El primer peldaño — LEV TOLSTÓI

tostói

LEV TOLSTÓI

El primer peldaño

Y otros escritos sobre vegetarianismo

 

Editorial Kairós. Barcelona. 2017

Selección y traducción de Joaquín Fernández-Valdés

 

Qué duda cabe de que la editorial Kairós es una excelente editorial, lo que no quita para que a mí me invada la sospecha de que este es un libro de circunstancias para sacar tajada del auge del vegetarianismo en España y en el mundo y del prestigio del autor ruso. Son 124 páginas de letra rolliza  en las que se recopilan dos reflexiones de Tolstói, que no llegan ni a ensayo, la una de menos de sesenta páginas, contando las que están en blanco, la otra de dos. Además un pequeño cuento de otras dos páginas, que bien hubiera cabido en una, y dos selecciones de aforismos de varios autores, veinte páginas entre las dos, con grandes espacios entre párrafos. Completan el volumen un pequeño relato de dos páginas de una hija de Tolstói, que no tiene más mérito que haber sido escrito por una hija de Tolstói, y otro escrito de otro de sus hijos, de no más mérito. Todo por doce euros.

El trabajo de Tolstói (padre) no trata propiamente sobre vegetarianismo, sino sobre moral, y la ilación de sus argumentos lo lleva a tratar el tema de la alimentación como una pieza más de lo que debe ser una vida virtuosa.

A pesar de que defiende con vehemencia la superioridad de la moral cristiana sobre la pagana, sus postulados son rigurosamente estoicos que es la fuente de la moral cristiana, y no al revés. Más que el profeta judío del siglo I, entre las reflexiones de Tolstói se observa claramente la huella de Séneca, Epicteto o Marco Aurelio, a quien nombra expresamente en algún momento.

Para Tolstói el camino hacia la virtud es como una escalera, nada fácil, y es necesario para progresar en él un riguroso planteamiento sistemático. Lo primero es identificar a los enemigos a batir: la gula, la pereza y el amor carnal, catalogados desde muy antiguo por la teología cristiana entre los pecados capitales, los grandes enemigos del alma, que se resumían en las categorías del mundo, la carne y el diablo.

El primer paso,  el primer peldaño, la primera batalla es contra la gula. Para gran parte de la doctrina moral de la iglesia siempre fue la lujuria, pero Tolstói ve más importante dominar primero el ansia de comer y todo lo que sigue será más fácil.

Las palabras claves serían abstinencia, frugalidad y sencillez. Una vida de lujos es incompatible con una vida virtuosa. Los lujos poseen dos principales inconvenientes: inducen a la molicie y

que en ocasiones han sido fabricados en detrimento de otras personas.

 ¡Como si la fabricación o elaboración de objetos de primera necesidad no se hiciera también en demasiadas ocasiones en detrimento de otras personas! Es posible que en tiempos de Tolstói no hubiera estadísticas sobre el trabajo infantil o el trabajo esclavo que, a un siglo de las reflexiones del maestro ruso, todavía siguen siendo una lacra en el mundo.

El primer ejercicio en la lucha por el control de la gula será el ayuno, según él, saludable para el alma y para el cuerpo.

El segundo sería dejar de comer carne, pues este alimento exige la muerte de un ser vivo, exalta las pasiones, y es un veneno para la salud del cuerpo. Trae como testimonios de autoridad la opinión de médicos y científicos, aunque sin citar a ninguno.

Aquellos que duden de esto, que lean los numerosos libros escritos por científicos y médicos sobre esta materia, en los que se demuestra que la carne no es necesaria para la alimentación humana…

Pero, señor León, también hay médicos y científicos que dicen que la carne es no solo saludable, sino incluso necesaria.

…y que no escuchen a aquellos médicos anticuados que defienden la necesidad de alimentarse con carne solo porque esto es lo [que] han afirmado desde siempre sus antecesores y ellos mismos; lo defienden con obstinación, malevolencia, del mismo modo que defienden siempre todo lo viejo y caduco.

¡Si Tolstói defendiera sus postulados con este tipo de razonamientos en las tertulias de la tele se lo comían vivo!

Otro argumento importante para dejar de comer carne es el respeto a la vida de los animales, pues es necesaria la muerte del animal. No tiene en cuenta Tolstói lo despiadada de la naturaleza que siempre, para mantener la vida de unos, exige la muerte de otros. Así lo dispuso su Dios creador. Descontando, por supuesto, la mayoría de las plantas, que extraen directamente los nutrientes de la tierra.

Aparte de planteamientos especulativos, el autor quedó profundamente impresionado en su visita a un matadero público. El relato de los pormenores de esa visita son los párrafos más sentidos de todo el trabajo.

El buey seguía agitándose sobre la panza y dando sacudidas con las patas traseras. Cuando la sangre dejó de correr, un matarife le levantó la cabeza y empezó a arrancarle la piel. El buey aún seguía coceando. La cabeza despellejada se volvió roja, con las venas blancas, y se quedó en la posición que le dieron los matarifes, con la piel colgando por ambos lados. El buey seguía estremeciéndose. Entonces otro matarife lo cogió  de una pata, se la partió y se la cortó. Tanto la panza como el resto de las patas seguían convulsionándose.

Defiende como absoluto, con cristiano orgullo, el mandato bíblico “no matarás” que para el autor ruso incluye también a los animales. Y es así porque la sensibilidad de Tolstói es más refinada que la de aquel legislador, Yahvé, que en absoluto tenía en mente tal interpretación extensiva de su norma.

La mayor sensibilidad que ahora manifiesta la opinión pública sobre esto, ha hecho que, en países como España, las leyes hayan forzado a las empresas cárnicas a reducir en la medida de lo posible el sufrimiento de los animales en el triste trance de su sacrificio. Para ello se las obliga al aturdimiento de las víctimas antes de su muerte que deberá realizarse mediante procedimientos no dolorosos.

Es claro que esto supone un aumento en los costes de producción que quizá alguna empresa lista ―o de listos― no esté dispuesta a asumir en favor del sacrosanto principio de los beneficios empresariales, más sacrosanto que los principios de la dignidad o la vida.

En Tarancón, provincia de Cuenca, hay un descomunal matadero donde se sacrifican cerdos al por mayor, a miles diarimente. El aturdimiento de los animales previo a su sacrificio ralentizaba la producción y los encargados agilizaron el trámite hasta tal punto que los animales afrontaban su muerte sin la debida anestesia. Así lo determinaron veterinarios inspectores de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en el ejercicio de las atribuciones que la ley les confiere, y que emitieron el correspondiente informe desfavorable.

Nada gustó, naturalmente, esta denuncia a los dueños de la empresa que, rápidamente, se pusieron en contacto con los responsables del gobierno regional para denunciar, a su vez, a los inspectores. Sin encomendarse a Dios ni al Diablo y mediante un procedimiento sumario lleno de irregularidades, los veterinarios que denunciaron las irregularidades fueron sancionados por la vía disciplinaria. Estos, por supuesto, no se resignaron a su suerte y recurrieron a la justicia. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha dictó sentencia, resolviendo el pleito,  el 21 de septiembre de 2017 en la que saca los colores al gobierno regional y lo acusa de haber actuado con manifiesta arbitrariedad pasándose por el forro los trámites del procedimiento sancionador y asumiendo de manera acrítica los argumentos de la empresa cárnica denunciante, llamada INCARLOPSA, para más señas.

http://www.poderjudicial.es/search/contenidos.action?action=contentpdf&databasematch=AN&reference=8216720&statsQueryId=104269906&calledfrom=searchresults&links=&optimize=20171127&publicinterface=true

Y es que esta INCARLOPSA realiza generosas donaciones a la fundación Impulsa, una de esas tapaderas que utilizan los partidos políticos, en este caso el PSOE, actual gobernante de Castilla-La Mancha , para esquivar las normas que regulan sus finanzas.

https://www.economiadigital.es/directivos-y-empresas/el-escandalo-del-carnicero-de-mercadona-llega-al-parlamento-manchego_544310_102.html

El principio político conocido como “el imperio de la ley”, uno de los fundamentos del estado de derecho, implica que todos nos debemos someter a la ley, administradores y administrados, personas físicas y jurídicas, pero el poder económico, que es mucho poder, muchas veces encuentra vericuetos por los que evadirse de tal imperio.

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No, no son Maripepa y Felipe cantando el dúo de la Revoltosa, ni siquiera los felices Al Bano y Romina. Son Emilio Loriente, presidente de INCARLOPSA y Emiliano García-Page, presidente del gobierno de Castilla-La Mancha

https://www.youtube.com/watch?v=Ry7PenTu_T0

 

Por cierto que la sensibilidad actual reclama  la dignidad de los animales destinados al consumo humano  no solo en el momento de su muerte, sino a lo largo de toda su vida ―que será breve―. Esta empresa y otras del estilo, están llenando España de macrogranjas  donde se crían los animales con criterios industriales en los que predomina la maximización del beneficio y en los que poco se tienen en cuenta otros como el del bienestar animal o las repercusiones ecológicas por la difícil gestión de los residuos, que ya han contaminado de nitratos las aguas de muchas regiones de Cataluña y Aragón, y que se extiende como una mancha de aceite por toda España. Costes, por supuesto que no asume la empresa, o externalidades, como lo llaman los economistas.

macrogranjas madres

Se encoje el alma al ver a las hembras ―por respeto no las quiero llamar marranas, o guarras, o cerdas―  en habitáculos en los que apenas se pueden mover, de donde no salen en toda su vida, y a las que se les hace parir y parir crías a destajo que, inmediatamente son separadas de sus madres y llevadas a las granjas de engorde, donde en muy poco tiempo, también encerrados en pequeñas jaulas, estarán listos para convertirse en chorizos, morcillas o jamones, ¡a precios asequibles! Si Tolstói hubiera visto a dónde hemos llegados se moría de pena el pobre.

***

Leoncillo, o Lev hijo, se muestra mucho más radical que su padre. Este sí que trata específicamente de alimentación y defiende, más que el vegetarianismo, el veganismo, incluso el crudismo y el frugivorismo.

Se trata de una charla que ofreció en la Sociedad Vegetariana de San Petersburgo el siete de marzo de 1903. Y es que el vegetarianismo no es, como he oído alguna vez, una especie de moda excéntrica que se ha extendido entre pequeños, aburridos y bien alimentados burgueses que ya no saben qué inventar para entretenerse.

Nos podríamos remontar a lo que Jaspers llamaba Era Axial para encontrarnos, entre otros, con Vardhamana, fundador del jainismo, o con Pitágoras, de sobra conocido. Y de entonces hasta ahora van dos milenios y medio y ha sido un no parar. En 1908 se fundó la Asociación Vegetariana Internacional (IVU).

https://ivu.org/spanish/about.html

Los Tolstói nos hablan del auge que esta opción alimenticia iba cobrando por toda Europa y América donde ya empezaban a verse los primeros restaurantes vegetarianos.

El joven Lev habla de justicia, de salud, de economía y de moral. Ve como suficientemente acreditado por la ciencia ―no se entretiene a citar trabajos ni autores―  y por la experiencia que el consumo de carne es perjudicial para la salud, pues el ser humano es por naturaleza ―según él― un primate frugívoro. Acusa a la carne de ser una fuente de tóxicos para nuestro organismo, y eso hace más de un siglo, mucho antes de que las ganaderías y granjas industriales se dedicaran a atiborrar a los animales de antibióticos, hormonas y otras mil lindezas que desconocemos, para aumentar el rendimiento por cabeza. Habría que decir que tampoco los vegetales se libran en estos tiempos de toda clase de productos químicos o manipulaciones genéticas que tenemos que creer que son inocuos para nuestra salud.

En cuanto a las ventajas económicas, Lev asegura que la producción de vegetales es mucho más barata que la carne. Y eso que en aquellos tiempos la producción de carne era puramente artesanal en comparación con lo que se hace ahora. La producción de carne en cantidades industriales en todo el mundo exige que mucha tierra de cultivo se dedique al forraje, por lo que su impacto económico no se reduce simplemente a la ganadería, sino que afecta de manera importante a la agricultura. Son muchas las hectáreas, normalmente concentradas en enormes latifundios, que se dedican, en vez de a producir alimento para los humanos, a hacerlo para los animales. Dramático es el caso de países como Paraguay, Brasil o Argentina donde se dedican hectáreas y hectáreas al monocultivo de la soja para la ganadería, muchas veces expulsando a los campesinos de sus tierras.

http://www.ub.edu/geocrit/b3w-731.htm

Como el padre, también el hijo clama contra esos siniestros lugares que son los mataderos.

La Sociedad Vegetariana de San Petersburgo admitía una dieta ovolactovegetariana, pero Lev rechaza tanto los huevos como la leche en una dieta saludable y ética. Me dijo una vez un miembro de la Asociación internacional para la conciencia de Krishna (los Hare-krishna de Madrid), que los huevos eran como carne líquida, aunque admitían la leche en sus sabrosos guisos, que ofrecen diariamente ―u ofrecían, hace ya mucho tiempo que no voy por allí― desde hace los años setenta en su local de la calle Espíritu Santo.

bandeja2

Pero Lev va más allá. Para él la dieta perfecta es la que se compone única y exclusivamente de fruta (frugivorismo). Admite que, como mal menor, se puedan comer otros vegetales, pero siempre mejor crudos que cocinados, pues el fuego y el calor hacen perder propiedades a los alimentos.

Y por si esto fuera poco, como guinda de una vida sana, aconseja dormir siempre, en verano y en invierno, con las ventanas abiertas. Y la temperatura de San Petersburgo en invierno no creo que tenga mucho que ver con la de Murcia o Valencia, ni siquiera con la de León o Reinosa.

***

Si alguien busca argumentos para hacerse o no vegetariano o defender su vegetarianismo, veganismo, crudismo o frugivorismo ―que ya empieza a parecer esto un trabalenguas― frente a sus amigos o parientes que sientan curiosidad,  se mofen o critiquen, desde luego no los va a encontrar en este libro, los hay muchísimo mejores, como el de Matthieu Ricard, “En defensa de los animales” [416 páginas, 18 euros, más o menos la mitad de dinero por página, contando en el de Tolstói las que están en blanco], de esta misma editorial Kairós.

https://www.matthieuricard.org/es/books/en-defensa-de-los-animales

Para disfrutar con Tolstói mejor sus novelas, también llenas de profundas e interesantes reflexiones éticas.

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