“Los Jardines de Luz” – AMÍN MAALOUF

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AMÍN MAALOUF

“Los Jardines de Luz”

(Alianza Editorial. Madrid 2010)

 

“Este libro está dedicado a Mani. Ha querido contar su vida, o lo que aún puede adivinarse de ella después de tantos siglos de mentira y de olvido”. (A. Maalouf)

 

ALGUNOS DATOS HISTÓRICOS:

Tenemos la suerte de contar con el estupendo trabajo de Fernando Bermejo Rubio, “el maniqueísmo, estudio introductorio” (edit. Trotta, Madrid 2008), que pone a nuestro alcance el estado actual de la investigación sobre Mani y su obra, que ha progresado mucho a lo largo del siglo XX gracias a los descubrimientos que se han ido haciendo, comparables en su importancia a los, tan cacareados, de Qumrán o Nag Hammadi. De él saco los datos que siguen.

Aunque en la novela no se diga cuales son las fuentes en las que el autor se basa para su particular recreación, he de decir que el marco general coincide con el que se expone ―aquí sí, debidamente documentado― en el libro de Bermejo. Y en su lectura es muy fácil discernir lo que es fantasía del autor  de la historia documentada, muy pobremente documentada, todo hay que decirlo.

Porque la persecución a la que fue sometido el maniqueísmo a la muerte de su fundador, que se extendía por todo el mundo, desde China hasta el occidente del Imperio Romano, fue sistemática y tenaz. El deporte favorito de los inquisidores de todos los tiempos, lugares y culturas, ha sido siempre la quema y destrucción de libros, y la inmensa mayoría de la literatura maniquea voló convertida en cenizas.

En el año 443, por ejemplo, el papa León Magno

promovió un programa para identificar, extraer confesiones, juzgar y exiliar a los maniqueos y quemar sus libros. (BERMEJO, pg. 213).

Según nos cuenta Bermejo, las fuentes para el conocimiento de Mani y del maniqueísmo hasta el siglo XX no eran sino citas conservadas en escritos de sus detractores ―figurando en un lugar de honor el santo patrón de mi pueblo, San Agustín que pasó de miembro de aquella religión a feroz enemigo― y de otras fuentes indirectas (griegas, coptas, latinas, iranias, chinas, turcas, siriacas, cristianas e islámicas).

Pero en el siglo XX se han producido importantes descubrimientos que han sacado a la luz muchos escritos  maniqueos. En Egipto se encontró el que ahora se conoce como “Códice maniqueo de Colonia”, porque se conserva en esta capital alemana. Y otros también muy importantes han sido hallados en lo que ahora es China, en el Asia Central, en Turfán y Dunhuang, donde prosperaron importantes comunidades maniqueas hasta que en el siglo XIII llegaron los mongoles y se terminó la paz. No solo se han encontrado escritos sino también pinturas murales, porque el arte era algo muy valorado en aquellas comunidades, y el propio Mani fue un excelente pintor.

Y no solo pintor, también médico y escritor. Escribió varios tratados: Sabuhragan (el libro de Sapor), Evangelio (viviente), Tesoro (de la vida o de los vivientes), el libro de los Misterios, el libro de las Leyendas, el libro de los Gigantes, Salmos y Plegarias, y numerosas cartas.  Del primero de  ellos se han encontrado algunos fragmentos en las excavaciones de Turfán, lo que significaría que tendríamos las ipsissima verba del profeta, lo que no podemos decir de Jesús, por más que investigadores como J. Jeremias se hayan pasado la vida buscándolas. Hay que añadir un libro más, no de texto, sino de pintura, Eikón (la imagen) en el que Mani proclama su mensaje a través de este arte, un cómic, vaya. Quitando los fragmentos del Sabuhragan encontrados, no se conserva nada de la obra de Mani. Celosos defensores de no sé qué nos han privado de ella.

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Mani vivió  en el siglo III de nuestra era (± 215-276). En Persia. Nació en los convulsos tiempos  en los que los sasánidas sustituyeron a los arsácidas en el imperio Persa.  ARDASIR (en la novela Artajerjes, las transcripciones de nombres de otras familias lingüísticas no es pacífica, pero nos entendemos),  fue fundador de la dinastía sasánida que se mantuvo en el poder hasta el siglo VII.

En el año 241 muere Ardasir y lo sustituye en el poder su hijo SAPOR I en el que se mantuvo hasta que murió el 272. Este rey aplicó una política de tolerancia religiosa en sus dominios y parece que sintió una especial simpatía hacia Mani al que protegió y dio vía libre para predicar  en sus reinos. También lo hizo formar parte, en algunos momentos, de su corte. En la novela Mani aparece también como consejero del rey.

A continuación de Sapor I ocupó el trono su hijo menor ORMUZ I, cuyo reinado solo duró unos meses, entre el 272 y el 273. Poco se sabe de él, pero en la novela el autor fantasea con las posibles circunstancias de su muerte. También protegió a Mani y  su misión.

El siguiente rey sasánida será su hermano, hijo mayor de Sapor, BAHRAM I. Su gobierno también será breve, entre el 273 y el 276.  Dará más poder a los sacerdotes y terminará siendo el ejecutor de Mani, al que sobrevivirá poco tiempo. En fuentes maniqueas se presentan a los magos como instigadores de la muerte de Mani.

En aquel tiempo la religión principal de Persia era el Mazdeísmo o zoroastrismo, por su fundador Zoroastro o su dios principal Aura Mazda (Ormuz). Adoraban al fuego (adoradores del fuego que da chispas, los llaman en las Mil y una noches). Su libro sagrado era el Avesta. Su casta sacerdotal los magos. Creían en la existencia de dos principios, uno bueno (Aura Mazda), y otro malo (Angra Mainyu). Dicho sea de manera esquemática porque las variantes, matices y la existencia de otros dioses o seres intermedios complican un poco (bastante) su teología.

KIRDIR es también un personaje histórico, jefe de los magos, lo que, traducido a nuestra cultura sería sumo sacerdote o sumo pontífice de la religión mazdea.

En las fuentes hay consenso sobre el nombre del padre de Mani. Se llamaba Pattik (en la novela Patig, Pattikios en griego). No así sobre el nombre de la madre a la que se la llama unas veces Maryam (que es el que se adopta en la novela), otras Karossa, Utrakhim … Quizá se desconociera.

Mani vivió en una comunidad bautista-elcasaíta a orillas del Tigris desde los cuatro hasta los veinticuatro años. Se trataba de una comunidad encratita de raíces judeocristianas. El cristianismo que evolucionó fuera del imperio romano, como el de los ebionitas  o el de los seguidores de Elcasai,  nos es bastante desconocido porque aquí parece que fuera del Papa de Roma no hay más cristianos que valgan.

En su vida en esta comunidad, que en la novela se la llama de los Túnicas Blancas, Mani recibió instrucción bajo influencias de las distintas religiones que cohabitaban en la zona: del cristianismo o judeocristianismo, en especial de los evangelios, las cartas de Pablo y las leyendas que se contaban sobre el apóstol Tomás. De los gnósticos, sobre todo de Bardesanes que también predicaba la existencia de dos principios opuestos. Del zoroastrismo, del budismo, del jainismo y otras corrientes hindúes. El rigorismo ascético que se vivía en la comunidad lo siguió practicando Mani a lo largo de su vida, aunque con otro talante, no rechazaba el disfrute de la belleza, especialmente en la pintura.

A lo largo de su vida Mani predicó por todo el imperio Persa, sobre todo por la zona de Mesopotamia. Deb, en la desembocadura del Indo, sería el punto más alejado de su periplo.

Mezcla de todas estas influencias, la teología de Mani es compleja, aunque en la novela importan más sus principios sociales, como la igualdad en dignidad de todos los seres humanos, sin distinción de sexos o de clases, y su pacifismo radical. Lo que parece que no gustó mucho a algunos.

En su recreación dramática Maalouf hace decir a Mani:

La misma chispa divina está en todos nosotros, no pertenece a ninguna raza ni a ninguna casta, no es macho ni hembra; todos debemos alimentarla de belleza y conocimientos y así conseguirá resplandecer; un hombre es grande solo por la Luz que hay en él.

Su ambición era la del más profundo ecumenismo, no tanto una religión sincrética, sino más bien una respetuosa, capaz de hermanar a todas. Esto parece que tampoco gustó en determinados estamentos. Cito otra vez a Maalouf recreando las palabras de Mani:

Los cristianos no escuchan cuando les hablo de las bondades del Nazareno y me reprochan que no hable mal de los judíos ni de Zoroastro. Los magos no me oyen cuando elogio a su profeta; quieren oírme maldecir a Cristo y a Buda. Y es que cuando reúnen al rebaño de los fieles, no lo hacen en torno al amor sino al odio; sólo se sienten solidarios frente a los otros y no se reconocen como hermanos más que en las prohibiciones y los anatemas. Y yo, Mani, pronto seré considerado el enemigo de todos, en lugar del amigo de todos. Mi crimen es querer conciliarlos y lo pagaré, porque se unirán para condenarme. Sin embargo, cuando los hombres se hayan hastiado de los ritos, de los mitos y de las maldiciones, recordarán que un día, en los tiempos en que reinaba el gran Sapor, un humilde mortal hizo resonar un grito en todo el mundo.

¡Qué triste sería que hubiera sido así! Pero, conociendo al género humano como lo conocemos, no me extrañaría nada. Un mundo que vive y ha vivido siempre en “1984” no puede tolerar mensajes como este.

Mani fue ejecutado por orden del rey Bahram I. Parece que sufrió una dolorosa pasión aunque no se sabe exactamente cuál. A veces se habla de crucifixión pero esto parece que no es más que una influencia cristiana, porque Mani y sus seguidores veneraban a Jesús. Lo más probable que es que su martirio fuera muy parecido al que Maalouf relata con emoción pero sin recrearse en detalles escabrosos, algo muy típico de la literatura cristiana de mártires.

A la muerte de Mani su religión se extendía ya por todo el mundo, y fue perseguida de tal manera que terminó por desaparecer de la historia, y a su fundador martirizado y a los innumerables mártires que dieron la vida por su fe, ya no los venera nadie.

Dicen que su influencia puede rastrearse hasta la edad media en los Bogomilos, Paterinos o Cátaros, que también fueron perseguidos y aniquilados.

 

LA NOVELA.

Ya he dicho que los episodios y personajes más significativos que se cuentan en la novela coinciden con los datos históricos que aparecen en el libro de Bermejo. La declarada simpatía del autor hacia el personaje quizá le haga cargar las tintas de forma “maniquea”, más que haciendo bueno al bueno, que, sin duda, lo fue, haciendo a los malos más malos de lo debido, especialmente a Kirdir y a Bahram.

La novela no es muy larga. El ritmo ágil pero sin tensión. A Maalouf le importa, especialmente, destacar la humanidad de Mani, y poner de manifiesto lo inoportuno de un mensaje como el suyo en un mundo en el que prima la codicia y el odio.

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PERSONAJES PRINCIPALES:

  • MANI (215-276).
  • EL GEMELO, o el Doble Celeste de Mani. Mensajero de la Luz.
  • PATTIG, padre de Mani.
  • MIRIAM, madre de Mani.
  • SITTAI, líder de la comunidad de los Túnicas Blancas
  • MALCO, compañero de Mani en la comunidad de los Túnicas Blancas. Después seguidor y compañero.
  • DENAGH, discípula de Mani.
  • SAPOR I, rey de Persia
  • ORMUZ I, hijo de Sapor
  • BAHRAM I, hijo mayor de Sapor.
  • KIRDIR, jefe de los magos, sumo sacerdote.

***

La obra comienza con la conversión de Patig a la fe de los Túnicas Blancas, una comunidad judeocristiana rigorista que practicaba el bautismo como forma de purificación. Estaban instalados en un lugar próximo al Tigris, cerca de Ctesifonte, capital del imperio, muy cerca de la actual Bagdad.

Se muestra la insensibilidad de su líder, Sittai, al que le importaban más las formas y el mantenimiento de la disciplina que cualquier otra cosa. Obliga a Patig a abandonar a su familia y a arrebatar a su hijo de los brazos de su madre al poco de nacer, sin sentir la más mínima piedad por los sentimientos de aquella mujer que no tenía más remedio que obedecer a su marido por más dolor que aquella doble separación le causaran. A Sittai le importaba un pito el sufrimiento de la gente, para él solo importaban el orden y la disciplina.

Mani, con unos cuatro años es llevado a la comunidad, en la que será educado en los principios fundamentales de su religión, quizá el cristianismo elcasaíta. Parece que disponían de una importante biblioteca en la que Mani entró en contacto con la literatura cristiana.

Allí conocerá a Malco, un joven miembro que no se sentirá nunca a gusto entre aquellas gentes y  sufrirá graves castigos por leves vulneraciones de la disciplina. Malco y Mani llegarán a ser buenos amigos.

En su adolescencia Mani recibirá su primera revelación. Una experiencia mística en la que se le aparecerá un personaje divino, al que se referirá como su yo celeste o su Gemelo, y que le anuncia que ha sido elegido para transmitir al mundo un mensaje de salvación.

A la edad de veinticuatro años su Gemelo le indica que ha llegado el momento de ponerse manos a la obra. Con un gesto simbólico, Mani se enfrenta a su comunidad para después abandonarla. Y el gesto no es, ni más ni menos, que presentarse ante sus dirigentes vestido de colores  ―¡todo un proto-hippie!―, lo que fue un mazazo para aquella gente que odiaba el placer de todo tipo.

***

Su primer destino será la capital, Ctesifonte, donde se encontrará con su amigo Malco, que, después de haber abandonado a los Túnicas Blancas, se había instalado como próspero mercader. Allí proclamó por primera vez su mensaje y tuvo sus primeros desencuentros con las autoridades locales. También aquí se reencontrará con su padre, que se convertirá en su primer discípulo.

Su siguiente estación, siguiendo los legendarios pasos del apóstol Tomás, lo llevará, por mar, y acompañado de Malco y Patig,  hasta el valle del Indo, a Deb. Será aquí donde entrará en contacto con las más altas jerarquías del imperio.

Y es que Ormuz, hijo de Sapor, había llegado con sus tropas a las puertas de la ciudad y la amenazaba con el saqueo. Por intercesión de Mani, Deb se libra de aquella terrible experiencia que aterrorizaba a sus habitantes. Debía ser una cosa terrible lo del saqueo, por más que fuera moneda corriente.

En su mediación ante Ormuz se gana su simpatía, al mismo tiempo que tiene su primer roce con Kirdir que lo acompañaba. Para terminar de ganarse a Ormuz, Mani cura a su hija de un accidente que había tenido. En este trance Mani conoce a Denagh, una joven que acompañaba a la hija de Ormuz. Denagh se convertirá en una fiel discípula de Mani, al que seguirá hasta su muerte.

Y, mira tú por dónde, resulta que Bahram, otro hijo de Sapor, andaba enamorado de aquella muchacha. Así que en aquél escenario a las puertas de Deb, primer lugar de la India donde Tomás predicó al Nazareno, Mani se ganará un importante amigo y dos feroces enemigos.

De vuelta a Ctesifonte, Mani es presentado a Sapor. Parece que a este rey Mani le cayó simpático, de todas formas su política religiosa fue muy tolerante y en su imperio vivían sin problemas mazdeos, judíos, cristianos, budistas e hindúes. Entre otras razones porque no se fiaba mucho de los magos y veía peligroso que concentraran mucho poder.

[Habla Sapor] Por un mago que se sacrifica hay cuarenta que solo sueñan con el poder y que no viven más que para conspiraciones e intrigas. Dictan a todo el mundo cómo vestir, comer, beber, toser, eructar, llorar, estornudar, qué fórmula farfullar en cada circunstancia, qué mujer desposar, en qué momento evitarla o abrazarla, y de qué manera. Hacen que grandes y chicos vivan en el terror de la impureza y de la impiedad. Se han apropiado de las mejores tierras de cada región, han amasado riquezas, sus templos rebosan de oro, de esclavos y de grano; cuando el hambre hace estrados, son los únicos que no la sufren. A lo largo de los reinados, han ido acumulando prerrogativas […] Los magos también deciden si un decreto real es conforme a la ley divina, ley que, evidentemente ellos interpretan a su conveniencia.

¿Nos suena?

Mani recibe el apoyo explícito de Sapor y empieza su predicación que le llevará desde Irán hasta Armenia, pasando, claro, por su Mesopotamia querida.

Predicando la igualdad, la desaparición de las clases sociales y de los privilegios de los sacerdotes va a cosechar gran número de enemigos. Un importante incidente tiene lugar en Ecbatana, donde Kirdir y Bahram pondrán en un apuro a Mani, y en el que Denagh mostrará su valor y su fidelidad inquebrantable en una escena muy conmovedora.

***

Por aquel tiempo el Imperio Romano estaba sumido en el caos. Desde los Severos y hasta que llegue Diocleciano y mande parar se vivirá en una constante anarquía militar, lo que, naturalmente, debilitaba su poder. Sapor intenta aprovecharse de ello y arremete contra el occidente. Se apoderará de Armenia, tierra limítrofe siempre disputada, llegará hasta Antioquía y, en una importante batalla, logrará capturar al mismísimo emperador, que en aquellos tiempos era Valeriano (muerto el 260). Roma se había convertido en tributaria de Persia, lo que supuso no poca vergüenza.

Sapor, que estaba que se salía, propuso a Mani que lo acompañara y le garantizó que, con su fuerza militar invencible, le iría abriendo el camino para que pudiera predicar libremente su mensaje. Pero Mani no estaba por la labor. Le pareció estupendo poder extender su mensaje, pero no estaba dispuesto a hacerlo a cualquier precio ni a renunciar a ninguno de sus principios.

Mis palabras no derramarán sangre. Mi mano no bendecirá ninguna espada. Ni los cuchillos de los que ofrecen sacrificios. Ni siquiera el hacha de un leñador.

Y aquí empezó su decadencia. Sapor siguió manteniendo su protección sobre Mani, pero se fueron alejando más y más.

Y como a todos nos llegará la hora de la muerte (salvo a Enoc, a Elías y a la Virgen María), a Sapor, que no tenía privilegio del cielo, le llegó la suya. Y en aquellos tiempos, y también en otros, la sucesión en el poder era siempre un problema. Los magos habían convencido a Artajerjes para controlar ellos mismos la sucesión

[Decían ellos que] según el Avesta, los ángeles del Cielo son los únicos que tienen la facultad de nombrar al futuro rey de reyes, pero, según otro pasaje del Avesta, la elección de los ángeles debe ser comunicada al jefe de los magos, quien se encarga de informar a los hombres.

Vaya, lo de siempre: Hay que obedecer a Dios, pero sus órdenes y mensajes se los confía al clero, ergo, hay que obedecer a los sacerdotes. Lo de siempre y en todas partes.

Sapor, en contra de todo pronóstico, había designado a su hijo menor Ormuz como sucesor al trono, lo que terminó de irritar a Kirdir y a su ambicioso hermano Bahram. Pero los magos tenían todavía una carta que jugar. Se debía comprobar que el aspirante al trono tenía el beneplácito del cielo. Ya podía decir Sapor lo que le diera la gana, que si Aura Mazda decía otra cosa era esta la que iba a misa.

En el momento de la coronación el aspirante debía tomar la bebida sagrada, el haoma, o el soma, sí, sí, ¿a qué nos recuerda? Y Ormuz no pasó la prueba. Murió en el intento. Curiosamente el haoma lo preparaba el sumo sacerdote, Kirdir.

Ahora sí, le llegó el turno a Bahram, que comía en las manos de Kirdir. Este, por su parte, veía amenazado su poder y sus privilegios por el evangelio que predicaba Mani, así que, rápidamente, se procedió contra él. Primero se decretó su destierro, pero Mani no hizo caso, porque así se lo había comunicado su mensajero celeste, y continuó predicando por las tierras de Bahram, aun sabiendo a lo que se exponía. Y, efectivamente, Mani fue hecho prisionero y condenado a muerte.

Sufrió un suplicio atroz consistente en cargarlo de pesadas cadenas y dejarlo allí tirado hasta que muriera. Su tormento duró casi un mes. Expuesto al público, que siempre hay curiosos para todo, unos lo maldecían y otros sentían compasión por él. Los relatos maniqueos de la pasión de Mani se vieron muy influenciados por los de la pasión de Jesús.

Denagh  se mantuvo a su lado hasta el final.

***

Sus seguidores comenzaron a llamarlo Mani el Viviente, Mani-Hayy, y de aquí maniqueo.

Las iglesias maniqueas, que se extendían por los tres imperios más importantes del mundo antiguo de aquel tiempo, fueron perseguidas hasta el exterminio. Los últimos lugares parece que pudieron haber sido en la región de Turfán, en China, donde se mantuvieron activos hasta el siglo XIII. En Europa parece que los Cátaros fueron una variante lejana de aquella religión. Contra ellos el defensor de la ortodoxia, Inocencio III, organizó toda una exitosa cruzada, la cruzada albigense, que terminó por no dejar ni rastro de ellos. Si Decio,  Valeriano, Galerio o Diocleciano hubieran puesto el mismo empeño contra los cristianos la historia hubiera sido otra.

***

En definitiva, una novela amena, entretenida, y, en algunos momentos, hasta emotiva. Nos acerca a un personaje maltratado por la historia que merecería un lugar de honor más relevante. Un buen punto de partida para después adentrarse en los más arduos caminos de la ciencia histórica con el no menos entretenido, aunque menos ligero, libro de Fernando Bermejo. Y no solo el que cité arriba, tiene otro en el que, con la colaboración de José Montserrat ―¡otro fenómeno!― ponen a nuestro alcance una selección de textos maniqueos: “El maniqueísmo. Textos y fuentes”. Ed.  Trotta,  Madrid 2008.

 

 

 

 

 

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