Luis Braille: la historia de un genio de singular “relieve” – CARMEN ROIG

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Luis Braille: la historia de un genio de singular “relieve”

CARMEN ROIG

(Ed. ONCE. Madrid 2000)

Esta reseña será más que una simple reseña, será un homenaje a una gran mujer, a quien tuve el privilegio de conocer. Estoy seguro, porque me consta que me tenía un gran aprecio, de que no se molestará si tengo la osadía de incluirme entre sus amigos.

Carmen Roig abandonó este valle de lágrimas el 20 de noviembre pasado en Montevideo, donde había nacido allá por 1940. La conocí cuando trabajaba en el departamento de cultura de la ONCE y vivía en un pequeño apartamento en la calle Mesón de Paredes en Madrid.

Su pasión era la literatura, por activa y por pasiva, esto es, como voraz lectora y como escritora. Su casa estaba llena de libros y papeles por todas partes. Aunque su dedicación principal fue siempre el trabajo para allanar a las personas ciegas, con atención especial a los niños, el acceso al mundo de la cultura, a la escritura y a la lectura. Tuvo un papel relevante en la Fundación Braille del Uruguay, trabajó en la revista Integración que publica la ONCE, y en esta entidad desarrolló una enorme labor para que las personas ciegas o con discapacidad visual pudieran alcanzar cada vez mayores cotas de autonomía, y que lo que, sin duda, es una discapacidad o una limitación, lo fuera lo menos posible.

Carmen era como una madre para todos. Tenía una gran sensibilidad, un inteligente sentido del humor, y, a guerrera y a luchadora, pocas como ella. Dicen que Aragón es tierra de tercos vehementes, pero el río de la Plata no se queda atrás, en sus dos riberas. Carmen defendía sus ideas con una pasión digna de su tierra. Eso sí, con un gran respeto hacia sus rivales y un gran cariño hacia sus amigos. ¡Hay una enorme diferencia entre un terco triste y amargado y un terco amable, risueño y gracioso! Carmen era de estos últimos.

Cuando se jubiló, hace ya bastantes años, se marchó de vuelta al Uruguay, con su familia. Las nuevas tecnologías nos mantuvieron en contacto, pero ya no fue lo mismo.

Descansa en paz.

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LUIS BRAILLE

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Es tremenda la importancia que este personaje ha tenido para que las personas ciegas puedan acceder a ese enorme universo que es el leer y escribir. El método que inventó hace ya doscientos años continúa vigente casi tal y como el propio Braille lo diseñó. Se ha mostrado eficaz para la lectura y escritura, para las matemáticas, para la música. Y hasta para las nuevas tecnologías informáticas ha resultado ser un poderoso instrumento colaborador. Si don Luis levantara la cabeza y viera las LINEASBRAILLE de las que salen puntos y se vuelven a esconder a la velocidad del rayo, ¡que parece cosa de magia!, y que constituyen un instrumento imprescindible para que los ciegos puedan acceder a la informática y a Internet, fuera de las cuales parece que ya no hay mundo.

En cuanto a los idiomas, Braille concibió su sistema para el suyo, el francés, y tuvo que afrontar el hecho de que, para su uso en otros, como el inglés o el castellano, faltaban letras, en concreto faltaban la uve doble y la eñe. Pero la adaptación no supuso ningún problema y hoy se puede escribir en Braille en cualquier idioma del mundo.

Leer el braille con la vista no es demasiado difícil, hacerlo con la yema de los dedos es otro cantar. Yo mismo soy capaz de leer, despacito, un texto sencillo, aunque tenga que pararme cuando llega alguna vocal con tilde o algún signo ortográfico. Lo que no he podido leer han sido las matemáticas, y lo que me resulta un arcano mayúsculo es la música. Pero eso son limitaciones mías, no del braille. Conozco a personas que leen música con los dedos como quien come pipas.

***

LA NOVELA DE CARMEN

Carmen podía ver, no era ciega, pero, trabajando para las personas ciegas, el braille era un instrumento cotidiano en su trabajo. Esta novela es su homenaje a su creador.

Se trata de una novela histórica con todas las de la ley. Así se avisa en una nota al principio en la que la autora aclara que los datos principales de la vida del protagonista son absolutamente históricos, lo que no quita para que ella, de su parte, se haya permitido ciertas licencias literarias en la recreación de los ambientes, los personajes y algunas situaciones, que, en absoluto, empañan la historicidad del personaje o pudieran llevar a una alteración relevante en su imagen. Peligro que se corre especialmente cuando se trata de personajes que puedan generar cierta polémica religiosa o política, pero no es el caso.

La idea principal es la de acercar, tanto en sus aspectos humanos como en su  importante labor, a este personaje que, quizá, no se haya valorado como se debiera, por lo menos fuera de Francia, que ya sabemos que los franceses, para lo suyo, no se quedan cortos. Con el street view de google maps se puede ver su casa natal, su pueblo, ¡tan bien cuidados!, ¡tan limpios! ¡En España ya la habríamos tirado para hacer pisos!

Luis nace el 4 de enero de 1809 en Coupvray, un pequeño pueblo a unos treinta y cinco kilómetros al este de París. Con tres añitos andaba jugando en el taller de su padre con tan mala suerte que se dañó un ojo lo que le provocó, en poco tiempo, una ceguera total.

Los ciegos hasta no hace mucho no tenían más que dos salidas en la vida: o la mendicidad si eran pobres, o la dependencia total de otras personas si eran gentes de posibles. Y digo “hasta no hace mucho” aunque solo en los países occidentales o “primer mundo”. No hay más que viajar al Marruecos actual, cuyo rey tiene una de las mayores fortunas del mundo, para ver que aquel destino sigue hoy presente para muchas personas ciegas que mendigan por los bazares y las plazas golpeando el suelo con sus toscos bastones para hacerse notar y despertar la compasión que ponga en sus manos un dírham.

El destino del pequeño Luis no era nada prometedor. Por lo pronto ya no podría heredar el pequeño taller de artesanía de su padre para ganarse la vida. Le quedaba la dependencia o la mendicidad. Y el caso es que el niño era espabilado. El maestro del pueblo, que le tenía un gran aprecio, propone enviarlo a estudiar a París.

En 1786 un importante personaje de la vida política de París, Valentin Haüy, había creado un colegio-asilo para mitigar un poco la dura vida que arrastraban los ciegos en la ciudad. También había creado un sistema para que los niños ciegos pudieran leer. No era otra cosa sino poner en relieve las letras impresas. Este sistema tenía, obviamente, muchas limitaciones, pues solo era relativamente eficaz en la lectura, pero nada en la escritura. El pequeño Luis se va a dar de bruces muy pronto con este problema.

El colegio de París para niños ciegos debía de ser, sin duda, digno de su tiempo. Sórdido, insalubre y organizado con una disciplina enfermiza. Vienen a la memoria los orfanatos victorianos retratados por Dickens. Luis no se adapta. Quiere que lo saquen de allí. Pero ¿cómo les hace saber a sus padres la situación desesperada en la que se encuentra? Con un iPhone no habría tenido problemas, pero todavía quedaba mucho para que lo inventaran. Entonces, para comunicarse a larga distancia ―¡35 kilometrazos lo separaban de sus padres!―, lo que se hacía era escribir cartas. Pero él no podía escribir. El sistema de Haüy no se lo permitía. Necesitaba la cooperación de terceras personas.

Los obstáculos son una barrera para las personas corrientes, para los genios son un acicate. Luis, o Luisito, porque era muy joven, después de algunas peripecias desesperadas, se esforzó en conseguir la máxima autonomía dentro de sus limitaciones, y para conseguirla era fundamental que pudiera  leer y escribir por su cuenta, sin depender de nadie.

Tan acostumbrados estamos ahora con la lectura y la escritura que no le damos ya ningún valor, y son algo maravilloso, a poco que nos pongamos a pensar en ello.

El camino no era sencillo. Pero Luis se dedicó al estudio y parece que era un alumno muy aplicado. Especialmente le gustaba la música y llegó a ser un estupendo intérprete de órgano.

Por aquel tiempo, un militar, Charles Barbier, había ingeniado un sistema para que sus soldados en campaña pudieran leer mensajes en total oscuridad, sin necesidad de ninguna luz que pudiera delatar su posición al enemigo por las noches. Se basaba en una serie de puntos en relieve que habría que detectar con las yemas de los dedos. La idea sedujo a Luis que, sirviéndose del mismo fundamento, logró formar un sistema mucho más versátil que el de Barbier, y que, hasta hoy, como ya dije, sigue demostrando todo su potencial. Por supuesto, y con toda justicia, a este invento se le llamó Sistema Braille.

La novela recrea el ambiente de aquella parte de Francia a principios del siglo XIX, nos cuenta los desvelos del protagonista para que las ideas que le bullían en la cabeza tuvieran su plasmación real. Nos presenta a un Luis Braille luchador pero humilde, inquieto, a veces tierno, a veces idealista, y siempre con una gran sensibilidad. Muy bien caracterizado en los dos ambientes en los que se desarrolla su vida, el colegio de París y su casa y su familia en el pueblo, allí dedicado en cuerpo y alma a sus trabajos, la música y su sistema para leer y escribir; aquí tierno hijo, hermano y tío. Sin duda que es en este ambiente familiar y hogareño donde Carmen ha puesto más de su cosecha dejando volar su fantasía al retratar a un personaje por la que, se le nota, que siente una gran admiración.

***

Es una novelita ―tiene 237 páginas― muy entrañable. Fácil de leer. Que muestra de una manera bien sencilla todo el genio y toda la humanidad de un gran personaje que, como tantos otros, hizo de sus limitaciones, de sus sufrimientos, de sus carencias un trampolín para el progreso de la humanidad.

Muchas gracias, Carmen. Te recordaremos siempre.

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3 comentarios sobre “Luis Braille: la historia de un genio de singular “relieve” – CARMEN ROIG

  1. Gracias, Víctor. No solo por hablar de la novela de Carmen, sino también y sobre todo por recordarla y traerla al presente. Se nota tu cariño hacia ella en cada frase. Desde luego no la olvidamos ni la olvidaremos. Yo la tengo aquí, muy presente: gracias, querida Carmen.

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