“Cometas en el cielo” – KHALED HOSSEINI

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“Cometas en el cielo”

KHALED HOSSEINI

 

(Editorial Salamandra. Barcelona. 2015)

 

Los habitantes de Afganistán llevan viviendo en una guerra continua, o, mejor, en una sucesión incesante de guerras, desde los años 70. ¡40 años!, sin parar. Los rusos, los talibanes, los Estados Unidos. El gas, el opio, la rapiña, la corrupción. Una persona que tenga ahora 40 años en Afganistán no sabe lo que es la paz, el orden, el derecho.

Afganistán es el escenario principal de esta novela. La acción empieza antes de la invasión rusa, a mediados de los años 70. El país se presenta como un país “normal” quiero decir, en paz, con sus más y sus menos, quizá no muy distinto a lo que podía ser la España de aquellos tiempos, salvando, por supuesto, las tremendas diferencias culturales. Se dice, por ejemplo, con toda naturalidad, que la madre del protagonista era profesora en la universidad de Kabul.

En este ambiente se gesta el drama personal y humano que constituye la trama principal de la novela.

A pesar del desconocimiento que tenemos en occidente (porque no nos lo enseñan en las escuelas y  porque, a menudo, somos víctimas de tópicos que aceptamos sin reflexión y de informaciones tergiversadas por oscuros intereses) de cómo se organizan las sociedades tribales del Asia Central, no es nada difícil entender el marco sociológico en el que se desarrolla el drama. En Afganistán conviven, muchas veces a la gresca, un montón de tribus, etnias, razas o castas ―no es el lugar para andar con precisiones terminológicas― bien diferenciadas entre sí. Dos de ellas son relevantes en esta historia: Los hazara y los pastún.

Los pastún, que profesan la religión islámica suní, tienen a los hazara (musulmanes chiíes) por una raza inferior. Los primeros son los señores, los hazara los criados.

 

PERSONAJES PRINCIPALES

  • AMIR. Protagonista y narrador. En 1976 tenía 13 años. Pastún, hijo de acomodada familia de Kabul.
  • BABA. Padre de Amir
  • ALÍ. Criado de Baba. (Hazara)
  • HASSAN. Hijo de Alí. Amigo entrañable, además de criado, de Amir, a quien adora.
  • SANAUBAR. Madre de Hassan y esposa de Alí, a los que abandonó cuando nació Hassan. Apenas aparece en la novela pero está muy presente.
  • ASSEF. Macarra de Kabul. Algo mayor que Amín.
  • RAHIM KAN. Amigo de la familia de Amín.
  • SORAYA. Esposa de Amín.
  • SOHRAB. Hijo de Hassan.

 

ALGUNOS DATOS DE LA HISTORIA.

No es fácil hacer un esquema sencillo de la historia de Afganistán de finales del siglo XX. Entre las múltiples rivalidades internas y las intervenciones extranjeras resulta que los frentes de batalla son muchos, y que, desde los años 70, no ha habido paz en el país donde se ha instalado el más absoluto caos.

En diciembre de 1979 la URSS invade Afganistán.

Entre 1979 y 1989 el país se ve asolado por guerras, la principal frente a la invasión soviética, y otras entre los propios combatientes afganos.

En 1989 se retiran, por fin, las tropas soviéticas, y después de unos años de luchas internas, se hacen con el poder en gran parte del país los talibanes, la sección más fanática del integrismo islámico.

En diciembre de 2001, y a raíz del atentado de las Torres Gemelas, los EEUU invaden Afganistán. Desde entonces la situación sigue siendo confusa, al menos para un observador distante. Parece que, por debajo de motivaciones ideológicas, se mueven grandes intereses económicos (gas, opio), y el caso es que, por unos y por otros, las gentes de allí no pueden vivir en paz.

***

LA NOVELA.

Baba y su familia pertenecen a la clase acomodada de Kabul. Alí es el fiel y antiguo criado de la familia. Amín y Hassan, sus respectivos hijos, aunque de desigual condición social, ―Hassan (hazara) es criado de Amín (pastún)― son también buenos amigos y comparten juegos y aventuras infantiles. Aunque Amín tiene, a veces, sentimientos contradictorios hacia Hassan, al que se complace en humillar en algunas ocasiones, quizá por celos ya que Baba trataba a Hassan como a un hijo y Amín tiene una complicada relación emocional con su padre, a cuenta de la cual, sin comerlo ni beberlo, paga el pato Hassan. Por su parte, la fidelidad y el amor de Hassan hacia Amín son absolutamente incondicionales.

Baba respeta profundamente a su criado Alí, al que trata con gran condescendencia, como si fuera de la familia, a pesar de ser de ser hazara de casta y criado de clase social.

En una competición de cometas, allá por 1975, juego muy popular en el que eran expertos Amín y Hassan y formaban los dos un equipo ganador, Hassan se ve en una situación comprometida. Por defender los intereses de su amo y amigo frente a unos macarras que lo amenazaban, cuyo cabecilla era Assef, fue terriblemente atacado y violado. A Hassan no le importó sufrir aquella humillación para que Amín pudiera ganar la competición de cometas. “Por ti lo haría mil veces más”, le dice Hassan a su amigo, y estas palabras resonarán en la  conciencia de Amín de manera obsesiva. Por pura cobardía Amín no pudo librar a Hassan del ataque del que fue víctima, lo que le produjo un gran remordimiento con desastrosas consecuencias. Él estuvo presente pero no pudo evitarlo. Ya Hassan, en otra ocasión, había librado a Amín, con su tirachinas, de un ataque parecido.

El incidente produjo en Amín emociones contradictorias, y el remordimiento se manifestó de la peor manera, proyectando el desprecio a sí mismo hacia su amigo y culpabilizando a la víctima, a su fiel amigo y criado, al que se dedicó a humillar en cada ocasión que se le ofrecía, que en el fondo no era más que un ataque a sí mismo, a su cobardía. Las cabezas tienen estas cosas, enfadados con nosotros mismos nos ensañamos con las personas a las que queremos.

La situación de Hassan en la casa se hace tan difícil que su padre, Alí, decide que los dos deben abandonarla, con gran tristeza para todos, incluyendo a Amín a quien su orgullo o su cobardía le impiden cambiar de actitud para que los criados pudieran seguir conviviendo en armonía con los señores. Baba también se siente terriblemente compungido pero respeta la decisión de Alí.

A partir de 1976 empiezan a sucederse problemas políticos y sociales (que ya venían de antes) que culminan con la invasión soviética a finales de la década. La estabilidad, el orden, la alegría, por más que fueran precarios, se desmoronan del todo, y empieza una guerra que aun no tiene fin.

Baba lo pierde todo y con su hijo tiene que abandonar el país en condiciones muy complicadas, huyendo del caos, dejando atrás toda una vida. La huída no es fácil. Después de no pocos padecimientos logran llegar a Pakistán, desde donde consiguen asilo en Estados Unidos.

En América empiezan una nueva vida. Una vida de exiliados. Para Baba es muy duro vivir de la caridad y consigue algunos trabajos precarios para sobrevivir. A Amín le cuesta menos integrarse en su nuevo medio.

Entran en relación con otros refugiados afganos, y entre ellos Amín conoce a Soraya, una joven pastún con la que se casa. Los miembros de las dos familias intentan reproducir en el exilio las tradiciones de su cultura y de su país al que añoran.

Poco a poco el exilio va minando la salud de Baba y no tarda en morir.

Ante Amín, más joven, con mayor capacidad de adaptación, se abre una nueva vida.

Un día recibe una llamada de Pakistán. Es Rahim Khan, el gran amigo de la familia. Está también cerca de la muerte y quiere confiarle antes de morir  un grave secreto en relación con Hassan. Ya en Pakistán Rahim cuenta a Amín lo que había sido el terror de la guerra contra los rusos, las guerras civiles que vinieron después, y el desalmado gobierno talibán. Le dice que encontró a Hassan y que estuvo viviendo con él en la antigua casa de la familia de Amín. Le cuenta cómo Hassan fue ejecutado sin piedad por los talibanes y que había dejado un hijo, Sohrab, que en aquel momento debería de tener unos diez o doce años y estaba en un siniestro orfanato en Kabul. ¿Debía ir Amín a rescatar al hijo de Hassan?

Todavía le quedaba a Rahim una importante revelación que hacer a Amín: Hassan no era hijo de Alí. Era hijo de Baba y Sanaubar. Era su hermano. Y, naturalmente, se desató toda una tormenta de emociones en el ánimo de Amín, especialmente un amargo sentimiento de culpa.

Y allá que va, de vuelta a Kabul, una ciudad inmersa en el horror integrista y fanático de los talibanes. Las imágenes de Afganistán y de Kabul que se describen son terribles. Entre otras lindezas se cuenta la lapidación de una mujer en el intermedio de un partido de fútbol, donde los hombres, que ni siquiera podían gritar ¡gooool! porque estaba prohibido el alboroto y los talibanes estaban por todas partes, como las moscas en una tarde de verano, la contemplan sin emoción.

El orfanato donde se encontraba Sohrab haría que los que describe Dickens en sus novelas parecieran jardines de infancia de la alta sociedad. Y me temo que el autor no se aparte demasiado de la realidad, o incluso, se quede corto.

Si el director quería tener comida para alimentar a los niños, el jefe talibán encargado de su provisión se cobraba en carne fresca y exigía la entrega de varios chavales para su disfrute personal a cambio de los recursos necesarios.

Amín localiza al niño y tiene que ponerse a luchar contra todo un entramado de corrupta y desesperante burocracia.

En la última visita que había hecho el jefe talibán para la provisión de materia prima para sus orgías, había recaído la elección, como no, en Sohrab. Y ¿quién era este jefe talibán? Pues ni más ni menos que un antiguo conocido: Assef, el malvado Assef, que ya apuntaba maneras.

Después de luchar contra la corrupta burocracia, Amín tiene que enfrentarse con Assef, en el que parece que se compendian todas las sombras de su pasado. Con la ayuda del propio Sohrab, que con el tirachinas era tan temible como lo fue su padre, los dos logran escapar.

No todo va a ser camino de rosas a partir de ahora. Hay por delante más despiadada e inhumana burocracia nacional e internacional para poder llevar a la criatura a Estados Unidos, que, por otra parte arrastra tal grado de depresión que está a punto de quitarse la vida.

A pesar de los pesares, de los conflictos tanto internos como externos, de la insensibilidad galopante de burócratas desalmados, la crueldad de las personas y de los elementos, a pesar de todo, la novela acaba con una puerta abierta a la esperanza.

***

Es solo una novela, que en algún momento –para mi gusto– se desliza peligrosamente por los linderos de la ñoñería, y que, quizá, alguna vez los traspase, pero, en general, es una buena novela. Y por muy inventada que sea la historia, el escenario, despiadado y cruel de la guerra, no lo es.

Muchas veces se aprende más de realidades ajenas a la nuestra leyendo una buena novela que viendo las noticias de la tele donde nos ofrecen fríos datos, muchas veces aviesamente tergiversados, entre el narcótico de los deportes y algún desfile de moda.

El autor ha creado la Fundación Khalek Hosseini para la acogida de refugiados afganos:

www.khaledhosseinifoundation.org

Siempre hay quien tira para adelante, por más que muchos se empeñen en tirar hacia atrás.

 

 

 

 

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