“La casa de la mezquita” KADER ABDOLAH

“La casa de la mezquita”

KADER ABDOLAH

 (Ediciones Salamandra. Barcelona 2008)

 

 

la-casa-de-la-mezquita“La casa de la mezquita” es una preciosa historia que cuenta la vida doméstica de una extensa familia iraní desde los años 60 a los 80 del siglo XX. Vida doméstica que se ve, naturalmente, condicionada por los acontecimientos políticos que se viven en el país en esa época.

***

UNOS DATOS DE LA HISTORIA DE IRÁN (para situar la acción en el tiempo).

Sacados de Wikipedia y de el libro de NIKKI R. KEDDIE “El Irán Moderno” (Ed. Belacqva. Barcelona 2007).

  1. El primer ministro Muhammad Mosaddeq, elegido democráticamente, intenta nacionalizar el petróleo que hasta ese momento estaba en manos de los británicos.
  2. Para evitarlo EEUU y Gran Bretaña organizan un golpe de estado (operación Ajax) mediante el que consiguen derrocar a Muhammad Mosaddeq y así seguir monopolizando la producción de petróleo. (¡De aquellas tormentas estos lodos!).

1963-1964. Se convocan en las grandes ciudades del país protestas contra el sah. Jomeini, que ya empezaba a dar caña por aquellos años,  es desterrado a causa de ellas.

21 de julio de 1969. El hombre pisa la Luna (será un día importante en la casa de la mezquita).

  1. Durante años han continuado las protestas populares contra el sah y la injerencia extranjera en el país. El 8 de septiembre se produce una brutal represión de una manifestación en Teherán (viernes negro), lo que hará que se extiendan aún más las protestas y las huelgas.
  2. El sah abandona el país. El ayatolá Jomeini regresa y se proclama la República Islámica de Irán.

1980-1988. Guerra Irak-Irán.

  1. Muere Jomeini.

***

PERSONAJES PRINCIPALES:

  • AGA YAN, fabricante y vendedor de alfombras. Responsable de la casa y del zoco de la ciudad. Fiel guardián de sus tradiciones aunque sin rigideces ni intolerancias.
  • FAQUI SADAT, esposa
  • NOSRAT, hermano de Aga Yan, fotógrafo, alejado de las tradiciones y la religión de su familia.
  • JOLBANÚ y JOLEBÉ, viejas habitantes de la casa, las llaman “la abuelas” aunque no son de la familia, pero llevan viviendo tanto tiempo que son toda una institución. Son unos personajes entrañables que se ocupan, entre otras tareas domésticas, de la atención al imán de la mezquita.
  • AGA SHOYA, muecín de la mezquita, ciego, alfarero.
  • SHABAL, “hombre que posteriormente cuenta la historia de la mezquita”. ¿Imagen del autor? Vive en la casa de la mezquita, es hijo de Muecín y sobrino de Aga Yan. Activista de izquierdas.
  • ALSABERI, imán de la mezquita, muy rígido en la atención a los preceptos rituales de su religión. Solo se deja atender por las abuelas.
  • ZINAT JANUM, esposa. Después de quedar viuda se vuelve una fanática integrista.
  • AHMAD, hijo de Alsaberi y Zinat. Será el sucesor de su padre en el cargo de imán. Joven con una personalidad débil que se deja llevar por los placeres primarios. Las mujeres y el hachís le traerán problemas.
  • SEDIQ, hija de Alsaberi y Zinat. Será la esposa de Jaljal.
  • JALJAL, joven imán que sustituye a Alsaberi a su muerte hasta que Ahmad acabe sus estudios y ocupe el cargo. Activista insurgente, será llamado por el ayatolá Jomeini para ocupar un importante cargo en los años de la constitución de la república islámica una vez derrocado el sah.
  • SAYED MOHAMAD, llamado LAGARTIJA por una deformidad congénita. Hijo de Sediq y Jaljal.
  • KAZEM KAN, hermano de Aga Yan, poeta. Vive retirado en las montañas. Muy querido por todos en la casa.
  • JODSI LA LOCA, entrañable vecina de la ciudad que se entera de todo lo que pasa en ella y luego lo va contando por ahí.
  • AM RAMAZÁN, sirviente de la casa.

***

mezquita5 Una gran casa, adosada a la mezquita principal de la ciudad. Durante siglos ha estado habitada por las mismas familias que han sido las encargadas de la custodia de las tradiciones. Por esta época el responsable es Aga Yan. Un personaje íntegro, cordial, respetuoso, lo que se dice: una buena persona.

Respeta y venera sus tradiciones y costumbres que intenta conservar (en una época convulsa) para las sucesivas generaciones. Lo que no lo hace en absoluto intransigente. Por ejemplo siente un profundo cariño y respeto por su hermano Nosrat, que ha cambiado las antiguas tradiciones por la vida moderna en la que ya no tiene cabida la religión, lo que no es impedimento para que sea muy bien recibido cuando visita la casa, aunque llegue acompañado con una mujer que no lleva velo en la cabeza, lo que produce más curiosidad que rechazo, y que también es bien recibida.

Por más que sus principales intereses sean la conservación de la casa, de la familia y sus costumbres, así como de su oficio de mercader de alfombras, Aga Yan no deja de tener sus ideales políticos, que vive con bastante moderación.

 “Sabes de sobra que estamos en contra del sah y de los americanos que lo devolvieron al poder.”

Aunque representante de una sociedad patriarcal muestra un profundo respeto, además de cariño, por su esposa Fagri, y educa a sus hijas para que alcancen cierto grado de independencia para que pudieran tomar sus propias decisiones vitales, incluida la religión:

“Nasrim y Ensi eran ya mujeres hechas y derechas y no querían quedarse en casa a la espera de un hombre. Fagri Sadat siempre las había protegido. No las obligaba a ir a la mezquita y las había enviado a los mejores colegios de la ciudad. Cuando las dos obtuvieron su diploma de enseñanza secundaria, empezaron estudios de magisterio. Si todo hubiese continuado como antes, ya habrían terminado la carrera y estarían trabajando en la enseñanza. Pero cuando la revolución estalló, todos los colegios y facultades cerraron sus puertas. Y después no pudieron retomar sus estudios.”

Aprecia también a su sobrino Shabal, joven con ideas modernas que lo alejarán también de las tradiciones ancestrales. Alguna vez le tendrá que reprochar, más por obligación moral que por convicción, sus actividades clandestinas en movimientos de izquierdas.

Para mostrar la bondad de esta familia vale con una un detalle de gran ternura: Aga Yan es uno de los mejores artesanos de alfombras de la ciudad, con trabajos y diseños admirados por todos. Nos cuenta la historia que la mujer, Faqui, se dedicaba a cazar pájaros exóticos en la época en las que estos pasaban por la ciudad en sus migraciones. A mí, con esa conciencia que tenemos ahora (algunos) de respeto a los animales, me dio mal rollo que cazaran pájaros, pero mi sorpresa fue grande: los atrapaban para estudiar su plumaje, sus dibujos y sus colores, y sacar de ahí motivos para los diseños de sus alfombras que eran de fama internacional; cuando habían terminado con ellos los mataban, los freían y se los comían. No, es broma,

“les dieron comida y agua, les besaron la cabeza y los pusieron en libertad.”

Otros personajes absolutamente entrañables son las abuelas Jolbanú y Jolebé. Parece que llevaran ahí tanto tiempo como la propia casa. Se cuidaban del orden, de la limpieza, de la cocina. Son el alma de la casa. Encargadas de la higiene del riguroso imán Alsaberi, al que nadie más que ellas podía tocar para guardar su pureza ritual. Amaban a Kazem Kan, hermano de Aga Yan que vivía en las montañas, ya mayor también, poeta y amante de los placeres, otro personaje extraordinario que me recuerda a Omar Jayyan. Las dos abuelas se entregaban a él por turnos cada vez que visitaba la casa.

Las abuelas tenían un secreto, un anhelo oculto que llenaba sus vidas: Hacer la peregrinación a la Meca. Existía la creencia de que si limpiaban los portales de la casa durante veinte años, al amanecer, sin que nadie las viera y sin faltar un solo día, se les aparecería el profeta Gezr y les concedería visitar la Meca. Pasaron los veinte años y no pasó nada. Se dijeron que algo habría fallado, que quizá las hubiera visto alguien y se hubiera roto el hechizo. Decidieron empezar otro periodo de veinte años. Al cabo del cual siguió sin pasar nada. Veinte años, diga lo que diga el bolero, son muchos y ya van cuarenta. Las abuelas pierden la esperanza y con ella el ánimo.

Aga Yan, que ve la depresión de las abuelas, termina por enterarse de su causa y les prepara una auténtica sorpresa.

Poco a poco la tranquila vida de la casa de la mezquita se va a ir alterando a causa de las convulsiones que van a cambiar al país.

***

A la muerte del imán Alsaberi, que fallece víctima de sus propios prejuicios en lo tocante a su purificación ritual, llega a la mezquita un joven imán, Jaljal, ambicioso, rígido, intolerante, que se casa con Sediq, la hija de Alsaberi.

Jaljal empieza a malmeter al pueblo, que vivía más o menos tranquilo, y los llena de soflamas contra el sah, los americanos y las costumbres occidentales que estaban invadiendo las ciudades de Irán, como, por ejemplo, el cine, contra el que organiza un auténtico motín. Jaljal suscita tanto apoyo como rechazo y tiene que marcharse.

Se hará cargo de la mezquita, una vez terminados sus estudios, el hijo de Alsaberi, Ahmad, que será todo lo contrario. No le importan ni la política, ni la religión, ni nada a excepción de las mujeres y el opio, y es que ya lo decía la canción: “viva el opio y las mujeres, que por algo son regalo del señor.” Víctima de sus vicios también tendrá que escapar después de haberse convertido en espía de la policía bajo amenazas de mostrar a sus feligreses unas fotos comprometedoras.

La tensión va a más, y la revolución contra el sah y las potencias extranjeras, que en principio era apoyada por Aga Yan, van tomando un cariz violento, represor e intolerante que no casa con la integridad moral del jefe de la casa de la mezquita. Por defender sus principios terminará perseguido por unos y por otros. ¡Y es lo que tiene la dignidad!

jomeini Llega la revolución. El ayatolá Jomeini se hace con el poder y empieza una brutal represión, lo típico de las revoluciones, y si no que se lo pregunten a Robespierre.

“Cuando Jomeini estaba en París, prometió que sería tolerante con los demás, pero ahora que está en el poder ya no se acuerda.”

***

Y ¿a quién va a nombrar Jomeini como máximo responsable de la represión que se avecina? Pues a Jaljal, que no había dejado de estar activo desde que se marchó de la mezquita. Jaljal se convierte en el Juez de Alá y demuestra ser un auténtico desalmado despiadado y cruel.

“Finalmente, el régimen decidió eliminar todos los movimientos de izquierdas. Jomeini se lo comunicó a Jaljal en primer lugar. ―Extírpalos de raíz. ¡sin misericordia! Barre y destruye a todo aquel que se oponga al islam.”

Y cumplió, ¡vaya si cumplió!

El país entero, la ciudad y la casa se llenan de drama, de muertos, de represión. Las nuevas autoridades apartan a Aga Yan de su mezquita, lo que le supone un tremendo dolor. La casa, llena de luz, de color, de alegría en otros tiempos, se vuelve ahora gris, ahogada. Los pájaros ya no paran allí, las cigüeñas cuyos nidos coronaban los alminares de la mezquita desaparecen, el fiel criado de toda la vida, Am Ramazán, se convierte en delator de la policía política. Zinat, la viuda del imán Alsaberi se entrega al régimen y se convierte en una despiadada ejecutora de los más despreciables terrores.

Aga Yan paga un alto precio por mantenerse fiel a sus principios. Por su parte Shabal mantiene una posición más activa en la lucha, que primero fue contra el sah y ahora es contra los integristas fanáticos. Después de algunas acciones arriesgadas logra escapar y encuentra refugio en Holanda (curiosamente como le pasó al autor).

***

mezquita2 El final de la novela también es de una gran emotividad. Después del terrible drama que ha puesto patas arriba la antiquísima casa de la mezquita, con todo el dolor que ha quedado indeleble en las almas, la vida continúa.

Es una novela que, sin ser muy larga, es riquísima en cuanto a matices. Está llena de pequeños detalles emotivos, muy lejos siempre de la sensiblería y la ñoñería, ¡tan peligrosas! Un montón de pequeñas historias se superponen a la principal, cada personaje, por muy secundario que sea, trae la suya, y todos están muy bien retratados: Las abuelas, sobre las que ya me he entretenido;

Alsaberi, el imán, es todo un curioso personaje que vive en un mundo para él solo;

Sediq, su hija, abnegada y que tuvo mala suerte de emparentar con esa alimaña de Jaljal que, llegado el momento no tuvo misericordia ni de su propia familia;

Ahmad, el hijo de Alsaberi, un muchacho débil, sin personalidad, que, después de estar completamente hundido, se rehabilita gracias a otro curioso personaje: Hushan Kan, viejo amigo de Aga Yan que vive en las montañas en una especie de refugio paradisíaco que ha logrado construirse;

Muecín, el ciego alfarero, padre de Shabal, sabio, astuto, sagaz y de buen corazón al que la revolución arruinó su negocio de alfarería;

Lagartija, el hijo minusválido de Sediq y Jaljal, con una deformidad en la columna que se mueve por la casa con una agilidad como si fuera una auténtica lagartija, y cuyo retraso mental no le hace menos espabilado;

Jodsi la loca, que se mueve por todos los rincones de la ciudad, entra y sale de las casas cómo y cuándo quiere, se entera de todo y luego lo suelta donde le parece, a veces en clave de enigma que hay que descifrar;

Nosrat, el hermano cosmopolita de Aga Yan, sin religión, sin ideales políticos, al que sus ambiciones profesionales en el campo de la fotografía y la imagen le llevarán a ser el fotógrafo de cámara del propio Jomeini, y que, por querer llegar a la perfección, terminará metiendo la pata, lo que le costará caro.

***

Una preciosa y bien trabada novela llena de personajes bien caracterizados, donde se puede encontrar, como en la vida misma, desde la más alta nobleza de espíritu y fidelidad a unos principios y unos valores, hasta la más baja miseria y crueldad humanas que llenan de dolor este pobre mundo que, a pesar de ellos, continúa vivo.

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