“El halcón errante” JAMIL AHMAD

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“El halcón errante”

JAMIL AHMAD

 (Alianza editorial. Madrid 2015)

 

La historia de este pequeño libro de relatos (208 páginas) es curiosa. Su autor, pakistaní, trabajó muchos años (desde mediados del siglo XX) como funcionario de su gobierno en zonas limítrofes cerca de Afganistán, y durante ese tiempo fue escribiendo historias que le inspiraban aquellas tierras y sus gentes, pero sin ambiciones, como quien escribe para sí mismo. Cuando ya había pasado de los setenta años, su mujer, alemana, le sugirió que presentara sus escritos a un concurso literario que se celebraba por entonces (2010). Lo hizo, y desde allí a mi mesita de noche no hubo más que un paso. Jamil Ahmad no es lo que se entiende por un escritor, pero su trabajo es una autentica delicia y un extraordinario viaje por aquellos mundos tan desconocidos para nosotros.

Es alucinante cómo un libro tan pequeño te puede embarcar en un viaje tan apasionante.

No se trata propiamente de una novela, sino de un conjunto de relatos en los que los verdaderos protagonistas son los pueblos que por allí se mueven, con sus viejas y rígidas tradiciones y códigos de honor y de justicia heredados de sus antepasados desde no se sabe qué tiempos, y trata de los problemas que tuvieron que afrontar a causa, entre otras cosas, de la delimitación territorial de los estados-nación surgidos después de la descolonización y de los intereses de británicos y rusos principalmente.

Beluchistán es una tierra fronteriza dividida entre los actuales Irán, Pakistán y Afganistán.

El protagonista nominal, Tor Baz, bien podría ser un protagonista testimonial, simbólico, que no pertenece a ninguna tribu en especial, que no tiene cuna, pero que pertenece a todas y por todas se nueve. Si nos pusiéramos estupendos podríamos decir que es el alma del Beluchistán, no es relevante para ninguna de las historias y sin embargo está siempre presente por algún sitio. Nace en la primera de las historias y su aparición marginal en las sucesivas va marcando el paso del tiempo conforme avanza en edad.

***

1.- Tor Baz nace en la primera de las historias, aunque no se le dará nombre hasta más tarde. Calculando diría que lo podríamos situar alrededor de la mitad de la década de los 60.

Es esta una historia que trata de la presión social que se vive en grupos pequeños y cerrados, de las monolíticas tradiciones que impiden el desarrollo de la individualidad, lo que quizá, por otra parte, sea garantía para la supervivencia del grupo.

Un pastor de camellos se enamora de la mujer de su amo. La mujer fue casada con él sin tener para nada en cuenta sus sentimientos. Algo nada extraño en aquellas culturas ni en muchas otras. El matrimonio no fue una cosa de sentimientos y amor hasta épocas muy recientes. Siempre fue un negocio familiar. (Stephanie Coontz. “Historia del Matrimonio. Cómo el amor conquistó el matrimonio”. Ed. Gedisa. Barcelona. 2006).

La mujer y el camellero se fugan y se esconden en una tierra inhóspita y abandonada de la mano de Alá donde no hay más que una guarnición de soldados que guardan las fronteras y que, por imperativo legal, no pueden darles protección, sin embargo, extraoficialmente les ayudan para que puedan hacer de unas ruinas que había por allí, un hogar, con un niño que nace al poco de instalarse. Lo consiguen durante cinco años, hasta que son localizados por los familiares de la mujer, especialmente el padre y el esposo legal.

Tienen que volver a huir. Una persecución y llega la hora de la venganza. Los amantes mueren, pero el niño se salva por intercesión del que no dejaba de ser su abuelo biológico. Cosas de la sangre, dicen. Sin embargo el niño, de unos cinco años, es abandonado en el desierto, al lado de las tumbas de sus padres.

***

linea-druand3   2.- En la segunda historia un grupo de nómadas enfrentados con el gobierno encuentra al niño y lo llevan consigo, momento en el que pasa a un segundo plano y se abre la auténtica razón de este cuento: La arrogancia, la falta de principios, la soberbia con las que las fuerzas gubernamentales abruman y desprecian la buena fe y el honor de los que no aceptan su autoridad. Otra historia universal, el fuerte que abusa del débil. El grupo de guerrilleros es llevado con engaños y falsas promesas de seguridad a la ciudad donde los humillan, los someten a una parodia de juicio y los ejecutan.

Tor Baz, que también estaba acusado, se salva al final.

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3.- El tema de este tercer relato es un problema que parece haber pasado desapercibido para la historia, del que apenas he oído hablar, diría que se ha silenciado, y que ha supuesto el sufrimiento, la angustia y la muerte de muchísimas personas, así como el fin de muchas culturas, tradiciones y formas de vida. Es el de los pueblos nómadas en un mundo que ha dibujado rígidas fronteras a lo largo y ancho del globo.

La obsesión por las fronteras no llegó a las estepas, los desiertos y las montañas de Asia Central sino mucho después de que en Europa nacieran, al filo de la Edad Moderna, las naciones-estado en los que la autoridad o gobierno extendían su jurisdicción y su poder a todo un territorio y a todas las personas que en él se encontraban, por lo tenía que estar bien delimitado. Se acabó por completo con lo que en derecho romano se llamaba derecho personal que implicaba que a cada persona se le aplicaban las leyes de su propio pueblo estuvieran donde estuviesen. La ley romana, por ejemplo, solo se aplicaba a los ciudadanos romanos.

En el altar de las fronteras hubo una víctima propiciatoria: los pueblos nómadas, desde los pastores de renos de la Laponia a los de cabras, ovejas o camellos por todo el mundo. Un pueblo que llevara generaciones y generaciones yendo y viniendo de un lugar a otro buscando pastos, aguas y refugios para sus animales, de repente un día se encuentran con que no pueden continuar adelante. Soldados armados impiden el paso. Dicen que allí hay una frontera, que a este lado hay un gobierno, una autoridad, invisibles, que no se sabe dónde están ni de dónde les viene el poder y que prohíben el paso.

No poder acceder a las zonas de pasto y agua supuso la pérdida de identidad o el exterminio de estos pueblos.

Por el Beluchistán, una región ciertamente hostil, se movían libremente de acá para allá numerosas tribus, familias y rebaños que se habían adaptado a aquellas poco acogedoras tierras. Un día estas tribus se encontraron con un accidente que no era una montaña, un río o un desierto. Era un fenómeno nuevo del que no habían oído hablar. Acostumbrados a luchar contra una naturaleza hostil, no pudieron, sin embargo, con esta nueva barrera: la frontera, que no es más que una pura convención humana. Unos gobiernos, invocando una legitimidad que defendían con el poder de las armas, dibujaron unas rayas sobre un mapa y dijeron: aquí Irán, allí Afganistán, aquí Pakistán, y nadie puede atravesar estas rayas sin permiso de la autoridad.

Los nómadas blandían sus derechos ancestrales, los nuevos gobiernos sofisticadas armas. Era una lucha desigual y, como de ordinario, perdió el más débil, no el que menos razón tenía.

― Es cierto, Karim Kan, el gobierno ha decidido que no haya movimientos entre los países sin documentos de viaje. Y eso os afecta directamente. […]

― ¿Cómo es posible decir que pertenecemos a Afganistán? Pasamos unos meses allí y unos meses en Pakistán. El resto del tiempo nos desplazamos. Somos powindah. Pertenecemos a todos los países, o a ninguno ―añadió, meditabundo.

― Ya se recurrió a ese argumento, y no se tuvo en cuenta ―comentó el oficial.

― ¿Qué pasará con nuestros rebaños? Nuestros animales se desplazan para sobrevivir. Impedirlo sería condenarlos a una muerte segura. Nuestra forma de vida no hace daño a nadie.”

¿Le importará algo estas situaciones a los gerifaltes que hacen las leyes en los lujosos palacios ministeriales de los gobiernos del mundo?

― No podéis pasar ―dijeron los soldados―. Tenemos órdenes.”

Aquellas gentes no podían creer lo que les pasaba, y tampoco creían que fuera posible que las amenazas se cumplieran. Una mujer aparejó veinte camellos, y Corán en alto, como escudo protector, avanzó por el camino. Era una cuestión de vida o muerte. Si no daba de beber a sus animales morirían. Y, efectivamente, fue una cuestión de muerte. Los soldados abrieron fuego. El santo Corán no fue capaz de salvar a aquella valiente mujer.

No pudieron pasar. Los animales murieron, y, quizá, también aquel pueblo.

El niño fue acogido por unos soldados, y cuando estos ya no pudieron hacerse cargo de él se fue de peregrinación con un mulá itinerante. Tendía unos siete años.

***

4.- Llega, por fin, el momento de darle nombre al niño, ¡que ya está bien!

En una aldea desaparece un niño. Aparece muerto y acusan al mulá de haberlo matado. Allí mismo lo linchan, porque, ya se sabe que entre moros no hay traslado a la parte, ni a prueba ni estese, como entre nosotros. La familia del niño muerto se hace cargo del otro niño que iba con el mulá, y le dan el nombre del niño muerto: Tor Baz, el halcón negro.

Aquí se cuenta la historia del mulá Barrerai, predicador itinerante, representante de bailarinas, líder de rebeldes contra los británicos en la segunda guerra mundial, ¿bandido, ladrón, proxeneta, o un hombre astuto lleno de amor a la humanidad? Con él nada es lo que parece. Una historia llena de ancestral sabiduría oriental.

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5.- Waziristán. Dos tribus rivales. Mientras los hombres se entretienen en la noble labor de reñir unos con otros reparando agravios que ya nadie recuerda o ejecutando venganzas cuya razón de ser se perdió en la noche de los tiempos, las mujeres se ocupan de labrar la tierra y traer agua del río. ¡Las mujeres siempre ocupándose de tareas sin importancia!

La vida en las montañas es dura, en invierno mucho más. Para sobrevivir se organizan asaltos, secuestros, robos. Todo vale y parece muy institucionalizado.

Tor Baz aparece aquí como informador del jefe del distrito.

La relación del gobierno con las tribus en cuanto a la aplicación de las leyes en sus territorios no es fácil. Los roces, las compensaciones económicas, los rifirrafes continuos parece que han llegado a un punto de equilibrio.

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6.- El hijo de un emigrante nacido en Alemania vuelve a la tierra de sus antepasados. Tor Baz será uno de sus guías.

“― Para mí hay pocas cosas importantes, e ir en busca del pasado carece de mucha trascendencia.”

Le dirá un día al viajero.

Después de un viaje muy duro para unos pies nacidos en Europa, encuentra a gente que conoció a su padre y escucha historias que cuentan los viejos de tiempos pasados, las guerras mundiales, la rivalidad entre tribus, las relaciones con los británicos y las mil y una estrategias que tenían que inventar para sobrevivir.

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7.- Sher Beg es un montañero que tuvo su momento de gloria cuando se coronó la cima del Tirich Mir (7.690 metros) en 1950. Desde entonces fue de capa caída.

Los habitantes de las montañas bajan a las llanuras en invierno. Tienen que atravesar pasos a más de 3.000 metros. Las condiciones son muy duras. Pero su estancia en las tierras bajas será más dura todavía. Las gentes de por allí los desprecian y tienen que realizar, para sobrevivir, las tareas más bajas. Parece que siempre es más difícil bregar frente a los problemas causados por nuestros congéneres que frente a aquellos con los que nos encontramos en la naturaleza, que no son pocos ni pequeños.

***

8.- Un mulá pobre en una pobre aldea. Tiene ocho hijas. Consigue casar a la mayor con un domador de osos.

Los tres, esposo, esposa y oso, vagan por esos pueblos de dios buscando el sustento. El hombre trata mejor al oso que a la mujer, “―puedo conseguir a otra esposa, pero no otro oso”. La mujer termina por abandonar a su marido y vuelve con su familia. Pero allí será un problema. Si el marido vuelve a reclamarla se tendrá que ir con él o la familia deberá devolver el precio que se pagó por ella, que ya hace mucho que fue gastado.

La mujer abandona a su familia. Para una mujer viajar sola no es algo muy recomendable. Pero tiene suerte. Se encuentra con un hombre que lleva a otra mujer, familia suya, dice, a una especie de mercado donde se compran y venden mujeres, algo así como un mercado de segunda mano, bien para trabajar en el servicio doméstico, o en un burdel, o bien, por qué no, para el matrimonio. El hombre acepta que la huida vaya con ellos a ver si tiene suerte.

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9.- Por esos caminos desérticos y abrasadores iban los tres, las mujeres “enfundadas en polvorientos velos integrales, que, a modo de mortaja, servían para ocultar el cuerpo y el rostro de la mujer.”

Llegan a una aldea donde los jueves se organiza el mercado de mujeres.

La mujer del domador de osos, la hija del mulá, estuvo a punto de ser comprada por unos proxenetas, pero intervino un joven ―Tor Baz― que la solicitó, según dijo, para matrimonio. O tal vez no.

   “En uno de los senderos, Tor Baz caminaba, seguido por Shah Zarina […]. Sonreía, como solía hacer la mayor parte del tiempo. Mientras que normalmente sonreía sin ninguna razón en particular, esta vez lo hacía recordando a Afzal kan. «Me parece poco menos que increíble ―pensó― que Afzal Kan creyera de verdad que voy a casarme con esta muchacha, ¡mira que un veterano como él haya caído en la trampa más antigua del gremio! Sin duda se está haciendo viejo. Increíble, desde luego… Aunque bien mirado ―pensó luego, recordando al mulá de larga barba de sus pesadillas infantiles, que le había hablado de los velos que median entre el hombre y Dios―, podría sentar la cabeza con ella. ¿Quién, aparte de Dios, sabe lo que el futuro ha dispuesto para mí y para esta tierra?»”.

***

Lo dicho. Un maravilloso viaje por unas tierras lejanas, inhóspitas, desconocidas, que no logran, después de dos guerras mundiales y de esa cosa ostentosa, pretenciosa, inoperante y corrupta que llaman ONU, vivir una vida en paz.

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