto e inteligente ibn Zaydun.  Este amaba a Zahara pero su matrimonio no fue consentido por la familia de Zahra, pues ibn Zaydun no era más que el hijo de una criada. Ellos, sin embargo decidieron continuar con sus relaciones pero fueron delatados por Ama que se dejó llevar por los celos. Las implicaciones para los tres fueron desastrosas. Ibn Zaydun tuvo que huir, Zahra perdió la cabeza y también huyo, y presa de la locura terminó en un manicomio de Córdoba. Ama continuó en la casa sirviendo a sus amos pero llena de resentimientos y reproches.

Al cabo del tiempo ibn Zaydun había vuelto a al-Hudayl aunque vivía apartado en una apartada ermita. Ahora era un anciano entre cínico y estoico dedicado al estudio y la contemplación, especialmente admirador del poeta sirio Abú Alá Al-Ma’ari. También Zahra había salido del manicomio, convertida al cristianismo, que era la condición para que las autoridades le concedieran la libertad y vuelto a al-Hudayl.

Habían pasado muchos años, habían sufrido mucho y ahora todo parecía apuntar a que, por fin, encontraban la tranquilidad y el sosiego para afrontar el final de sus vidas. Pero ni eso van a tener. Si antes habían sido los celos, las pasiones, los prejuicios los que habían destrozado sus vidas, ahora sería el cardenal Cisneros el que les daría la puntilla final.

Plaza Bib-Rambla

***

El ultimátum era claro y sencillo: o todos se convertían al cristianismo o deberían abandonar sus tierras. Ya conocemos las desventuras del desdichado Ricote el morisco, paisano de Sancho Panza que sufrió una injusticia semejante a cargo, esta vez,  de Felipe III en el siglo XVII (DQ, II, 54), porque este tipo de políticas fueron recurrentes hasta que la monarquía católica logró deshacerse por completo de moros, judíos y protestantes y conseguir una uniformidad religiosa como en ningún otro país de Europa.

https://es.wikipedia.org/wiki/Conversiones_forzadas_de_musulmanes_en_Espa%C3%B1a

Pero Umar lo tenía muy claro, y así se lo hizo saber al gobernador:

¿Por qué habríamos de irnos a ninguna parte? Este es nuestro hogar. Mi familia levantó al-Hudayl. No era más que tierra estéril antes de que llegáramos. Nosotros construimos el pueblo, nosotros irrigamos los terrenos, nosotros plantamos los huertos. Naranjos, granados, limeros, palmeras y arrozales. No soy bereber. No tengo nada que ver con el Magreb. Voy a vivir en mi casa.

Recuerdo que una vez un compañero me enseñó, todo orgulloso, un póster con la efigie de todos los reyes de España, desde Pelayo (¡!) hasta Juan Carlos. Yo le dije que faltaban muchos reyes de España, incluso algunos de los más grandes. Ante su sorpresa le puse como ejemplo a Abderramán III a lo que me contestó que ese rey no era español, sino árabe.  En aquel póster estaban, entre otros, Carlos I, belga de nacimiento, y Juan Carlos I, romano. Sin embargo a un hombre nacido en Córdoba, hijo de cordobés y vasca, nieto y bisnieto de cordobeses, no se le tenía por español. Por supuesto, mi amigo confundía religión con nacionalidad o patria, aunque antes de Carlos I o de Felipe II sea un anacronismo hablar con propiedad de España. Tan “español”, o mejor, tan hispano fue Abderramán III como Alfonso VI, doña Urraca o Leovigildo, y, desde luego, mucho más que Ataulfo, Sigerico o Walia. Para algunos solo han sido españoles los reyes cristiano católicos, por lo que solo empiezan a contar a partir de Recaredo.

La familia de Umar y su clan eran granadinos, y se les expulsaba de sus tierras por la fuerza, por una cuestión de intolerancia religiosa. Así se plantea en la novela, tanto desde la perspectiva de esta familia y como en las conversaciones del gobernador con el cardenal, el primero partidario de la libertad religiosa, al menos de los musulmanes granadinos.

En el seno de la familia de al-Hudayl se debate la situación. Un papel importante lo va a representar Miguel, hijo de Asma, tío de Umar. La historia de Miguel es bastante escabrosa. Repentinamente, al poco de la extraña muerte de su madre, huyó de la casa, se fue a tierras cristianas y se convirtió al cristianismo. Los rumores que corren sotto voce por la familia lo acusan del terrible delito de incesto.

Mucho había pasado desde entonces y ahora Miguel va a intentar ayudar a la familia desde su posición. En su condición de converso y de influyente obispo de Córdoba va a pedir a Umar y a su familia que se conviertan al cristianismo para poder conservar sus posesiones y vivir en paz bajo el gobierno de los monarcas católicos y les ofrece su mediación.

Ejemplo  de la aceptación resignada de ese nuevo orden fue el de Ibn Hisham y su familia. En la de Umar todos lo llaman tío aunque, según el árbol genealógico que figura al principio de la obra, sería algo así como  primo-abuelo de Umar, parentesco de quinto grado colateral. No tiene la menor importancia. Ambas familias estaban estrechamente unidas. Ibn Hisham vivía en Granada y sucumbió a las amenazas del gobierno de Cisneros.  Tariq Alí nos presenta con detalle la penosa humillación que sufrió el que se convertía no por fe, sino por miedo y cobardía.

Cisneros miró al converso más reciente de las filas de la nobleza de Granada e intentó esbozar una sonrisa. ―¿Qué nombre os dio el obispo de Córdoba al bautizaros? ―Pedro de Gharnata. ―Queréis decir Pedro de Granada… Pedro asintió al tiempo que sus ojos revelaban la tristeza y humillación que se había infligido a sí mismo. Vio la expresión entre triunfal y desdeñosa del hombre cuya mano acababa de besar y le entraron ganas de morirse. En su lugar, sonrió débilmente mientras que maldecía para sus adentros por ser tan servil.

Y, por supuesto, no bastaba con decir de boquilla “me he convertido”, sino que había que demostrarlo con hechos.

Habían apostado espías fuera de las casas de los conversos para enterarse de si iban a trabajar los viernes, con qué frecuencia se bañaban, si los niños recién nacidos eran circuncidados y demás.

Conversiones

En la familia de Umar será distinto, todos se negarán tanto a la conversión como a la huida. Y a la vista de lo serio de las amenazas y de quién detenta el poder, la tragedia está servida. La presión sobre los musulmanes es cada vez mayor. Tanto se tensan las cuerdas que se provoca la rebelión. Primero en forma de manifestaciones pacíficas, pero el linchamiento de un enviado real por la multitud, el alguacil Velasco de Barrionuevo, va a desatar la violencia en ambos bandos.

Dicen que no es la conversión de nuestras almas lo que quieren, sino nuestras riquezas, y la única forma de conseguir nuestras tierras es haciéndonos desaparecer para siempre.

Los granadinos sabían a qué clase de enemigo se enfrentaban. Estaba fresco en la memoria de muchos la toma de Alhama en 1482 y la despiadada crueldad que el ejército invasor había ejercido sobre sus habitantes.

Zuhayr, el hijo mayor, se incorporará a las fuerzas de los insurgentes que, una vez derrotados en la capital se refugiarán en las Alpujarras donde, con el tiempo, serán también exterminados.

La suerte de al-Hudayl también está echada.  Ante el pueblo se va a presentar una compañía del ejército castellano comandada por un insensible y riguroso capitán al que Tariq Ali, en un ejercicio de licencia literaria y como símbolo que hace que su crítica histórica se proyecte lejos, en el tiempo y en el espacio, le da el nombre de Hernán Cortés. Las órdenes son contundentes:

Nuestro objetivo es muy sencillo. Vais a borrar este pueblo y todo lo que contiene de la faz de la tierra.

Para que no parezca demasiado maniqueo presentando al ejército cristiano como una horda informe de gente cruel y desalmada, Tariq Alí va a hacer que de entre sus filas sobresalga una visión humanitaria por parte de uno de los soldados.

―Soy nieto de monje e hijo de soldado.  ¿Desde cuándo es una práctica cristiana en estas tierras matar niños y a sus madres? Os digo aquí y ahora que este brazo y esta espada no van a matar a ninguna mujer o niño. ¡Podéis hacer conmigo lo que queráis! […] ―Sí, me voy ―dijo para sí mientras se marchaba del campamento―, pero no a Granada. Me voy donde ni tú ni tus malditos curas me podáis encontrar nunca.

Desde luego me parece un soldado muy fuera de lugar en un ejército medieval, ya fuera cristiano, musulmán o chino. Aparte de este incidente aislado, las previsiones se cumplieron y todo el pueblo fue masacrado, hombres, mujeres, niños, ancianos. Incluso el taimado, ambicioso y cobarde Ubaydallah, administrador de los al-Hudayl que cuando llegó el ejército invasor corrió a humillarse ante ellos y a ofrecer su apoyo incondicional y su conversión.

Revueltas Albaicín

Solo uno de los criados, el cocinero al que llamaban el Enano, muy querido por todos y  las dos hijas de Umar se salvarán, una refugiada en Sevilla, la otra en Fez. La escena más dramática y escabrosa es, sin duda, el asesinato del joven Yazid, de nueve años, al que, a lo largo de la novela se había presentado como un personaje lleno de ternura, por lo que la actitud fría, cruel y despiadada del capitán de la compañía asaltante se presenta con estupor.

Cuando Zuhayr llegue a su aldea se encontrará un espectáculo sobrecogedor. Todo cadáveres, humo y ceniza.

―¡Qué Alá te proteja, Zuhayr al-Fahl!― le gritó el Enano con voz de anciano. «Nunca lo hace», se dijo Zuhayr.

El corto y simbólico epílogo de dos páginas nos hará avanzar veinte años en el tiempo y muchos kilómetros en el espacio, hasta la ciudad de Tenochtitlan.

***

La novela es, claramente, tendenciosa y partidista. Pero esto no quita para que se lea con gusto y que plantee interesantes problemas históricos, como la legitimidad de la conquista de Granada por los Reyes Católicos, la confusa personalidad del cardenal Cisneros, la fuerza como legitimadora de la propiedad, o la libertad de conciencia, de la que no se empezó a hablar hasta la Ilustración, después de que Europa fuera asolada por guerras de religión entre distintas facciones cristianas en los siglos XVI y XVII y que supuso el germen o los cimientos de todo ese imponente edificio filosófico-jurídico que son los Derechos Humanos que, aunque haya supuesto un gran avance para la humanidad en su conjunto, no es más que papel mojado para millones de sus miembros.

Aunque presente a la familia protagonista con timbres muy amables, la posición personal del autor parece estar más próxima al escepticismo de los seguidores de Abu Al-Ma’ari que a ninguna confesión religiosa.

https://es.wikipedia.org/wiki/Al-Ma%CA%BFarri

***

ROMANCE DE LA CONQUISTA DE ALHAMA.

Paseábase el rey moro

por la ciudad de Granada,

desde la puerta de Elvira

hasta la de Vivarrambla.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Cartas le fueron venidas

que Alhama era ganada;

las cartas echó en el fuego

y al mensajero matara.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Descabalga de una mula

y en un caballo cabalga,

por el Zacatín arriba

subido se había al Alhambra.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Como en el Alhambra estuvo,

al mismo punto mandaba

que se toquen sus trompetas,

sus añafiles de plata.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Y que las cajas de guerra

apriesa toquen al arma,

porque lo oigan sus moros,

los de la Vega y Granada.

—¡Ay de mi Albama!

 

Los moros, que el son oyeron

que al sangriento Marte llama,

uno a uno y dos a dos

juntado se ha gran batalla.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Allí habló un moro viejo,

de esta manera hablara:

-¿Para qué nos llamas, rey,

para qué es esta llamada?

—¡Ay de mi Alhama!

 

—Habéis de saber, amigos,

una nueva desdichada,

que cristianos de braveza

ya nos han ganado Alhama.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Allí habló un alfaquí

de barba crecida y cana:

—Bien se te emplea, buen rey,

buen rey, bien se te empleara.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Mataste los Bencerrajes,

que eran la flor de Granada;

cogiste los tornadizos

de Córdoba la nombrada.

—¡Ay de mi Alhama!

 

Por eso mereces, rey,

una pena muy doblada:

que te pierdas tú y el reino

y aquí se pierda Granada.

—¡Ay de mi Alhama!

(Anónimo)

 

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