“Amazona en la centella. Una bolsa para afrontar el duelo”. MARÍA JESÚS DE LEÓN

“Amazona en la centella.

Una bolsa para afrontar el duelo”

MARÍA JESÚS DE LEÓN

 (Ediciones El Boletín. El Puerto de Santa María. 2016)

Si Garcilaso inspiró a Salinas, Salinas inspiró a Susi y así se van sucediendo los preciosos y evocadores títulos para grandes libros.

Tengo que decir, con orgullo y, por qué no, también con satisfacción, que conozco personalmente Mª Jesús de León, una gaditana de armas tomar, a la que llamaré en adelante Susi, porque así la llamamos sus amigos. Y me atribuyo este noble título a pesar  de que nuestros caminos en la vida a penas han tenido cruces, sí los suficientes como para que su personalidad haya dejado una huella muy particular en mí.

La conocí precisamente en el centro budista O Sel Ling, un lugar en las Alpujarras granadinas lleno de encanto y que ocupa un papel muy importante en el curso de sus memorias. Porque este libro es, principalmente, un libro de memorias, aunque al principio parezca que va a  ser algo más teórico y filosófico.

Podría parecer que el tema de este trabajo es la muerte, pero no, la muerte es la escusa, el punto de partida. Los protagonistas principales son, en la esfera de lo personal, de lo interior, la resilencia o la capacidad para superar la adversidad; y en el plano social, que nunca se queda de lado, la resistencia y la lucha por hacer de este mundo un mundo mejor para todos.

Este programa se recoge ya en el precioso título que da unidad al libro. Si el título propiamente sugiere el conflicto y la batalla interior, el subtítulo apunta a la praxis  y al compromiso social. La bolsa de la que habla (una idea de John Berger), no es más que un grupo de resistencia frente a las terribles injusticias que se derivan del sistema perverso que domina el mundo. Un grupo cuyo fundamento es la simpatía entre sus miembros, en su acepción más original, sym-pathos, una comunidad en el sentir. Y si se trata de simpatía Susi irá, sin duda, en la cabeza, porque, a pesar de los pesares es, lo que se dice, una mujer alegre. ¡Cuántas personas, con menos motivos, viven inmersas en esa nefasta pasión que es la tristeza!

Susi no esconde, más bien proclama, su activismo político, su ideología marxista y su compromiso social (¡que no sé yo de dónde saca tiempo para tanto, además de escribir y tocar el piano y, claro, su trabajo de profesora!). Nos cuenta cómo, en el camino de su vida, se topó con el budismo y cómo ha influido en su concepción de la vida, del ser humano y de la sociedad; nos muestra unas interesantes tesis actuales que vinculan ambos caminos (marxismo y budismo) y que los autores llaman “budismo comprometido”. Supongo, desde el desconocimiento por mi parte de estas corrientes, y que habrá que explorar, que quizá sea algo parecido, en sus fundamentos, a la teología de la liberación en la que el marxismo se cruza con el cristianismo.

El camino para hablar de todo esto es su propia experiencia, la terrible experiencia por la que  hemos pasado ―o habremos de pasar― todos, de la muerte de un ser querido. Y no hay escapatoria. Los padres de Siddhartha ya intentaron crear para su hijo un mundo libre de la enfermedad, la vejez y la muerte, pero, como ya sabemos, aquello fue un fracaso, aunque tal fracaso supusiera el inicio del camino que llevó al joven príncipe a convertirse en el Buda.

El objetivo de este ―precioso― libro es, precisamente, compartir su experiencia de dolor. Su camino, su proceso, sus etapas.

La causa que motiva una experiencia dolorosa no se elige, nos viene dada. Una vez inmersos en ella hay que intentar sacarle todo el provecho que se pueda. Como en las artes marciales, aprovechar esa fuerza que se proyecta contra nosotros para convertirla en una energía  que trabaje a nuestro favor.

Susi perdió a su marido víctima de una serie de infortunadas circunstancias. Algunas de ellas, y no las menos relevantes, fruto de la negligencia o la desidia de algunas personas, como, al final, determinó la justicia.  Ella nos cuenta toda la historia, sin huir del detalle, tan peligroso en estos temas, pues el  riesgo de caer por el despeñadero de la ñoñería es grande. Susi se mueve por los espacios de la poesía más delicada y no se ven, ni de lejos, esas sombras. Nos cuenta lo de fuera y nos cuenta lo de dentro, sus emociones, sus sentimientos, sus dudas, sus conflictos. Con pasión, con sentimiento, motores que no tienen por qué estar reñidos con calidad literaria, como se demuestra en esta obra.

Por el exterior una desigual batalla contra los molinos, o lo que es lo mismo, contra la burocracia y el corporativismo médico. Eso sí, ¡venció! No sin haber sufrido sinsabores de todas clases, de haber derrochado paciencia a raudales y de haber tenido que gastar no poca energía y no poco dinero en la empresa.

Sin embargo la batalla principal, la más importante, donde se jugaban cosas más valiosas que el dinero, se sostenía en el interior. La desolación, la desesperanza, el desánimo. Como dicen de Jesús camino del calvario, Susi se caía una y otra vez y otras tantas se volvía a levantar. En el diccionario de su vida no está escrita la palabra “rendición”.

Como si de un manual se tratara va pasando por las fases del duelo que han identificado los psicólogos: La negación y la ira, la negociación, la depresión y la aceptación. En cada una su ser se manifiesta de una manera: la mujer esqueleto, aprendiendo a ser bambú, amazona en la centella y la entrada al club de la cicatriz. Cada fase nos la relata en un capítulo cuyos títulos la identifican. Todos llenos de pasión y de encanto.

Y el resultado: “llena de flores por dentro”. Como el oro que gana valor cada vez que pasa por el fuego, así nació una nueva Susi más valiosa, ¡que ya es decir!

***

oseling   En esta parte del mundo que nos ha tocado vivir la muerte se esconde. No se nos permite el duelo. La administración ha regulado de tal manera cómo tenemos que morir y atender a nuestros muertos,  que ha aniquilado esa experiencia tan humana. Al cadáver lo manipulan profesionales, no es la familia quien lo prepara, como se hacía, lavando y vistiendo con todo cuidado y todo cariño el cuerpo del ser querido preparándolo para la sepultura. Se evita el contacto. Se le coloca tras un cristal. Y lo antes que se pueda nos deshacemos de él. Porque la muerte nos perturba, altera nuestra dinámica productiva, y eso no se puede consentir.

Entre paréntesis diré que no hace mucho las leyes españolas  han reconocido a los budistas, en el ámbito de la libertad religiosa, el derecho a velar a sus muertos con arreglo a sus tradiciones y sus creencias, que suponen un tránsito de esta vida a la otra de, al menos, diez días. Desconozco los pormenores aunque no sería difícil rastrearlos.

Un peligro que hay que evitar a toda costa en el duelo es el quedarse enganchado al que se fue. Hay que dejar descansar a los muertos, dejarles seguir su camino, si es que hay alguno por allá, y nosotros seguir el nuestro. Está bien el recuerdo, claro, pero no hacer de ese agujero, de ese vacío que nos ha dejado, el objeto de nuestra vida. La vida continúa, al menos en este lado.

Este libro nos habla de eso. Con una gran sensibilidad. Y no solo de teorías, que también son importantes. Nos relata un camino vivido en primera persona,  un viaje emotivo y conmovedor y también edificante para los que lo leemos, porque es mucho lo que se puede aprender de él.

Muchas gracias, Susi.

***

El libro termina con unos escritos independientes: cartas, relatos, poesías escritos sobre la marcha, impresiones de momentos.

No voy a dejar de mencionar el que se titula “Y las flores crecieron a tu paso”, redactado  algunos años atrás y que yo ya conocía ―y otra vez tengo que manifestar mi orgullo y satisfacción y mi gratitud también―. Si el título, por sí solo ya es una auténtica joya, el contenido es enternecedor. Muy duro tiene que ser uno para que no se le escape una lagrimilla de las fuentes del corazón. Se trata de un diario de viaje. No al Tíbet, ni a la India, ni al País del Preste Juan, ni siquiera a O Sel Ling: ¡a Plasencia nada menos! Y nos preguntamos ¿cómo puede ser emotivo un viaje en autobús a Plasencia? Pues a base de sensibilidad y  buen hacer. ¿No creó Proust un mundo desde una magdalena mojada en la leche, o algo parecido? Es el relato de un viaje interior con la compañía exterior de la lluvia, de las calles de Plasencia, de sus parques, de sus fuentes, de  la encargada del museo, de los dueños del hotel donde se hospedaba, de la noche, de la luna. Un viaje en busca de una identidad que se había quedado perdida cuando su marido murió y un pozo de tinieblas se la tragó. Y para que fuera más fácil y hubiera algo material a lo que agarrarse proyectó esa búsqueda interior en otra exterior: unos yacimientos olvidados de cuarzos rosa que parece que hay por aquellos parajes. No fue fácil su búsqueda, pero sí exitosa.

Tengo que llamar la atención también sobre la portada del libro, que, además de ser preciosa,  tiene su bonita historia detrás y que Susi se encarga de contarnos.

Por decir algo malo, que no me quiero pasar de empalagoso, añadiré que quizá los daltónicos van a tener algún problema para poder leer el título en la portada. Yo mismo, que sin ser daltónico tengo algún problemilla con los colores, no distingo muy bien ese rojo o naranja en el que va impreso el título sobre fondo azul. Y esta es toda mi crítica al libro.

En fin, un precioso libro, lleno de sensibilidad, emotivo, además de muy bien escrito, que no va a dejar indiferente a nadie (a nadie humano, me refiero).

***

El requiem de Fauré es uno de los más bonitos, de los más serenos. No hay estridencias, no hay dies irae, solo calma, aceptación, serenidad, esperanza. https://www.youtube.com/watch?v=tmrQHRnT4Mw

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