“Confesiones de un bribón” – WILKIE COLLINS

collins bribón

WILKIE COLLINS

“Confesiones de un bribón”

(Ediciones Obelisco. Barcelona. 2003)

 

De vez en cuando hay que descansar de sesudas lecturas de crítica social o de investigación histórica, o de filosofía, y dedicar un tiempo a lo banal, lo ligero, lo superficial, sin renunciar, por ello, a un mínimo de calidad, que lo cortés no quita lo valiente.

Y esta novelilla es ideal. Cortita, ligera, simpática, divertida, bien organizada, bien escrita. Llena de ingeniosos y agudos cometarios, con su sutil ironía, su puntito de intriga y hasta un apasionado amor que llevará al protagonista a superar, con audacia y valor, todos los extraños obstáculos que se interpongan en su camino. Sin que, por ello, resulte un caos abigarrado imposible de leer.

Y todo en 223 páginas de letra gordita.

 

PERSONAJES PRINCIPALES:

  • FRANCIS TURNER. Protagonista y cronista de sus propias aventuras.
  • Lady MORTIMER. Abuela
  • Dr. JUAN FEDERICO TURNER. Padre
  • ARABELA. Hermana.
  • BATTERBURY. Cuñado.
  • Dr. DULCIFER.
  • ALICIA DULCIFER.
  • TORNILLO, FUELLE, LIMA NUEVA, LIMA VIEJA. Secuaces de una banda criminal

***

El relato está escrito en primera persona. Francis Turnes, el supuesto bribón, nos cuenta con un estilo desenfadado, directo y espontaneo ―en apariencia― sus aventuras.

Y digo “supuesto” bribón porque, realmente, no lo es, ni bribón ni pícaro. Sí independiente, audaz y hasta temerario en algunas ocasiones, pero muy buena persona, con cierto espíritu bohemio.

Pertenece a una de esas familias pretenciosas de quiero y no puedo, muy celosas de su nombre, de su prestigio. La de la madre es de cierta alcurnia, más en el nombre que en lo contante y sonante. Para superar los apuros económicos un hermano de la madre, hijo de Lady Mortimer, no tuvo otra ocurrencia que dedicarse al comercio de jabones y velas, lo cual no fue bien visto ir en detrimento de su alcurnia, ¡dónde se ha visto a un aristócrata trabajando! Diciendo que el trabajo dignifica sí, a los demás, pero ¿trabajando? A este hijo de barón parece que lo de la alcurnia lo traía al fresco y se hizo con un buen capital.

El doctor Turner, yerno de Lady Mortimer y padre del protagonista, no pensaba igual y prefirió dedicarse a proteger su noble imagen más que a sanear su economía.

Si mi padre hubiera consultado sus recursos económicos, me debería haber enviado a una academia mercantil barata. Pero tenía que consultar a Lady Mortimer, y por lo tanto fui enviado a una de nuestras grandes escuelas más famosas y de moda.

Cuando llegó el momento de que Francis eligiera una profesión para ganarse la vida tuvo que rendirse a los deseos de su padre y estudiar medicina. A él, lo que de verdad le hubiera gustado, es dedicarse a “bailar cuadrillas”, o sea, a lanzarse a los salones de baile de Londres a buscar una rica heredera. Pero no pudo ser. Se tuvo que entregar al estudio de la medicina.

Descubrió que tenía talento para el dibujo y, especialmente, para la caricatura, a la que se dedicó con bastante éxito. Publicaba sus caricaturas bajo pseudónimo, Tersites Junior, pues en su linajuda familia no estarían bien vistas este tipo de actividades liberales. Y efectivamente, así paso. Cuando se descubrió, después de haber caricaturizado ni más ni menos que a su abuela Lady Mortimer, Francis fue expulsado de la familia por su padre.

Su hermana, mientras tanto, más práctica, se preocupaba de otra manera por su porvenir:

Mi hermosa hermana Arabela, gracias a la destreza y paciencia que desplegó en el arte de echar el anzuelo, había logrado pescar un buen hombre enjuto, avaro, de color atezado, de más de cincuenta años de edad, que había logrado realizar una fortuna en las Antillas.

Arabela sentía un especial desprecio por su hermano. Pero el destino le jugará una mala pasada. Y es que su tío materno, el de los jabones y las velas, que, además, debía ser un poco socarrón, al morir dejó a su querida sobrina  un legado que dependía de una curiosa condición: Francis Turnes, hermano de la legataria y sobrino del testador, debía sobrevivir a Lady Mortimer. Si moría antes el legado se anulaba. Y Lady Mortimer tenía una salud de hierro. Arabela, con todo el dolor de su corazón, debió empezar a preocuparse por la suerte de su hermano. No era fácil para ella, y muchas veces tuvo la tentación de mandarlo a hacer puñetas, a su hermano y al legado, pero ahí estaba su marido, el señor Batterbury, con menos orgullo, al que no importó sacar de apuros a su cuñado cuando fue necesario.

Francis pasó por la cárcel por deudas. Se dedicó a la pintura, primero al retrato, después a la falsificación de obras de pintores famosos, para lo que demostró un gran talento, aunque le fuera poco rentable, pues no se llevaba ni el tres por ciento de lo que sacaba el traficante dueño del negocio.

Un día, fatalidad del destino, se cruzó con una bella muchacha por la calle y quedó locamente enamorado. No sabía quién era ni dónde vivía. Le perdió la pista, pero no se resignó. A partir de entonces su vida no tendía más sentido que encontrar al amor de su vida, pero no tenía ni idea de dónde buscar.

Para sacarlo de apuros económicos que pudieran poner en riesgo su vida, su cuñado Batterbury le ofreció un trabajo en una sociedad que tenía fuera de Londres.

Cuando llegó a su nuevo destino se encontró la sociedad dividida sobre si era oportuno celebrar un baile público o no.

Dos facciones la dividían y gobernaban: la facción de la gente seria y la de la gente alegre.

Las razones contra el baile eran de peso:

Si no hubiera otras razones contra el baile ―dijo mi reverendo opositor―, hay por lo menos una objeción que no tiene respuesta: ¡Caballeros, san Juan Bautista fue decapitado a causa del baile!

El caso es que en aquella ciudad el destino preparó a Francis una gratísima sorpresa. ¡Encontró a su amada! Era la señorita Alicia, hija del misterioso doctor Dulcifer, que no era lo que parecía.

Francis terminó enredado en una sofisticada organización criminal.

***

A partir de aquí la novela toma otro cariz. Si venía predominando más una elegante pero mordaz crítica social, ahora se va a convertir en una novela de emocionantes aventuras.

Cómo se ve atrapado en la organización. Cómo logra escapar. Cómo la policía le sigue la pista. Cómo él, en vez de huir para salvar la vida, se afana por recuperar a su amada Alicia. Cómo, otra vez juntos los enamorados, intentan llegar a Escocia, cuyas leyes para contraer matrimonio eran bastante laxas ―W. Collins trata este interesante tema de derecho matrimonial en su novela “Marido y mujer”―. Y cómo, nada más darse mutuamente el sí quiero, Francis es detenido por la policía.

La pena por los delitos de los que se le acusaba era la muerte, lo que produjo más inquietud en su hermana y en su cuñado que en el propio reo. La habilidad de los abogados que el matrimonio puso a su disposición consiguió que se le conmutara la pena de muerte por la de destierro a la colonia penitenciaria de Australia.

Con mi sentencia de deportación termina mi vida de bribón y comienza mi existencia de hombre serio y respetable.

Y así fue. Alicia siguió a su esposo a las antípodas, y en aquellas lejanas tierras, debido a su buen comportamiento y a algunos ahorrillos bien administrados, consiguieron hacer fortuna. Cumplida la pena, que fue leve, llevaron una vida próspera y dichosa.

En cuanto a mí, podría aún escribir largo y tendido; pero teniendo a la vista el título de «la vida de un bribón», ¿cómo se podrá esperar, ahora que soy rico, casado, y que gozo de una excelente reputación, que comunique ulteriores detalles autobiográficos a lectores inteligentes y sensatos? He dejado de ser una persona interesante, soy un hombre respetable, como ustedes, y por lo tanto ya es tiempo de decir: «Adiós»”.

***

Es sorprendente cómo en tan pocas páginas Collins consigue contar tantas cosas. Y no es que sea una narración precipitada ni atropellada. Toda fluye con una sorprendente naturalidad. Un argumento complejo, bien resuelto. Unos personajes bien trazados, hasta los que representan un papel cortito, como uno al que Francis conoce en la cárcel, el Caballero Webster, que le dará unas importantes lecciones para la vida. Tampoco deja cabos sueltos al final, pues en las últimas páginas, con muy pocas pinceladas, se nos da cuenta del destino de los personajes que han ido actuando. Especialmente divertido será el de su hermana Arabela y su cuñado Batterbury.

Una excelente novela que se lee  con una sonrisa constantemente en la boca. Y la cabeza sale ligera, como de un sueño reparador.

Anuncios

Un comentario sobre ““Confesiones de un bribón” – WILKIE COLLINS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s