“El Automóvil Club de Egipto” – ALAA AL-ASWANY

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“El Automóvil Club de Egipto”

ALAA AL-ASWANY

 

(PRHGE. Barcelona. 2015)

 

“Su libro tiene algo de buena invención: propone algo, y no concluye nada, es menester esperar la segunda parte que promete: quizá con la enmienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.” (Don Quijote I, 6)

 

Este comentario que el licenciado Pero Pérez hace de La Galatea le viene como anillo al dedo al Automóvil Club de Egipto, salvo por el pequeño detalle de que aquí no se promete segunda parte alguna. La historia termina definitivamente, aunque, eso sí, a toda prisa, como si al autor lo estuvieran llamando para cenar y se le enfriara la sopa, dejando muchos temas, muchos personajes, a medio acabar. Pero me precipito, habrá que empezar por el principio, que es prometedor, y ya se llegará al desolador final en su momento.

Lo que de ninguna manera me parece oportuno es, como he leído por ahí, colocar a Al-Aswany al lado de Naguib Mahfuz, si no es para decir que los dos son egipcios. Al menos por ahora. Habrá que ver cómo evoluciona, si lo hace, la producción de Al-Aswany, que realmente podría llegar a ser interesante. La novela empieza bien, con fuerza y llega pronto a un estado de tensión interesante, pero después se mantiene ahí. A la mitad de la novela ya se está pidiendo que haya alguna evolución, alguna novedad, porque parece como si se estuviera arando siempre el mismo surco, una y otra vez. Y se acerca el final y no se resuelve nada, y cada vez se duda más de que pueda terminar dignamente con todas las historias que se han ido entrelazando, y, efectivamente, al final se quedan todas colgadas por querer abarcar mucho.

***

Si ya he apuntado que el final  es un tanto abrupto, al principio, sin embargo, le cuesta arrancar. Primero nos cuenta el autor cómo, teniendo ya acabada la novela, se le presentan en su casa dos de sus personajes, Kamel y Saliha, y le dicen que no están del todo conformes con el resultado final de la obra y le proponen algunos añadidos que ellos mismos escriben. Al autor le sorprende mucho esta visita y es porque, seguramente, no conoce a Unamuno. Si hubiera leído Niebla sabría que estas cosas pasan.

Así la novela queda a tres voces, la del propio autor, ese que lo ve todo y lo sabe todo, y las de dos de los personajes que intercalan cada uno algunos capítulos en primera persona.

La novela, la historia de la familia Abdelaziz, no empieza propiamente tras esta curiosa revelación, sino que primero, en un par de capítulos, se nos cuentan las aventuras y desventuras del Sr. Karl Benz y su esposa Bertha cuando a finales del siglo XIX, en Alemania, inventaron el automóvil, cómo poco a poco este invento se fue extendiendo por todo el mundo, cómo llegó, naturalmente, a Egipto, y cómo se organizó el Real Automóvil Club de Egipto. Que no entiendo yo la razón de colocar aquí la historia de los señores Benz y de la invención del automóvil.

***

UNOS BREVES APUNTES DE HISTORIA MODERNA DE EGIPTO.

  1. Egipto se independiza, formalmente, del protectorado inglés, aunque estos siguen controlando, de hecho, al país y sus riquezas hasta la revolución de 1952.

Faruq (1920-1965), rey de Egipto y Sudán desde 1936 hasta 1952.

  1. Guerra árabe-israelí, ganada por estos últimos y que supuso una de las primeras piedras en el montón de los problemas que se viven actualmente en el oriente próximo. La derrota fue también un duro revés para el prestigio del rey Faruq, ya bastante tocado.
  2. Revolución de Gamal Abdel Nasser y derrocamiento de la monarquía. Se proclama la República Árabe de Egipto. Se intenta una liberación real de la influencia inglesa, entre otras cosas, nacionalizando el canal de Suez.

No sé hasta qué punto esta novela será una novela histórica. Desde luego el rey Faruq es totalmente creíble. Vivió a todo lujo, amasó una fortuna enorme mientras su pueblo vivía en la miseria, nada extraño, por otra parte. La expresión esa de “darse a los siete vicios” referida a él se quedaría muy corta, porque los vicios a los que se daba eran algunos más, setenta veces siete. Cuando fue derrocado se confiscó parte de su fortuna, pero logró salvar una buena parte que tenía a buen recaudo en bancos europeos ―como hacen, seguro, todos los dictadores― y siguió su vida de lujo y desenfreno por Europa: Capri, Roma, Mónaco… En fin, una triste historia, no para él, claro, pero sí para el mundo, y que, además, se repite con frecuencia y de la se podrían poner tantos ejemplos actuales, al menos en la acumulación de riquezas desmesuradas que dejan a los pueblos en la miseria, como, sin ir demasiado lejos, Marruecos, o quizá más cerca todavía…

Faruq murió a los 45 años, en 1965, víctima de sus innumerables excesos (dicen que pesaba al morir 140 kilos).

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PERSONAJES PRINCIPALES:

  • ABDELAZIZ HAMAM. Padre de familia en el Alto Egipto. De buena posición, venido a menos a causa de su buen corazón y su generosidad. Emigra a  El Cairo donde tiene que trabajar duro para sacar adelante a su familia.
  • RUQAYA, su abnegada esposa, que, a la muerte de su marido, tomará las riendas de la familia sin complejos, con decisión y valentía.
  • SAID, KAMEL, SALIHA, MAHMUD, sus cuatro hijos.
  • JAMES WRIGHT. Inglés, director del Automóvil Club de Egipto.
  • MITSY, su rebelde hija.
  • KUU (QASSEM MOHAMED QASSEM), nubio sudanés, bicho repugnante, siervo del rey y déspota señor de todos los demás.
  • HAMID, su brazo ejecutor.
  • FARUQ, rey de Egipto y del Sudán desde 1936 hasta que lo echaron a patadas en 1952 por déspota, vicioso y corrupto.

***

LA ACCIÓN se desarrolla, más o menos, a finales de los años 40 y, quizá, hasta la revolución del 52, y digo “quizá” porque el final de la novela es un poco caótico. Gira alrededor del Automóvil Club de Egipto, un club elitista al estilo de los clubes de la estirada aristocracia masculina londinense. Fundado por europeos que controlan el país y sus riquezas y desprecian a los habitantes locales. Su director es James Wright que piensa de los egipcios que son “un pueblo caótico y holgazán […]. Son sucios, ineptos, ladinos, mentirosos y ladrones”.

La organización del club está a cargo de un ser siniestro y repugnante, Kuu, que controla manu militari a los trabajadores, que sufren, sometidos a un miedo espantoso, humillaciones y castigos físicos constantes, y a quienes exige una perfección en el mantenimiento del club y en la atención a los clientes como si estos fueran seres semidivinos. Y no digo divinos porque divino solo hay uno: el rey, del que el salmista podría decir: “y dios se hizo babosa y habitó entre nosotros”.

El rey es un baboso despreciable y odioso que vive rodeado de un halo de divinidad encarnada, que hace de su capa un sayo y que puede utilizar a las personas para sus intereses particulares sin pudor ni límite de ninguna clase. No tiene más preocupación que satisfacer sus primarios deseos. De ello se encarga Kuu. A cambio él es su enviado humano, la máxima autoridad  por debajo del rey, déspota y terrible. Kuu se ocupa de la política y de las finanzas, y, como el ciego del Lazarillo, se come las uvas de tres en tres. Al rey todo le da lo mismo mientras pueda satisfacer sus deseos. A Kuu le viene de perlas.

La corrupción, mal que asola el mundo, es también protagonista de la novela. Los cuatro jefes de sección del Club, el comedor, el bar, la sala de juegos y la cocina, se encargaban de explotar al máximo a los trabajadores y sacar la mayor tajada posible. Kuu, por su parte, pedía una buena comisión de sus rapiñas. Era una organización auténticamente mafiosa.

Kuu es malo malísimo, más que los hermanos Malasombra y la Bruja Averías juntos, y se le llega a odiar con pasión. Y lo triste es que es posible que no sea solo una figura de ficción y que haya muchos Kuus por el mundo.

Entre los trabajadores se dan algunos conatos de rebeldía, pero no terminan de cuajar debido al terrible miedo que siente la mayoría que les llevan someterse a una postración sumisa y constante. Quizá al final.

Con este personaje que flota desagradablemente por toda la novela contaminándolo todo, casi pasan a un segundo plano los auténticos protagonistas, la familia de Abdelaziz Hamam.

Ya dije que la novela propone mucho. La historia de Kuu, de la tiranía con la que controla el Automóvil Club, una posible rebelión de los trabajadores, la soberbia de los miembros del club, imagen de la explotación de las riquezas del país por parte de los ingleses, y la resistencia del pueblo egipcio, podrían ser motivos suficientes para una apasionante y entretenida novela, pero el autor quiere abarcar tanto que termina por apretar poco.

Los miembros de la familia de Abdelaziz Hamam también dan para una novela ellos solitos, aquí sí, digna de Naguib Mahfuz.

El cabeza de familia, Abdelaziz Hamam es un próspero y respetado habitante de una ciudad en el Alto Nilo. Su bondad y su generosidad, paradójicamente ―o no tan paradójicamente―, lo llevan a la quiebra. Se traslada con su familia al norte, a El Cairo, a buscarse la vida, que no va a ser fácil, y la familia va a sufrir graves humillaciones a causa de su pobreza, a donde los han llevado los altos ideales del padre.

Encuentra trabajo en el Automóvil Club de Egipto. Muchas horas, mucho esfuerzo y poco salario. Celoso de su dignidad es incapaz de humillarse ante Kuu y este, para domesticarlo como debe ser, lo somete a un duro y humillante castigo que Abdelaziz no puede soportar, y herido en su orgullo muere ante el silencio temeroso de sus compañeros.

La mujer se queda sola y lucha por que se le reconozca una pensión del Automóvil Club para poder atender a su familia. Pero al Automóvil Club le importa un pito el sufrimiento de una familia de egipcios zarrapastrosos.

Los cuatro hermanos son también dignos de protagonizar cada uno su propia historia, especialmente Kamel y Saliha, Said y  Mahmud son más secundarios, aunque en manos de Naguib Mahfuz habrían dado, seguro, mucho juego, porque, realmente, los personajes son buenos ―siento ser tan pesado con este autor, pero no puedo evitar que me venga constantemente a la cabeza―.

Said, el mayor, representa la continuidad de las tradiciones y las costumbres egipcias. Se casa, le preocupa por encima de todo su prosperidad económica y rechaza unos ideales de fraternidad o de solidaridad que no dejan de ser los causantes del estado de pobreza al que llegó su familia.

Mahmud es el más primario, un poco corto de entendederas, pero buen chico, y sobre todo fuerte y atlético, lo que le llevará a la cama de mujeres de la alta sociedad que, si bien a causa de la edad avanzada ya no las adornan los encantos de la juventud, tienen, para compensar, la cuenta corriente bien repleta, circunstancia que también da mucho atractivo a las personas. El muchacho tiene poca voluntad, algunos prejuicios morales, pero se deja llevar por uno de sus amigos, recio, fuerte y guapo como él, al que le parece una vida maravillosa aquella. En una de estas una de sus clientas no puede soportar la fogosidad de la juventud y muere entre gritos de placer. O al menos eso es lo que les parece a los dos amigos, que, asustados huyen rápidamente. Pero esta historia, como otras, se queda truncada.

Las almas auténticas de la novela, coautores de ella, como ya dije sus relatos se intercalan entre la narración del  autor, son Saliha y Kamel.

La que peor queda retratada es la hija, Saliha. Una chica lista, capaz de sobreponerse a la adversidad de su situación económica. Que desea estudiar y que tiene capacidad para ello, que no quiere someterse ―o así parece al principio― a unas tradiciones impuestas desde instancias ajenas a ella misma. Parece rebelde y libre. Pero, por manejos e intereses de su hermano Said se le ofrece la posibilidad del matrimonio, y acepta encantada, importándole muy poco el tener que abandonar sus estudios. Sin embargo el matrimonio no sale bien y obtiene el divorcio. Saliha y su historia también se quedan aquí, a medias, sin el necesario desarrollo, y ciertamente su historia es una historia prometedora ―y no voy a nombrar más a N.M.―.

Kamel es un auténtico activista revolucionario. También inteligente y bueno en los estudios, y valiente además. Se introduce en círculos que luchan contra la tiranía de Faruq y contra la opresión británica. Entra a trabajar en el Automóvil Club. Se enamora de la hija de Wright, Mitsy, que no está nada conforme con la actitud arrogante de su padre respecto del pueblo egipcio. Sus actividades clandestinas terminan con él en la cárcel.

“¿Cómo acabaría todo esto? ¿Estaba cerca del final del túnel, o todavía al principio? ¿Podría volver a salir a la calle, o iba a pasarme años en prisión?

Pues víctima de esta represión política se esperaban ahora interrogatorios, torturas, o la salvación milagrosa ayudado por sus compañeros revolucionarios. Pues no, lo siguiente es que, sin salir todavía de la cárcel, se casa con Mitsy. Y ya está.

Queda un capítulo ¿y el odiado Kuu se va a ir de rositas? ¡Ni hablar! En las dos últimas páginas unos desconocidos entran en su despacho, le dan una paliza y lo matan, que es lo que todos deseábamos desde hacía tiempo.

¿Fueron los trabajadores del Automóvil Club los que lincharon a Kuu, que por fin se habían rebelado frente al tirano? ¿O fue que llegó la revolución de 1952 y alguien aprovechó el desconcierto para darse el gusto de una merecida venganza?

Y ya, fin.

***

Lo dicho. Hasta la mitad la novela me parece muy buena, con unos personajes muy bien caracterizados y muy prometedores. Hacia la mitad ya se le pide algo que no termina de llegar, y al final se cumplen las peores expectativas.

 

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Un comentario sobre ““El Automóvil Club de Egipto” – ALAA AL-ASWANY

  1. Casi estoy de acuerdo del todo contigo. Salvo que la novela me resultó muy agradable de leer. Yo diría que la decepción del final no enturbia tanto el placer de la lectura. Pero eso será cosa de cada uno. En todo caso, muchas gracias por tu comentario.

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