“Las golondrinas de Kabul” – YASMINA KHADRA

las-golondrinas-de-kabul

“Las golondrinas de Kabul”

YASMINA KHADRA

 (Alianza editorial. Madrid 2014)

 

Es una novela cortita (menos de 200 páginas), y de una estructura tan sencilla como intensa es su carga emocional. Difícil es decir más con menos recursos. Cuatro protagonistas, dos matrimonios que arrastran sus vidas en un escenario espeluznante: el Kabul de los talibanes a mediados de los años 90, cuando habían pasado ya veinte años de guerras continuas, odios y destrucción, de la ciudad y de las personas, por dentro y por fuera, en sus cuerpos, su salud, y en su espíritu, en los deseos, las aspiraciones, la conciencia, la moral, la esperanza. Las personas han perdido ya su condición de humanos, los unos convertidos en bestias, los otros en sombras.

Los personajes arrastran su existencia por las calles de un Kabul devastado, bajo la atenta mirada de los talibanes que vigilan, fusta en mano, para que nadie se pase lo más mínimo de las normas que impone su religión, o la interpretación fanática que ellos mismos hacen de su religión. Ibn al Arabi, por ejemplo, murciano del siglo XIII, también era musulmán, pero en ningún caso su religión era la misma que la de los talibanes, como tampoco fue el mismo cristianismo el de San Juan de la Cruz que el  del inquisidor Torquemada.

La moral de los talibanes va contra las personas, contra la alegría, contra la vida. Los hombres no pueden gritar en un partido de fútbol, no pueden dejar de ir a la mezquita a escuchar las soflamas de los neuróticos mulás, que muchos quedarían bien retratados con solo quitarles la tilde. Las mujeres no pueden ir solas por la calle. Solas quiero decir sin un hombre a su lado, marido, padre o hermano, y, por supuesto, cubiertas de arriba abajo, de la cabeza a los pies, incluidas las manos en las que debían llevar guantes, todo bajo los abrasadores calores de aquella sartén hirviente que es Kabul en verano (“hacía tanto calor aquel año que los cuervos se suicidaban” cuenta un personaje de la historia).

Los hombres vegetan en los cafés. A las puertas de las mezquitas se reúne todo el desecho humano producido por las continuas guerras. Lisiados variopintos que relatan una y otra vez sus batallitas haciéndolas poco a poco más fantásticas, lo que les sirve de refugio o de huida de su doloroso y sinsentido presente.

Con muy poca retórica el autor nos hace vivir la angustia y la desesperación que se respiran por las polvorientas calles de Kabul.

 

PERSONAJES PRINCIPALES:

  • ATIQ SHAUKAT, carcelero en Kabul.
  • MUSARAT, esposa de Atiq
  • MOHSEN RAMAN, habitante de Kabul, esposo de
  • ZUNAIRA, esposa de Mohsen

***

 

LA HISTORIA comienza, para entrar en ambiente, con una lapidación pública. Atiq es el encargado de la cárcel desde donde se llevan a la mujer que habrá de ser ejecutada. Atiq está tan acostumbrado a estas cosas que ya no le llaman la atención, simplemente es otra más.

Musarat, la mujer de Atiq, de unos cuarenta años, está muy enferma, cerca de la muerte. Ya no le quedan fuerzas para cuidar de la casa y Atiq siente la frustración de no tener la casa atendida. Sus “amigos” le aconsejan que la repudie y que se busque otra más jovencita y saludable que le atienda la casa y otras necesidades que pudiera tener. La desesperación de Atiq le lleva a tener en cuenta esa posibilidad, pero no puede hacerlo. Musarat lo cuidó cuando resultó herido en una batalla y sus compañeros lo abandonaron. Ella le salvó la vida y él se siente ahora responsable de esta mujer desahuciada.

Mohsen y Zunaira se conocieron en la universidad.

“Él era hijo de burgueses; ella, de un notable. Él estudiaba ciencias políticas para intentar hacer carrera en la diplomacia; ella ambicionaba un cargo en la magistratura. Él era un joven sin complicaciones, piadoso sin exageración; ella era una musulmana ilustrada; llevaba vestidos decentes y, a veces, zaragüelles; y pañuelo. Militaba activamente en la liberación de la mujer.”

Muy poquitas pinceladas más necesita el autor para mostrar una realidad muerta, que fue y ya no es, y para establecer un desolador contraste con un presente despiadado.

La que fue rebelde, Zunaira, se muere de desdicha y de impotencia confinada en su casa. Mohsen pierde poco a poco la cabeza. Ambos sienten que esa situación de falta de libertad les ha cambiado irremediablemente, que ya no son los mismos. Lo intentan, pero la realidad se impone y no les permite recuperar su alegría y sus ganas de vivir.

Una discusión. Un accidente. Mohsen se golpea la cabeza y muere. A Zunaira la acusan de homicidio y la condenan a muerte. La llevan a la cárcel de Atiq.

La situación en casa de Atiq no es mejor. Zunaira se siente inútil por no poder atender a su marido y a su casa como es su obligación. Atiq se debate entre la responsabilidad que siente frente a Zunaira y su deseo de una vida mejor.

En la cárcel Zunaira, que todavía conserva la belleza que la adornaba en otros tiempos, permanece descubierta. Atiq la ve y queda prendado. Hay que tener en cuenta que, puesto que las mujeres iban tapadas completamente, los hombres no veían la cara de otras mujeres que no fueran las propias, madres o hermanas. Y Atiq quedó deslumbrado.

Con no poco riesgo intentó mediar ante los jefes talibanes para que la soltaran al haber sido nada más que un accidente, pero las paredes son más receptivas que los talibanes, y, además, estaban preparando un gran festival ante invitados de categoría y necesitaban una buena ejecución.

Atiq, desesperado de encontrar justicia en las autoridades llega a decirle a  Zunaira que escape y le deja la puerta de la prisión abierta. Pero Zunaira no acepta su ofrecimiento. También está hastiada y quiere morir.

Atiq habla con su mujer, le confía sus sentimientos. Y Musarat decide realizar una acción heroica. A las mujeres las llevan a la ejecución desde la cárcel completamente tapadas. Nunca se les ve la cara. Suplantará a Zunaira. De todas formas ella está ya al borde de la muerte. Los talibanes quieren una ejecución y poco les da que sea una persona y otra, solo quieren sangre y la tendrán.

Atiq, naturalmente, se opone, pero, al final, no se puede resistir.

Son escenas extremadamente duras y difíciles de describir porque los personajes se debaten en contradictorias emociones, pero el autor saca adelante la situación con una sencillez que pone la carne de gallina.

Al final Atiq pierde a las dos mujeres y también la razón y, después, la vida.

“Al cerrar los ojos, Atiq suplica a sus antepasados que su sueño sea tan impenetrable como los secretos de la noche”.

***

Una novela dura. Khadra no suele enredarse en retóricas ni en eufemismos. Igual que Goya retrató de manera descarnada los desastres de la guerra, aquí se nos muestra el horror en el que viven seres humanos como nosotros, víctimas de no se sabe ya qué codicias.

 

Anuncios

Un comentario sobre ““Las golondrinas de Kabul” – YASMINA KHADRA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s