La vida perra de Juanita Narboni — ÁNGEL VÁZQUEZ

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ÁNGEL VÁZQUEZ

La vida perra de Juanita Narboni

Ediciones Cátedra. Madrid 2015

Edición de Virginia Trueba

Es la tercera vez que bajo a Marruecos en este blog. Tres viajes a tres mundos que no tienen nada que ver los unos con los otros. Y eso que en esta ocasión se comparte tiempo y espacio con uno de los anteriores. Esta obra está ambientada en Tánger, entre 1914, cuando tiene lugar la escena más antigua, y mediados de la década de los 60’. Recuerdo que el marco de El pan a secas de Chukri también era el de esta ciudad entre 1945 y 1955 más o menos. Sin embargo entre las dos historias no hay ni un solo punto de contacto.

La razón es que en La vida perra los protagonistas, por más que muchos sean tangerinos, como el propio Ángel Vázquez, son todos de origen europeo y, parece ser, que entre la burguesía europea y los nativos marroquíes no había apenas contacto.

Todavía me ha sorprendido, más que la extrañeza entre los universos de Chukri y de Vázquez, que la editora Virginia Trueba, en su extraordinario trabajo de introducción llegue a decir:

[Ángel Vázquez] quizá el único escritor auténtico que ha tenido la ciudad.(Pág. 16)

Y no sé si lo dice porque no considera a Chukri un escritor auténtico o porque no lo considera tangerino. Respecto a lo primero Chukri me parece uno de los autores más inspirados de la literatura mundial del siglo XX, y a lo segundo, pues como diría Sancho Panza, no con quien naces, sino con quien paces.

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Placa en la fachada de la calle Atocha, 98, de Madrid

A parte de esta pequeña crítica al trabajo de Trueba, tengo que decir que, por lo demás, es estupendo, minucioso y con mucha información sobre las circunstancias sociopolíticas y culturales de Tánger en ese periodo de la historia y de la propia vida del autor, que también es un auténtico novelón. Y no solo la introducción, de unas cien páginas, sino todo el aparato crítico que acompaña al texto, con un soberbio juego de notas a pie de página que ayuda mucho a entender la complejidad del personaje y su contexto vital. Para los amantes del cine da muchísima información sobre las películas a las que constantemente hace referencia la protagonista y que sirve muchas veces, entre otras cosas, para fijar la cronología de la acción.

***

ALGUNOS DATOS DE LA HISTORIA DE TÁNGER.

La ciudad de Tánger es un elemento importante en la vida de la protagonista y, en buena medida, la condiciona en no pocas ocasiones. Los avatares políticos por los que atraviesa la ciudad van a influir en su vida cotidiana, por lo que es conveniente tener algunos datos claros.

  • 1905 conferencia de Algeciras. División de Marruecos en zona francesa, zona española y Tánger como zona internacional.
  • 1912 Convenio hispano-francés. Nuevo estatuto para Tánger, cuya entrada en vigor se pospuso hasta 1923 por causa de la guerra.
  • 1923. Estatuto de Tánger como zona internacional administrada por el sultán de Marruecos y siete estados europeos.
  • 1940-1945 Tánger es ocupada por las tropas de Franco con el consentimiento de la comunidad internacional que lo considera neutral en la guerra. Se desata una brutal represión contra los republicanos que habían venido a buscar refugio a esta ciudad huyendo de la guerra española.
  • Después de la guerra, la mundial, ¡hay tantas!, Tánger es una ciudad cosmopolita, exótica, con gran actividad diplomática donde florecían negocios especulativos y los espías se movían a sus anchas, con una Importante vida cultural y bohemia.
  • 1956. Independencia de Marruecos
  • 1959. Tánger pierde su estatuto internacional y se convierte en ciudad marroquí, tanto en lo que se refiere a la legalidad internacional como al espíritu que en ella se vive, que, a partir de ahora, será predominantemente árabe.

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ESTILO.

Desde el principio hasta el final, la historia entera se vive en la cabeza de la protagonista. Vázquez plasma de manera extraordinaria ese continuo mental al que a todos nos somete la que los budistas llaman la loca de la casa, la mente. Ese trajín incesante que todos llevamos dentro al que Vázquez dota de una coherencia que lo hace inteligible pero sin desnaturalizar su carácter visceral y, muchas veces, caótico.

La protagonista se mueve en un discurso incesante que unas veces adquiere la forma de reflexiones, o de verbalización de todo tipo impresiones que recibe tanto de otras personas como de circunstancias u objetos. Muchas veces son auténticos diálogos internos, en especial con su madre fallecida. Y no digo monólogo porque es un auténtico diálogo. El lector, por supuesto, no escucha las razones del interlocutor, pero la protagonista sí, y contesta convenientemente, afirmando o negando, mostrando su acuerdo o su desacuerdo, en fin, respondiendo como es debido en una auténtica conversación.

Pocas veces se dirige Juanita a sí misma. Cuando esto ocurra será al final, reflejo de la absoluta soledad a la que se enfrenta, que ya ni siquiera dentro de su mente tendrá a quien hablar.

Son especialmente divertidas, dentro del drama que es toda la obra, las conversaciones paralelas que mantiene en su interior respecto de otras que se desarrollan fuera. Como hacemos todos, ni más ni menos, cada uno con nuestra personalidad. La de Juanita es bastante psicótica y se refleja en la absoluta hipocresía que separa a la una de la otra.

Ahora me mira y me saluda. Te veía venir. Como siempre. Yo también te saludo, mi reina, se te caiga el massaj. Una vez te pedí veinte duros y no quisiste dejármelos. Claro, me saludas por cuestión de préstige. Al fin y al cabo, una es una Narboni. Y tú no eres más que una puritita mierda […]. Yo te saludo, te sonrío, mira mi sonrisa: falsa como el anillo que llevo al dedo.

LA LENGUA.

El lenguaje que utiliza la protagonista en su continuo parloteo mental es un elemento muy importante en la novela, como se encarga de avisar el propio autor en una pequeña introducción. El idioma de Juanita es el castellano andaluz. Con mucha mezcla de otros idiomas como el francés, el inglés o, en menor medida, el portugués, circunstancia propiciada por el carácter internacional de la ciudad. Curiosamente el árabe, que también deja su impronta de vez en cuando, es un idioma extraño del que la protagonista no conoce más que algunas palabras dado el mínimo trato que tiene con la población autóctona.

Relevancia especial adquiere la yaquetía, castellano hablado por los judíos sefarditas que viven en el norte de África desde el exilio del que fueron víctimas en tiempos de los Reyes Católicos. La madre de Vázquez tenía muchas amigas entre la comunidad judía de Tánger, igual que ocurrirá con Juanita. Parece que a Vázquez le encantaba escuchar a su madre y sus amigas judías en sus tertulias, y sería ahí donde aprendería todos esas curiosas expresiones y giros del castellano que tienen un delicioso y evocador sabor a antiguo. Las notas de Trueba son muy oportunas aclarando muchas de estas expresiones.

De todos modos a Juanita se la entiende perfectamente. He oído a algún onubense o gaditano hablar en un idioma mucho más difícil de entender que este. Para mí, personalmente, el dialecto andaluz tiene un timbre y una modulación que me resultan muy familiares. La Mancha, donde me crie, es una tierra con poca personalidad propia y, al mensos así lo recuerdo yo de niño, estaba muy influenciada por la cultura andaluza, era poco más que una zona de paso entre la Castilla goda y la Andalucía mora. Dicho sea hablando muy en general.

LA RELIGIÓN.

En este mundo nuestro se desatan últimamente los fanatismos religiosos, especialmente dramático en el caso del Islam, aunque no solo. En estos días se ha publicado en los medios de comunicación que el ministro del interior italiano parece que quiere imponer la obligación de que los crucifijos presidan todos los lugares públicos, volviendo a tiempos que, tan orgullosamente, creíamos superados en Europa.

http://www.elmundo.es/internacional/2018/07/26/5b59bc31e5fdea356f8b45e6.html

Desde esta perspectiva histórica que vivimos me ha extrañado bastante la nula tensión religiosa que se respiraba en aquella ciudad por entonces, en la que convivían musulmanes, judíos y cristianos de distintas confesiones sin ningún problema. Cada uno con sus ritos y sus costumbres. Juanita es cristiana, lo que va a marcar bastante su identidad moral. Para ella y los demás fieles de su religión estaban abiertas sus iglesias, que en algún caso, se encontraba pared con pared con la sinagoga de al lado. Sin el más mínimo conflicto. Cuando llegaban las fiestas, las alegres, no las de penitencias y esas cosas, todos participaban de todas. Cuenta Juanita que en Navidad sus amigas judías iban con ella a la Misa del Gallo y le divierte que no supieran persignarse cuando había que hacerlo, pero que a la hora de los villancicos, eran las primeras en cantar y tocar la pandereta.

Mira, mi bueno, gracias a Dios hemos nacido en una ciudad donde no somos ni del todo cristianas, ni del todo judías, ni del todo moras. […] Una mezcla. Amigas judías tuvimos que de solteras le pidieron un novio a San Antonio, y amigas moras que te hablaban de Míriam —la Virgen María— y del Arcángel San Gabriel, y cristianas, mi vida, que por matar al marido invocaban a la Aixa Candisha.

Cuando Tánger pierda su carácter de ciudad internacional y se convierta en una ciudad árabe, Juanita empezará a tener problemas para acceder a los servicios religiosos de su comunidad, quejándose, por ejemplo, de que la iglesia a la que solía ir ya no estaba abierta a todas horas como antes.

PERSONAJES PRINCIPALES.

Realmente en esta novela no hay más que un personaje, Juanita Narboni, inglesa de pasaporte por ser su padre gibraltareño, pero española, o mejor, andaluza, en cuanto a cultura y mentalidad, como su madre. Como nos pasa a todos, las personas con las que se relaciona Juanita dejan en su vida cada una su impronta, algunas de tal entidad que la van a condicionar para siempre.

  • LA MADRE. Si toda la novela haría la delicia de un psicólogo, la figura de la madre de Juanita podría dar para una tesis doctoral. El caso es que casi no sale por ningún sitio, pero su sombra está en todas y cada una de las páginas.
  • EL PADRE. “Papá es un egoísta, como todos los hombres.” Poco hace en toda la obra más que molestar. Borracho y, parece ser, que más interesado en las jovencitas a las que, se dice, que metía mano en los cines, que en su familia. Inglé’ de Hibraltá’, o sea, inglés de segunda. Con un modesto puesto en el consulado inglés de Tánger que le permite a la familia vivir con cierto desahogo. Cuando fallezca, Juanita va a recibir una miserable pensión que le dará poco más que para sobrevivir. Gracias a su nacionalidad inglesa, Juanita y su familia van a quedar al resguardo de los conflictos internacionales que se van a vivir en Tánger, sobre todo cuando la ciudad sea invadida por las tropas de Franco y se desate una purga contra republicanos que se refugiaron allí después de la guerra.
  • ELENA, LA HERMANA. La situación de Juanita en la familia es de lo más complicada para el equilibrio mental y emocional. Por detrás tenía el recuerdo, que marca mucho la disposición de una madre, de un hermanito que falleció al poco de nacer. Por delante estaba Elena, la segunda hija, mujer que tomó sus propias decisiones y defendió su libertad frente a la moral represiva que imponía la madre. Todo ello va a llevar a Juanita a ser víctima de un montón de conflictos internos, de amores y de odios, de envidias, de reproches, de sentimientos de superioridad moral mezclados con una terrible conciencia de fracaso. Si dije que la madre está constantemente presente en toda la novela, la hermana no se queda atrás, Juanita la va a hacer responsable de todos sus males en una clara transferencia de culpa.Madre y hermana van a modelar el universo psicológico de Juanita que se debate entre el deber que impone la primera y la rebeldía que simboliza la segunda. Lo que dije antes, una delicia para psicólogos o aficionados a la psicología.
  • HAMRUCH. Es la criada de la casa. Marroquí, musulmana. Es un personaje mudo que quizá, entre otras cosas, venga a simbolizar el papel que ocupaban los nativos entre la sociedad europea. Será el último refugio en la soledad que acosa a Juanita que, a la vez, la quiere y la desprecia, y con la que, cuando sea demasiado tarde, lamentará no haber intimado más. Será cuando la pierda del todo, cuando se dé cuenta de lo que la necesitaba y de lo importante que era el lugar que ocupaba en su vida cotidiana. Lo normal, pasa mucho.
  • DEDÉ TRILBY. Va a ser, a parte de la familia, el único personaje con un papel importante, sin contar a otros que después comentaré que, sin apenas aparecer en escena, van a dejar unas indeleblesmarcas en la vida de Juanita. Dedé sale a escena en un momento en el que la desolación se va extendiendo en la vida de la protagonista y parecía sin retorno. Una brisa de aire fresco que, sin embargo, no se va a concretar en un remedio auténtico para la soledad que la acosa. Y es que la pobre Juani, aparte de las posibles decisiones equivocadas que hubiera ido tomando a lo largo de su vida, tenía muy mala suerte, un negro massaj.
  • MARINITA MEDINA Y SU HIJO ANDRESITO, “un niño muy enclenque pero gracioso […] al que le encantan los libros y los papeles. Yo le quiero mucho.” Marinita es la única de las amigas hacia la que en ningún momento Juanita dirige un improperio, y que no pocas veces le sirve de refugio emocional. Marinita, que no es un personaje de relevancia en la novela, es una caracterización de Mariquita Molina, la madre de Vázquez, que tenía una afamada tienda de moda y sombreros en Tánger. Andresito sería el propio Ángel Vázquez que sale de refilón en alguna escena como hacía Hitchcock en sus películas.

Te esperaré en la tienda de Marinita, esa tienda es el refugio de todas las almas desamparadas, que Dios la colme de bienes, porque ha habido momentos en que me he sentido desesperada y ella me ha dado ánimos.

***

JUANITA NARBONI.

Que nunca tengáis que arrepentiros de haber hecho algo y menos de no haberlo hecho… (La tía Tula. Unamuno)

Juanita Narboni es, para mí, uno de los personajes mejor caracterizados de toda la historia de la literatura. Dicho sea sin hacer de menos a nadie. Una personalidad compleja, como tantas, estupendamente retratada a través de sus propios pensamientos llenos de símbolos que reflejan sus frustraciones, sus deseos insatisfechos, su orgullo, su ansiedad, su desesperación, sus necesidades, sus carencias, tanto materiales como emocionales; o lo complicado de sus relaciones que la hacen derrochar una mordaz hipocresía, circunstancia de la que solo se entera el lector, que tiene un acceso privilegiado a su más escondida intimidad.

Metiéndome en camisas de once varas me atrevería a decir que los problemas de Juani vienen determinados por su situación en la familia. Una falsa primogénita que tiene que luchar por el amor de su madre en dos frentes. Como ya dije, por detrás con el amor que su madre siente y sentirá siempre por su hijo desaparecido, por delante por el amor que la madre dispensa a la nueva criatura que acaba de nacer y que sustituye al mayor en el maternal y amoroso regazo. El primogénito suele ser al que más se le exige. En un principio se ve el rey de la creación monopolizando por completo el amor de la madre —privilegio este que tampoco pudo saborear la desdichada Juani—, sin rivalidad de ninguna clase. Pero cuando viene el nuevo hermanito, al mayor se le exilia de los brazos maternos y su lugar lo ocupa el recién llegado. Y ahora el mayor tendrá que luchar para que se le libere de este cruel exilio, sin saber que estas cosas no tienen marcha atrás como los coches.

Una de tantas estrategias de las muchas que habrá, sin duda, para enfrentarse a esta situación consiste en que el mayor se intentará ganar el amor de la madre —no estoy refiriéndome en ningún momento al padre porque no representa ningún papel en este drama, estará en el café bebiendo— a base convertirse en la persona más obediente del mundo. Juanita va a integrar en las primeras etapas de su formación toda la represión moral que impone el rancio cristianismo de su madre, especialmente represor en cuanto al desarrollo sexual de las mujeres.

Esta estrategia se manifiesta de dos maneras, y ninguna buena. Por un lado se procura cumplir a rajatabla con el código de conducta impuesto, por más represor y limitante que sea, y por otro, se empeñará con tesón en desenmascarar y acusar al rival cuando infrinja las normas.

Pero el resultado suele ser desastroso. El primogénito cumple escrupulosamente con todas las imposiciones morales que se le exigen, y alguna más que añade por su cuenta y riesgo, para acumular méritos. El menor pasa olímpicamente de ellas, y aun con eso, sigue recibiendo —a juicio del que está inmerso en esta guerra de la que nadie más se entera— la mayor parte del cariño que está en juego.

Dos salidas hay para esta situación: una mandarlo todo a hacer puñetas, liberarse de la rivalidad y de los celos y afrontar la vida de otra manera, buscar otros caminos quizá independizándose del objeto del deseo, el amor de la madre. Ya se sabe que la causa del sufrimiento es el deseo, como dicen las enseñanzas del Buda, y que, eliminando el deseo, se elimina el sufrimiento. Otra, desesperada, sin sentido y que conduce a un callejón sin salida, consiste en radicalizar la postura, hacerse más sumiso con aquel cuyo amor se necesita e incrementar el odio al —supuesto— rival hasta hacerlo enquistar. Solución desesperada por la que, al final, se termina odiando a todo el mundo y llenándose de amargura.

Este fue el camino que tomó Juanita. Quizá habría que añadir, como ya apunté, la mala suerte, que también juega su baza en el teatro de nuestras vidas.

Sea por unas razones o por otras, Juanita es una mujer de personalidad débil y con poca autoestima.

Señor, a ti te lo pido: no dejes que me lleven arrastrada a todas partes. No me abandones, Señor, que una es torpe, que una baila siempre al son que le tocan, por debilidad. No me abandones, Señor, que una es torpe y mientras menos se entera, más mete la pata y menos entiende.

Y tremendamente cobarde, de lo que, llena de celos y de envidia, culpará también a su madre.

Siempre estuviste acobardada, y mi mal, como el tuyo, no tiene cura. Viviré siempre acobardada. […] ¡Cómo me gustaría ser como esa maldita!

Juanita ha tomado un camino y ya no lo va a dejar. Un camino que la va a ir aislando cada vez más y que la conducirá a una absoluta soledad y a un total desamparo. Sus frustraciones echarán raíces y la amargarán toda la vida.

LA VIDA PERRA.

La novela empieza en la década de los 50’, cuando Juanita es ya una mujer madura en cuya vida la suerte ya está echada. De su vida ya han desaparecido su padre y su madre, fallecidos, y su hermana, que huyó con el hombre al que amaba.

Digo que han desaparecido de su vida material, porque de su cabeza no desaparece ninguno en ningún momento.

Otros personajes, sus amigas y otras relaciones sociales, también van desapareciendo de escena poco a poco, o bien muertos o bien marchándose de la ciudad que va perdiendo, poco a poco, su carácter internacional. Solo le quedará Hamruch, a la que terminará perdiendo como a los demás.

Económicamente tampoco le va muy bien. Sus únicos recursos son una pequeña e irregular pensión que cobra del consulado inglés que no la va a evitar pasar por muchos apuros.

Somos unas pobretonas de mierda, con muchos humos, eso sí. Humos no faltan.

***

Después de la presentación, la historia va a retroceder en el tiempo para contarnos algunos episodios significativos en la vida de la protagonista. Momentos de esos que casi no tienen importancia por sí mismos, pero que dejan una marca imborrable para toda la vida. Todos sabemos de qué se trata y tenemos el recuerdo de hechos banales que han marcado nuestra personalidad.

La experiencia más antigua cuenta un episodio de la infancia de Juanita, en 1914, cuando toda la familia va a ver un acontecimiento que en aquel año tuvo lugar en Tánger: el primer aterrizaje de unos aeroplanos en la ciudad. Aquí Juani va a empezar a sentir la soledad, el desamparo y los celos que le van a causar la atención que sus padres prestan a su hermanita y el poco caso que ella misma cree recibir.

EL DÍA DE PIÑATA.

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Gran Teatro Cervantes, donde se celebró aquella fiesta de carnaval

Otro hito determinante en el desarrollo psicológico de Juanita va a ser su experiencia un desdichado día de carnaval de mil novecientos veintitantos, cuando la protagonista es una jovencita que se está abriendo al mundo, a nuevas sensaciones, y en especial se despiertan sus deseos sexuales. Las escenas son admirables. Vázquez maneja el discurso interior de la protagonista de tal manera que nos hace ver con toda claridad lo que pasa fuera y lo que pasa dentro de la cabeza de Juanita. Los símbolos que aparecen, no por evidentes, dejan de tener su gracia y su interés.

El caso es que la madre de Juani le había buscado un pretendiente, pero con bastante mal tino porque parece que no se tuvieron en cuenta las inclinaciones sexuales del novio. Aquel día ella iba vestida de Colombina, el novio, Adolfito, de Pierrot. Por allí apareció otra máscara disfrazada de El Zorro, y fue una triste gracia que ambos novios, Pierrot y Colombina, quedaran prendados de los encantos del apuesto enmascarado.

Para una vez que tuve un novio: maricón. Suerte la tuya, Juanita.

Juanita es muy mal hablada, y hay que tener cuidado en no atribuir expresiones como estas, que parecieran dejar traslucir una cierta homofobia, al autor. El propio Vázquez era homosexual. Tampoco la sexualidad de Juanita, por más que se le fueran los ojos detrás de El Zorro, está exenta de cierta ambigüedad.

En un momento en el que todos los asistentes se tiraban por los suelos en un divertido revoltijo caótico para recoger los caramelos que habían caído de la piñata, Juani se encuentra de sopetón, cara a cara, con El Zorro que le ofrece un rabanito de azúcar. Hay que ser muy buen escritor, como sin duda lo es Vázquez, para retratar este instante con la genialidad que él lo hace. La turbación, la confusión de la protagonista, el deseo, el reproche por ser un deseo ilegítimo, el conflicto moral. Todo ese tropel de sentimientos y emociones que se agolpan en la cabeza en momentos como este, lo contempla el lector como podría contemplar el ataque mortal de un tiburón a un buzo en el fondo de un mar de aguas cristalinas.

Ese momento, que no duró más de lo que dura un suspiro, va a dejar en Juanita una marca más indeleble que la que dejan los hierros candentes con los que marcan las reses. Y lo recordará y lo recordará, muchas veces maldiciendo su mala estrella.

Y no digo ya nada de cuando al cabo de un rato, ya perdido El Zorro entre la multitud, se decida a chupar el rabanito y le caigan sobre el vestido de Colombina unas pequeñas manchas rojas. ¡Para qué queremos más! No hace falta haber leído a Freud ni nada.

En muchas otras ocasiones saldrán a relucir símbolos que reflejan la frustración sexual de la protagonista. En la iglesia un monaguillo que chupa un cirio y la pone nerviosa, los rabitos de las berenjenas que no se comen, los elefantitos de porcelana que …

no los quiero ni en pintura, y menos éstos, que tienen la trompa bajada.

La paranoia que le entra cuando cree que un ratón se le ha metido en la cama:

Me está royendo una liga. Es él. Es él otra vez. ¡Guós por mí se haga, lo que me faltaba es que acabara metiéndose en el chisme!

La desesperación que siente pensando que un gato se le ha metido en la cama y que la hace clamar:

Ese hijo de su madre se ha subido a mi cama, seguro. ¡Preta suerte la mía! Nunca intentó subirse ningún hombre y a la vez se me sube un gato.

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Para incrementar el dolor ante su frustración tiene delante la experiencia de su hermana, más liberal, menos remilgada y temerosa. Como esa imagen de los mundos de Dickens en la que se ve a un niño hambriento mirando por los cristales de una pastelería y no deja de salivar, el pobre.

Las locas y las putas siempre tuvieron suerte. En cambio una, por prudencia, se ve como se ve. «Vosotras siempre por el caminito recto», nos aconsejaba el descansado de papá. ¡Leche con el caminito recto! Mira la maldita de mi hermana, que sabrá Dios lo que habrá sido de su cuerpo desde que se torció. Pero lo que soy yo, para mí se quede. Lo que yo estoy pasando, sólo dios y yo lo sabemos.

Más detalles descaradamente sexuales nos vamos a encontrar en la prodigiosa escena del sueño hacia el final de la novela, pero a esto quiero dedicarle capítulo aparte, que lo merece.

LOS GUANTES ASESINOS.

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¡Otra escena que lo deja a uno realmente maravillado, que es capaz de provocar tanto la risa como la compasión! Todo mezclado, todo a la vez. De un surrealismo digno de Dalí. Y eso que es una escena que ocurre en el mundo real, cuando nos movamos en el mundo de los sueños va a ser el delirio. Ya le llegará su momento.

La madre acaba de fallecer. Después del entierro Juani se queda sola en casa y rebusca en el armario por ver si encuentra una manta. En ese momento unos guantes de la madre, que estaban por el altillo, caen sobre el cuello de Juanita. Este detalle, tan sin importancia, tan anodino, va a desatar en la protagonista todo el volcán reprimido que había llevado dentro hasta ese momento. No sé que puedo decir yo. Cualquier cosa que diga no le va a hacer justicia ninguna.

Juani cree que su madre la quiere estrangular y empieza una singular batalla. Primero, presa de una tremenda angustia, se defenderá, pedirá clemencia y clamará por su inocencia…

Me porto bien, mamá, por lo más sagrado. Sigo virgen, intocada. Ningún hombre me ha puesto sus asquerosas manos encima. Ninguno. No soy como esa perra de mi hermana. No, no, perdona, no quise decir eso.

Pero pronto Juanita se revolverá contra su madre y la hará objeto de un sin fin de reproches…

Porque tú nunca me has querido. Has querido más a la otra, a la que a estas horas estará haciendo lo peor, con un conde. Y siempre, siempre, por encima de todo, aquel niño primerizo que se jagüeó a los ocho meses.

Nueve páginas dura el delirio de la pobre Juanita en las que repasa todas las frustraciones de su vida y salen todos los fantasmas de lo que pudo haber sido y no fue, incluyendo a El Zorro. En ellas suplica y reprocha a partes iguales, se defiende y acusa. Unas veces reconoce sus errores y otras se siente víctima inocente de prejuicios ajenos. Y todo en un revoltijo mental que en ningún momento hace el discurso ininteligible.

A partir de aquí, la madre se convertirá en la contertulia más asidua en los diálogos internos de Juanita. Prácticamente se pasará el rato hablando con ella. Especialmente en sus visitas al cementerio en las que la irá poniendo al corriente de su triste vida.

LA VIDA CONTINÚA.

Los siguientes episodios que van a marcar la vida de Juanita van a ser la fuga de Elena y la muerte de su padre.

La fuga de su hermana con un militar valenciano va a suponer un punto de no retorno en la vida de Juanita que ve cómo su hermana, la que no atendía las normas y la que, por tanto, no era tan digna de ser amada como ella, va a tomar las riendas de su vida con decisiones que, por muy arriesgadas que sean, la van a mantener ilusionada.

Juani la criticará con mucha dureza, pero su pretendida superioridad moral no es más que una máscara detrás de la que ella misma se esconde para no enfrentarse con la realidad de sus propios deseos que, en el fondo, hacen que se la coma la envidia.

Para colmo de males, andando el tiempo Juani se enterará de que Elena está casada y tiene hijos y que lleva una vida estable y digna en Casablanca. La frustración, la rabia y una envidia desbocada harán que todavía la odie un poquito más.

Será hacia el final de la novela, cuando Juani se vea ya mayor y completamente sola, cuando se acordará de su hermana y pensará que quizá habría debido tragarse el orgullo y haberse puesto en contacto con ella, que, realmente, nunca había mostrado mala inclinación hacia su hermana mayor. La propia Juanita reconocerá, cuando la desesperación anule al rencor, que Elena le había tenido un gran aprecio.

Tú me animabas, a la fuerza, pero al final siempre arrancabas conmigo, y te preocupabas de que yo fuera arregladita a todas partes. «Esos ojos, Juani —me decías—, sácale partido a esos ojos, y esas piernas, son las piernas de Marlene, mi reina».

El odio, el enfrentamiento, la rivalidad, toda esa película existía únicamente en la cabeza de Juani. Querer vivir su vida era el pecado de Elena y la penitencia de Juanita.

DEDÉ.

Cuando la desolación se va extendiendo por la vida de Juanita aparece en escena Dedé, un entrañable personaje con el que llega a tener una intimidad que, por muy superficial que fuera, no la había tenido nunca antes con nadie, y menos con un hombre. Dedé muestra un trato exquisito y delicado, pero aun agradeciéndolo, como lo agradece —creo que, a parte de Marinita, Dedé es el único personaje hacia el que Juanita siente un sincero aprecio y agradecimiento—, ella deseaba mucho más. Pero más no podía ser. Dedé le regala un precioso vestido que había sido de su madre.

¿No se te das cuenta, el hijo de la negra, que a mí lo que me está haciendo falta de verdad es otra cosa? No me refiero a eso. Me refiero a … ¡pues no sé! Cariño y seguridad.

Dedé también era homosexual, como su primer novio. Aun así había conseguido hacer que brillara en ella una chispa de ilusión. Pero su negra suerte no le va a permitir ni eso. Las calles de Tánger se vuelven cada vez más inseguras y Dedé muere víctima de un homicidio.

Ya no queda en la vida a Juanita más compañía que Hamruch que, en el fondo, como se dará cuenta cuando ya sea demasiado tarde, no es más que una desconocida y que un día, sin más explicaciones, desaparecerá también.

EL SUEÑO.

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Juanita amaba el cine. En la novela hay un montón de referencias a películas que la editora se encarga de identificar debidamente en cuanto a sus protagonistas, directores o años de sus estrenos. Pero el cine nos ofrece una imagen bien distinta a la de la realidad. Y cuántos de nosotros no podríamos clamar con ella:

¡Mierda de cine, el daño que le ha hecho a una!

Una de las últimas escenas de la novela no va a ser una película, va a ser mejor, un disparatado sueño lleno, como tiene que ser, de símbolos sexuales que sacan a flote la represión subconsciente. Y, ya de cine, cómo no recordar “Recuerda” y pensar en lo que hubiera sido la dramatización del sueño de Juanita realizada entre dos genios como eran Hitchcock y Dalí.

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Son unas dieciséis páginas que bien podrían formar un pequeño cuento independiente. Toda la vida de Juani está aquí, aunque disfrazada u oculta entre símbolos oníricos. No voy a decir mucho porque ¡qué voy a decir! ¡Hay que leerlo para creerlo!

Juanita es una niña a la que sus padres llevan a una fiesta, una kermesse. La hermana menor, curiosamente, se ha quedado en casa castigada. En el escenario se representa un espectáculo de variedades. Un accidental pinchazo en un dedo hará que Juani sangre un poquito. Para consolarla, un apuesto oficial, “el más guapo y el más galante” se meterá el dedo sangrante de Juani en la boca y así lo tendrá durante casi todo el espectáculo en el que se alternarán La Momi, célebre travestido tangerino de la época, la República, envuelta en una bandera tricolor y con el pecho descubierto, como debe ser, que se saca una espada de entre las piernas. Otra actriz que se saca una botella de anís del mono del “chisme”, un elefante que mete su trompa por entre las piernas de otro personaje. En primera fila del espectáculo unas beatas entre luces de colores. Cuando, después de un buen rato, Juanita saque el dedo de la boca del oficial…

A fuerza de haber sido tan chupado, de mi dedito ya no quedaba nada. Un muñoncito de carne en forma de garbanzo y un pellejito colgante bastante asqueroso por cierto.

Juani, asustada, huye ante las miradas acusadoras de unos y otros.

Mamud el enano intentó besame metiéndome la lengua en la boca.

Al final de su carrera se va a encontrar, nada menos, que a El Zorro, que no la va a salvar, sino que la va a llevar de vuelta a donde todo Tánger la espera para someterla a juicio. Juani será atada a un poste con cables y luces de colores que serán las llamas purificadoras. Después de la simbólica ejecución, el cuerpo de Juani es llevado en un carro por las calles de Tánger ante la mirada de todos. Al final la dejarán abandonada sobre una plancha de mármol y cubierta por un hule impregnado de olor a zotal.

Oigo a esas mujeres en la habitación de al lado que murmuran. Creo que rezan. […una] está diciendo: «No la pueden enterrar en camposanto, pobrecita. O, no vendrán los curas. Ha muerto en pecado mortal.» «Pobrecita, pobrecita —dice otra—, irá a la fosa común.» ¡Mamá, mamá!, ¿quieres decirme qué significa todo esto? ¿Qué va a ser de mí?

***

Al final de la novela Juani haba perdido todas sus relaciones humanas, incluida Hamruch y se encuentra sola en una ciudad que ya no reconoce, en la que se siente extraña, casi extranjera, a pesar de ser su ciudad de toda la vida. Ya solo le queda su madre que, por muy amigo invisible que sea, es el último agarradero que la evita caer en la soledad más absoluta, y, quizá, en la locura. Pero esta imagen también se desdibuja. En las últimas páginas Juani va a empezar otra disparatada aventura en busca de un retrato perdido de su madre que impida que su imagen se desvanezca definitivamente de su cabeza.

Otro delirio que desembocará en un momento de angustiosa lucidez, en el que se va a dar cuenta de que el único interlocutor que le queda es ella misma.

Razona de una vez. Mejor sería que dejaras de disparatar y de hacer disparates. ¿Es que no te has dado cuenta que llevas años y años hablando con una muerta? ¡Guós, por mí se haga! ¡Lo que quedará de ella, nada, ni sus cenizas! …

Un primitivo mecanismo de supervivencia la llevará inmediatamente a desechar esta idea.

Perdona, mamá, perdona… Ganas me entran de llorar por haber pensado semejante herejía. ¡Qué mala soy! Se me va la cabeza.

***

Una estupenda novela que sondea de una manera brillante los oscuros camaranchones del alma humana. Lo que en ellos habita no es exclusivo de la protagonista, sino que son arquetipos de los que todos participamos, por eso, a Juanita se la llega a tener un sincero cariño, a pesar de lo malhablada que es y lo hipócrita que se muestra ante los demás. Sus sufrimientos, sus pasiones, sus deseos, sus frustraciones, sus expectativas, sus fracasos, sus cobardías, sus anhelos, su doblez, sus equivocaciones… son territorios por los que todos, tarde o temprano, en una medida u otra, hemos transitado.

Bien es verdad que si la cobardía no hubiera impedido convertir en acción toda la pasión, toda la fuerza que desplegaba en su particular mundo interior, Juanita se hubiera comido el mundo.

***

Tarde siempre, a todo llegué tarde, hasta para morirme no voy a llegar a tiempo.

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Una bonita película. En realidad no es más que la dramatización de una selección de textos muy bien escogidos y con mucha fidelidad al original. La interpretación de Mariola Fuentes haciendo de Juanita, ¡sensacional!

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dav

2 comentarios sobre “La vida perra de Juanita Narboni — ÁNGEL VÁZQUEZ

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